martes, 14 de julio de 2009

¡NOS MUDAMOS!


Volvemos a cambiar de aspecto, pero esta vez con algunas molestias añadidas para todos los visitantes del blog.

Nos trasladamos. A partir de ahora tendréis que tomar otra rutapara llegar a este espacio de encuentro, diálogo y diversión, al otro lado del río y entre los árboles. Concretamente tendréis que dirigiros a http://elrincondejaviermarquez.com/

Actualizar vuestros enlaces, por favor.

¡Allí nos vemos!

sábado, 11 de julio de 2009

Crítica de 'Rat Pack' en MacGregoradas

Joseph MacGregor es uno de esos personajes singulares que uno encuentra en el océano inmenso que es internet, alguien del que muchos hablan y que acaba teniendo una influencia y peso considerable en cuestiones tales, como es el caso, como la crítica literaria.

Conocí a Joseph en persona recientemente tras haber leído numerosos textos suyos en Anika entre libros, y debo decir que ya no sólo me parece un crítico de talento, sino también un gran tipo, simpático y divertido. Esto puede sonar a peloteo por lo que voy a comentar a continuación, pero teniendo en cuenta que lo digo después y no antes de "los hechos", espero que nadie tome a mal la cosa.

Y es que resulta que Joseph le ha dedicado una crítica a Rat Pack. Viviendo a su manera, y ha prometido preparar otra sobre Elvis. Corazón solitario. El libro de Elvis no sé qué le parecera, con el de Sinatra y compañía no ha podido ser más amable. Podéis leer la crítica en su blog.

¡Gracias, Joseph!

viernes, 10 de julio de 2009

Trilogía Sevillana III: Aquello era otra cosa

Aquí está, fesquita fresquita, recién estrenada hoy en internet, la tercera parte de la Trilogía sevillana. Después de Esto no es lo que era y Eso es así, llega ahora Aquello era otra cosa. Si los primeros protagonistas eran canis y los segundos, pijos, ahora le toca a al otro gran grupo idiosincrático hispalense, los alameda-men, dos hippie-bohemio-anarcas de la vida, que despotrican contra el capitalismo y acaban cogiendo un taxi para ir a comer a un McDonald's junto al chalet de los papis...

Tan críticos y certeros como de costumbre, aunque menos resultones en lo que a golpes de humor se refiere. Es sin duda la más floja de las tres entregas, pero no dejéis de verla.

miércoles, 8 de julio de 2009

Un mirlo blanco, y va el destino y lo mata

James Taylor en España. ¿Que qué eso? Además de ser un señor ya mayorcete, cantautor sensible donde los haya, algo así como un Serrat con idiosincrasia neoyorquina, pues además, decía, es un mirlo blanco. Porque una gira de Taylor por la piel de toro era algo tan poco probable como ver de pronto por aquí al abuelo Willie (Nelson), al tío Kris (Kristofferson) o a Mr. Paul (Simon).

Pero a veces, el destino es un hijo de mala madre, y cuando digo esto quiero decir que se las gasta con una mala idea que es para patearlo.

Creo que la última vez que Taylor estuvo en España -y la primera- fue en 1992. Ya ha llovido, ¿verdad? Pues resulta que tiene que volver justamente diecisiete años después haciendo coincidir su concierto en Madrid con el de Springsteen en Sevilla. Que si lo de Taylor es como ver un mirlo blanco, lo del Boss actuando en este patio es ya como avistar una bandada completa. Pues, ¡puñeta!, van y coinciden. El maldito Murphy y su dichosa tostada.

Total, que las otras dos fechas de la gira son en Valencia (el sábado 25 de julio) y en Girona (domingo 2 de agosto). ¿Qué hacer ante tan notorio despropósito? Pues ya me estoy planteando un easy rider -carretera y manta musical- a Valencia para echar ese fin de semana. Después de todo, ¿qué son seis horitas y pico escuchando buena música?

