jueves, 4 de diciembre de 2008

Carta a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:

Se me echaba la fecha encima y no escribía. Estamos ya casi a un mes de vuestra visita, pero teniendo en cuenta cómo anda Correos desde que mi abuelo dejó la oficina, más vale mandar las cartas con tiempo.

Este año he intentado, como siempre, ser bueno y considerado, aunque también como siempre, habrán sido más los intentos que los logros en este sentido. No obstante, digo yo que sí dará para algún caprichillo...

El caso es que me pongo a pensar y a pensar, y no acabo de encontrar nada que me haga tanta ilusión como para pedíroslo en esta carta. Y eso que le he echado un vistazo al catálogo del Toys’r’Us y todo. ¿Será que eso de cumplir los treinta me ha jugado una mala pasada?

Vosotros, que lo veis todo por un agujerito, ya sabéis cómo me gustan a mí eso de los aniversarios y las fechas redondas, así que igual se trata de eso, de que al cumplir los treinta me he puesto tontorrón, y las cosas que me gustaría pediros... Pues qué se yo, que me parece que van a ser difíciles de conseguir. Sí, ya sé que vosotros sois especialistas en dar con regalos complicados, ¡pues menudo entrenamiento habéis tenido conmigo! Pero no, no es eso. Lo que quiero decir es que, actualmente, no quiero ningún libro nuevo, ningún jersey bonito, ningún iPod o cacharro similar.

Lo que de verdad me gustaría es levantarme la mañana del día seis y encontrarme con el barco pirata de los Clicks, o su fuerte del Séptimo de Caballería, o los Airgamboys vestidos de romanos; con aquella nave espacial blanca de La Guerra de las Galaxias -que años después aprendería a llamar X-winds- que tanto le gustaba a mi padre; con aquel monopatín pequeño último modelo o los walkie-talkies de orejeras; con la pistola transformable y la gorra de V y aquel Geyperman barbudo con diversos uniformes.

Cómo me gustaría volver a meterme en mi bata y, mientras mi madre prepara el desayuno y mi padre me monta los coches y las naves y les pone sus pegatinas, probar con mi hermano un nuevo juego del Commodore 64 o alinear todos los G.I.Joes nuevos y sus flamantes vehículos.

Y es que unos Reyes así sin mi hermano, sin los cuchicheos nocturnos y los nervios al romper el alba, no serían Reyes. Esta vez, además, prometo que no intentaría convencerlo para que os pidiese juguetes para los que yo era “demasiado mayor”. El pobre al final los pedía. Y el que jugaba con ellos era yo.

Pero bueno, volviendo con mi regalo para este año, para hacer las cosas bien hechas, la noche antes tendríamos que haber recogido ya algunos regalos. ¡Hombre, claro! Si no, no es como tiene que ser. Porque vosotros siempre habéis sabido ajustar bien vuestra agenda. Y así, justo después de ver pasar vuestra cabalgata por la Puerta de la Carne, al volver a casa de la tita Loli, ¡caracoles!, algún paje escurridizo ya se había colado y nos había dejado los primeros regalos sobre la mesa de la salita. Además, con un poco de suerte, la abuela Rosario volvería a sentarme en sus rodillas para que el primo Rafalín me encasquetase bien las puñetas y la boina de la banda de música, para dejarme jugar luego con la corneta.

Pero no me enrollo, que quedan cosas (oye, yo por pedir, pido).

Pasada la cabalgata y recogidos los regalos, me gustaría volver a casa de los abuelos Rosario y Manuel. No sé por qué teníamos que irnos mi hermano y yo con el abuelo y con papá a tomar antes una Fanta al bar de al lado, con las ganas que teníamos de ver si ya habíais pasado por allí también.

Queridos Reyes, ¿sabéis que hay gente que no se explicaba cómo pasabais por esas dos casas el día cinco por la tarde? Mira éste. “Oye -les decía yo-, que son muchos niños y muchas casas para hacerlo en una sola noche. Los pobres adelantan lo que pueden”. ¿A que sí?

Bueno, el caso es que, tomada la Fanta, saldríamos disparados para la casa, y allí estarían mi madre y mi abuela con las manos en la cabeza de asombro, por lo que se habrían encontrado. Ríete tú de la cueva de Alí Babá. Imaginaos un salón con dos espejos bien grandes, iluminado como una sala de baile, y una mesa en el centro a rebosar de regalos y chucherías... Y la locura allí eran los disfraces. No sé si prefiero el del Zorro -que mi abuelo me decía que era el de La Máscara Negra, que fue una serie muy bonita que hizo Sancho Gracia y que era El Zorro a la española-, el de cazador o el de Superman. O aquel rifle desmontable que lanzaba flechas y que hubiera sido la delicia del mismísimo Q, el armero de 007. ¡O el Cine Exin!

Y muchos regalos más, pero no para nosotros, sino para el tito Moli y la tira Rosario, y para los primos, Manolo, Rocío, Rafa y Chari. Tal vez el fin de semana siguiente nos iríamos a echar el día a Fuentes o a Lora para llevárselos y comer con ellos.

¿Puedo pedir más? Vale.

Porque a la mañana del seis, me gustaría ir a almorzar a casa de los otros abuelos, Nati y Ángel, y si está la tita Angelita, tanto mejor. Y ya si están los primos -Javi, Alberto y Eduardo- y la tita Rafi, sería el no va más. Y si además... bueno, eso, lo que vosotros sabéis. Menudas se organizaban allí con todos metidos. Me comprometería a ir a montar otra vez aquel árbol de Navidad, y ayudar con el belén dentro de la pecera de bola, que tan chulo les quedaba a la abuela y a mi hermano.