¿Que si merece la pena? Chico (o chica, perdón, que luego vienen los escándalos en prensa), eso es cosa de cual. ¿Merecen la pena la mitad de las locuras y paparruchadas que acabamos haciendo en la vida? Pues digo yo que sí, porque si no las hiciéramos, ¿en qué nos entreteníamos? ¿Viendo las motos el domingo a mediodía? ¡Amos, anda!

Y quien no sepa quién es el señor Taylor, que se anime a descubrirlo. Únicamente, eso sí, si eres de los que te gusta saber qué te cuenta una canción. Es una pena que en España sea tan poco conocido, si bien en Estados Unidos es la auténtica personificación del cantautor. O más específicamente, del cantautor sentimental (que no sentimentaloide).

Taylor se convirtió gran gurú de esa segunda generación de cantautores que desembarcó en los setenta tras el auge del folk y el folk-rock de los sesenta y que, pasada ya la urgencia de la canción-protesta -como se llamaba en España-, apostó por cantar a los sentimientos, a las personas y a las relaciones entre ellas. Su voz de barítono es inconfundible, casi tanto como su ajustado pero brillante toque de guitarra.

En 2009 precisamente celebra Taylor sus cuarenta años en el escenario, pues fue a comienzos de 1969 cuando salió a la venta su primer álbum (en Inglaterra salió en diciembre del 68), titulado con su propio nombre, como tantos otros debuts de esta generación. Ya este disco marcó lo que habría de ser la carrera de Taylor: popular, discreta y algo accidentada. Se había marchado a Londres para intentar alejarse del ambiente de drogas en el que estaba inmerso, y grabó el disco en el sello de los Beatles, Apple. Feliz y contento, volvió a su país sin haber logrado desengancharse y poco después de tomar tierra tuvo un accidente de moto en el que se rompió ambas manos. ¿Consecuencia? Al garete la promoción de su primer disco. A eso se le llama empezar con mal pie.

Pero cuando hay talento, la cosa no es tan difícil, y un año después, su segundo trabajo, Sweet Baby James, conseguía meter en el Top 5 una canción, Fire and Rain, con el que su nombre comenzó a sonar un poco más. ¿Que cómo terminó de asentar su popularidad? Pues para eso están los amigos. Como Taylor andaba medio depre entre su enganche a las drogas y su irregular carrera, su amiga, la también cantautora Calore King, le canturreó You've got a friend, uno de los temas -temazos- que iba a meter en su segundo disco, el imprescindible Tapestry. Pero a Taylor le gustó tanto que King le propuso algo: Taylor podía grabarlo y sacarlo antes que ella. Así que la versión de Jimmy fue un pelotazo mientras que la de Carole quedó como "una versión", cuando, evidentemente, era al contrario. Pero en fin, como decía, para eso están los amigos.

¿Qué haré finalmente con este asunto? Ya veremos, habrá que meditarlo detenidamente. Por el momento, si a alguien le interesa James Taylor o quiere ir a Valencia, donde dicen que el agua es muy sana y buena, que levante la mano.


Fire and Rain

Ayer por la mañana
me dijeron que te habías ido,
Susanne tenía planes
para terminar contigo,
paseé esta mañana
y anoté esta canción,
apenas puedo recordar
a quién enviársela.

He visto fuego y he visto lluvia,
he visto días soleados
que pensé que nunca terminarían,
he visto épocas solitarias
cuando no podía encontrar un amigo,
pero siempre pensé que te vería de nuevo.

¿Me mirarás con desprecio, Jesús?
Tienes que ayudarme a resistir,
tienes que verme continuar otro día,
me duele el cuerpo y mi tiempo está cerca,
y no lo haré de ninguna otra manera.

He visto fuego y he visto lluvia,
he visto días soleados
que pensé que nunca terminarían,
he visto épocas solitarias
cuando no podía encontrar un amigo,
pero siempre pensé que te vería de nuevo.

He estado recapacitando sobre cómo
retornar hacia el sol,
el Señor sabe cuándo soplan los vientos fríos,
ellos harán dar vueltas a tu cabeza.
Bien, se pasan horas y horas en el teléfono
para hablar de cosas que sucederán,
sueños dulces y máquinas voladoras
en pedazos sobre la tierra.

He visto fuego y he visto lluvia,
he visto días soleados
que pensé que nunca terminarían,
he visto épocas solitarias
cuando no podía encontrar un amigo,
pero siempre pensé que te vería, cariño,
una vez más de nuevo, ahora.

Pensé que te vería una más vez de nuevo,
hay algunas cosas
que vienen a mi encuentro esta vez, ahora,
pensé que te vería, pensé que te vería,
fuego y lluvia, ahora...

martes, 7 de julio de 2009

Verdades como puños (I): Los matrimonios

Mark (Albert Finney):"¿Qué clase de personas se sientan a comer en un restaurante y no tienen nada de qué hablar?"
Joanna (Audrey Hepburn): "Los matrimonios"

Dos en la carretera (1967), de Stanley Donen.

Preguntas para los ángeles, lo último de Paul Simon

Impresionante, emocionante, exquisita, impecable. Paul Simon siempre se hace esperar para ofrecer nuevo material, pero la espera suele merecer la pena. Ahora llega una nueva canción, Questions for the Angels, que en principio se lanzó como regalo para todos aquéllos que compraran el nuevo recopilatorio de Simon que se ha puesto a la venta en exclusiva sólo en las cafeterías Starbucks de Estados Unidos. La canción ya está a la venta Itunes, aunque sólo para los que residen al otro lado del charco. Pero para eso están los chicos de The Sound of Simon, que la han conseguido y la han subido a su web para deleite de todos.

No os la perdáis. Ya os pondré la letra, pero de momento, basta con que cerréis los ojos y os dejéis llevar por la belleza del sonido de la guitarra, la extremada ternura de la voz, el evocador ambiente que transmite...

lunes, 6 de julio de 2009

Sometimes...

A veces sólo sueño.
A veces sólo vivo.
A veces sólo deseo
alcanzar aquello por lo que lucho.

A veces sólo pienso.
A veces sólo miro.
A veces sólo escucho
cuando algo merece la pena.

A veces sólo lucho.
A veces sólo quiero.
A veces sólo intento
alcanzar la felicidad.

A veces sólo imagino.
A veces sólo acaricio.
A veces sólo beso
para que que el amor sea el camino.

A veces sólo espero.
A veces sólo respiro.
A veces sólo sonrío
al ver que tengo un nuevo día.

domingo, 5 de julio de 2009

Porque Él ha tocado tu cuerpo perfecto con su mente...

Para hoy he decidido seguir con Leonard Cohen, aunque ni siquiera colgaré el vídeo de una canción. Se trata de su pieza más popular, Suzanne, de la que repesco su párrafo intermedio, mi favorito. Una pieza de lo más dominical. Pura espiritualidad de la buena sin necesidad de golpes de pecho. Unas líneas geniales.

Y Jesús fue un marinero
cuando caminaba sobre las aguas.
Y pasó mucho tiempo observando
desde su solitaria torre de madera.
Y cuándo supo seguro
que sólo los hombres ahogados podrían verle,
dijo: «Todos los hombres serán marineros entonces
hasta que el mar los libere».
Pero Él mismo fue destrozado
mucho antes de que el cielo se abriera
Abandonado, casi humano,
se hundió bajo tu sabiduría como una piedra.
Y tú quieres viajar con Él.
Y tú quieres viajar ciego.
Y piensas que quizás confíes en Él
porque Él ha tocado tu cuerpo perfecto con su mente...

sábado, 4 de julio de 2009

La 'Famosa gabardina azul' de Leonard Cohen

Si hay algo mejor que una buena canción o una buena historia es una buena canción narrativa, y en eso, el maestro Cohen es uno de los insuperables. Obra maestra esta Famosa gabardina azul. Feliz sábado.

Famous blue raincoat

Son las cuatro de la mañana del fin de Diciembre.
Te estoy escribiendo sólo para ver si estás mejor.
Nueva York es frío pero me gusta donde estoy viviendo.
La música está en la calle Clinton durante toda la tarde.