¡Jo! Y allí, sobre el sofá, me gustaría encontrar otra vez todos aquellos libros con los que me divertí, soñé y aprendí tanto. Y las películas de la Guerra de las Galaxias en VHS, y las de Alfred Hitchcock...

Majestades, ¿puedo pedir todas estas cosas? Sí, ya sé que contra el vicio de pedir está la virtud de no dar, pero yo las pido, por si acaso. Aunque bien pensado, actualmente tengo también unos días cinco y seis de enero maravillosos, también junto a familiares y seres queridos. Algunos ya no están, pero también han llegado otros adorables, una nueva y gran familia que ya siento como mía. Y otra, más pequeñita, que es la que Marta y yo hemos montado.

Como también dice mi madre, son nuevas etapas en las que se van descubriendo nuevos encantos. Así que, en realidad, creo que lo que os quiero pedir es que me ayudéis a conservar por siempre todos aquellos días de Reyes. Que nunca me olvide de aquellas sensaciones, de aquellas ilusiones, de aquellas sonrisas.

Tal vez haya quien piense que un recuerdo no es un regalo. Ése no tiene mis recuerdos.

Tal vez haya quien piense que los Reyes no existen. Ése no ha tenido mis Reyes.

Muchas gracias.

Con todo el cariño.

Javi

12 comentarios:

Violeta dijo...

Has conseguido emocionarme con tu carta a los reyes magos. He vuelto a sonreir con nuestra ilusión de niños ante tamaño evento. Recordar esos momentos, esos años, esas personas que ya no están a nuestro lado.
Tu carta en sí, es un regalo para nosotros.
Gracias por compartirla!!

Teo Palacios dijo...

Dios, Javi... los pelos como escarpias. Un abrazo tío, que cuando quieres, emocionas al más pintao.

Mr. X dijo...

¡Joder! que razón tenéis los dos.

Me ha emocionado muchísimo tu carta, es más, me he sentido tan identificado al leerla que me alegro de que seas tú precisamente quien haya puesto en palabras algo que yo no habría sabido expresar mejor.

¡Gracias!

Javier Márquez Sánchez dijo...

Gracias amigos. Conoceros ha sido sin duda el regalo más precisado que he tenido este año...

Javier Márquez Sánchez dijo...

Quise decir "preciados amigos..."

José Angel Muriel dijo...

Vaya carta. Algo te traerán. :D

Nuevo cambio de imagen en tu blog, según veo.

Clara dijo...

Querido Javier:
Por favoooor. Quiero que vuelvan esos días en los que yo, la primera de la cola, con mis ocho hermanos tras de mí, esperábamos ansiosos, a entrar en el salón, cuya puerta estaba cerrada, para ver nuestros regalos que los Reyes Magos nos habían dejado. Eso sí, tanto los reyes, como los camellos, daban cuenta del champán, los polvorones, y el agua que les dejábamos. Tendrían que estar tan cansados por repartir en tan poco tiempo, tantos regalos, por todo el mundo.
Los 9 hermanos, en albornoz y pijama, empujándonos los unos a los otros para adelantar el momento de entrar al mundo de la fantasía, donde encontrábamos nuestros montones de sugus, que acompañaban a ese disco de Nikka Costa, o las mesitas, sillitas, y el juego de café, montado perfectamente, para acompañar a mis barriguitas en la merienda.
Ay de esos momentos de emoción y dulzura, cuando íbamos corriendo a la cama de los padres, a darles la gran noticia de que habían llegado los Reyes Magos a casa.
Mis papás, soñolentos, manifestaban su admiración y alegría, con las pocas ganas del cansancio pero con las muchas de dar la ilusión a esos hijos que tanto aman.
Pero a mí y a mis hermanos los Reyes Magos nos dejaban una carta, diciéndonos lo alegres que estaban por habernos portado tan bien, y deseándonos que, en el año que nos quedaba para volver a visitarnos, nos portáramos aún mejor. A mí me la firmaba Baltasar... siempre tuvo debilidad por mí, y yo por él.
Qué día tan maravilloso se pasaba, con la comida con todos juntos, y toda la tarde para jugar con los regalos.
Después llegaba la noche, cuanto teníamos un encontronazo de sentimientos: la alegría del día pasado y la seudo-tristeza de volver al cole al día siguiente. Digo seudo, porque no era al completo, ya que también estabas contenta de contarle a tus amigas del colegio todo lo que te habían traído los Reyes Magos.
Llevar el cubo de Rubick a clase, para que después, la seño te lo quitara por haberlo enseñando durante la clase de naturales...
Quiero que vuelvan los Reyes Magos de esta manera.
Queridos Reyes Magos: me auno a la idea de Javi. Venid a traernos ilusiones y a devolvernos esa infancia, que en el fondo, nunca se fue de nosotros.
Gracias a los tres, por tantos años de ilusión... y los que quedarán, si Dios quiere.
Besos

Capitán Nadie dijo...

No se si te lo regalaron los Reyes, Javier, pero tienes un corazón que no te cabe en el pecho.
Un abrazote.

Clara dijo...

Eso del capi también lo secundo...

R2D2 dijo...

Es maravilloso de tener tantos recuerdos de tradiciones familiares en Navidad. Las visitas a tios y abuelos, los juguetes, los dulces, los villancicos... y sobre todo, estar rodeado por los que quieres
Muy bonita tu carta a los Reyes, despues de tanto oir hablar de ella, ya tenia ganas de leerla. Espero que construyas navidades tan felices año tras año!!!
Y que la ilusion nunca falte!

Javier Márquez Sánchez dijo...

Muchas gracias, amiga. Y espero poder compartir muchas de esas navidades contigo...

Anónimo dijo...

coño que bonito