He oído que te estás construyendo
tu pequeña casa oculta en el desierto.
Estás viviendo para nada ahora.
Espero que mantengas algún tipo de recuerdo.

Sí, y Jane vino con un rizo de tu pelo.
Ella dijo que tu se lo habías dado
esa noche que planeaste actuar claramente.
¿ Fuiste claro alguna vez ?

Oh, la última vez que te vimos parecías mucho más viejo.
Tu famosa gabardina azul
estaba doblada en tu hombro.
Habías ido a la estación
a reunirte con todos los trenes
pero llegaste a casa sin Lilí Marlene
y trataste a mi mujer como una rodajita de tu vida
y cuando ella regresó, era la mujer de nadie.

Bueno, te veo allí con una rosa en la boca,
un pequeño detalle gitano más.
Veo que Jane está lejos.
Ella manda recuerdos.

Y ¿ qué te puedo contar, mi hermano, mi asesino ?
¿ Qué te puedo decir que te creas ?
Supongo que te echaré de menos, supongo que te perdonaré.
Estoy contento de que te interpusieras en mi camino.

Si alguna vez vuelves por aquí
por Jane o por mí
piensa que tu enemigo está dormido
y su mujer es libre.
Oye, y gracias por la turbulencia
que quitaste de sus ojos.
Yo pensaba que estaba allí para bien
así que nunca lo intenté.

Sí, y Jane vino con un rizo de tu pelo.
Ella dijo que tu se lo habías dado
esa noche que planeaste actuar claramente.
Sinceramente, L. Cohen

viernes, 3 de julio de 2009

Porque las cosas pueden ser más sencillas de lo que nos gustaría...


(Montaje tomado del blog My Cooltour, cuya visita os recomiendo con insistencia si queréis disfrutar de la más amplia variedad de contenidos hilados todos por una notable sensibilidad. Algún día tendré que hablaros de su autor, de Paul Simon y de un chino en el coche-cama de un tren Madrid-París).

jueves, 2 de julio de 2009

Una noche de insomnio

Pues sí, eso es precisamente lo que he tenido. Ayer fue un día intenso, de bastante trabajo tanto por la mañana como por la tarde, aliñado además con nuevas decisiones sobre la portada de la novela (por cierto, ahora que caigo, creo que aún no he comentado nada sobre este tema en el blog. ¡Tomo nota!). No sé cuántas horas pasé ante el ordenador en total, pero el caso es que estaba rendido.

Tras tomar unas cervezas con mis padres y mi hermano, volví a casa, cené con Sempi y vi una peli, La noche es nuestra, un thriller policiaco bastante resultón con Joaquin Phoenix, Mark Wahlberg y Robert Duvall (tan perfecto y entrañable como siempre). Pensé que no llegaría a terminarla, dado lo cansado que estaba, pero no sólo me la bebí -satisfecho de la experiencia- sino que me encontré con los ojos como platos, incapaz de irme a dormir. ¿Qué hacer en esa situación? Pues aprovechar. Doble sesión sobre la dura profesión de policía, y la segunda cinta escogida fue nada menos que Sérpico, con ese magistral Al Pacino en uno de sus mejores papeles como agente incorruptible.

Rondaba la una y media de la madrugada cuando me fui a la cama (dado que ya había visto Sérpico, hice lo que Sempi denomina "el montaje del director", que no es más que ir al grano resumiendo en hora y poco una película hora y mucho). El agradable aire fresco que las noches anteriores se colaba por la ventana del dormitorio brillaba por su ausencia esta vez. Así y todo, creo que llegué a dar una cabezada; no estoy seguro. En cualquier caso, no habían dado las tres cuando comprobé el reloj por primera vez, y ahí estaba yo, de imaginaria, listo para cualquier cosa menos dormir.

De ocurrir en invierno, lo más socorrido es leer, pero cualquiera enciende una luz con la ventana abierta (¡bufé libre para los mosquitos!). Y para eso tiene uno listo el kit de las noches de insomnio estivales: el iPod y su buena carga de narraciones. Poco a poco he ido compilando decenas de emisiones del programa Historias, dirigido por Juan José Plans, que durante años emitió RNE. Tres cuentos de Ambroce Bierce -magistrales- y una docena de capítulos de Viaje al centro de la tierra cayeron antes de que, alrededor de las cinco menos cuarto, desesperado, me quitase los auriculares.

Por mi mente cruzó la tentación de levantarme y ver otra peli, pero con eso seguro que me espabilaba, y eran muchas cosas las que tenía previstas hacer hoy como para desistir en mi empeño de dormir un poco. Había que intentarlo. Así que cerré los ojos y me dejé llevar... Hasta que me cansé.

No había manera. Eso sí, al menos no me aburría. Entre todas las ventanas apagadas de los bloques frente al mío tuve un rato de misterio "made in Hitchcock" cortesía de unos vecinos que no hacían más que encender y apagar las luces de toda la casa. A veces eran varias habitaciones, a veces sólo una, en ocasiones el piso entero iluminado, cocina incluida. Y esto, durante un buen rato. ¿Qué pasaría? Seguiremos atentos.

A las seis y media, desperezado ya el Rey Sol, di por perdida la batalla y me levanté. Mi particular "montaje del director" de la edición especial de Abyss me permitió liquidar las dos horas y cuarenta minutos justo al dar las ocho. Con Sempi ya lista para irse a trabajar y yo en plenas facultades (más o menos), era el momento de empezar este jueves.

Y esto es lo que ha dado de sí esta noche de insomnio. Veremos qué consecuencias tiene para el día que le sigue. De momento, me voy a preparar un café bien largo y cargadito.

domingo, 28 de junio de 2009

Gracias (a unos buenos amigos)

A veces uno se ve inmerso en un callejón
oscuro, angosto, sin salida
al que no sabe bien cómo ha llegado
del que no tiene muy claro cómo escapar.

Encuentra puertas trancadas
miradas esquivas tras las cortinas
alcantarillas pestilentes
y tapias demasiado altas.

Escucha consejos
ligeros e inútiles
arrastrados por el viento
como los periódicos sobre los adoquines mojados.

Pero entonces alcanza a ver una luz
siente fuerzas y esperanzas
y sabe que no será difícil volver
con un poco de ayuda de sus amigos...

Hoy ha sido un día muy especial, chicos. Para mí, más de lo que os podéis imaginar.

A todos -you know who- gracias por ser como sois. Gracias por estar ahí: Gracias por vuestra amistad.

jueves, 25 de junio de 2009

Antes de ir a dormir

Pasan algunos minutos de las dos y media de la madrugada. No suelo escribir por las noches. Sé que parece lo más apropiado, lo más pintoresco, pero tras todo el día trabajando, no sólo estoy cansado de estar ante el ordenador, sino que además la tarde-noche es el único momento que tengo para estar con Sempi, para comentar nuestra jornada y, en definitiva, para compartir un ratito de vida.

Hoy, sin embargo, he querido quedarme a escribir por la noche.

Como creo que ya dije en la entrada anterior, o al menos apunté, había pensado dejar aparcada la novela en la que andaba trabajando, La balada de Sam, ésa que me había llevado, entre otras cosas, a recuperar mi cariño por las seis cuerdas. Tuve que abandonarla un par de meses atrás para vestir de gala el libro que espero ver publicado en otoño, la novela de misterio La fiesta de Orfeo. Y dos meses es mucho tiempo, al menos para mí y para esta historia.

Los habituales al blog ya sabéis que funciono por impulsos, a base de ambientación, de clima, y cuando el feeling se rompe, como diría el amigo Frankie (Sinatra, of course), la cosa se fastidia.

Así que me planteé aplazar esta novela. Dejarla ahí, en reposo, en una carpeta del ordenador, mientras me dedicaba a alguna otra historia más ágil y entretenida, pues La balada de Sam comenzó como eso que llaman "obra de madurez" y llegué a alcanzar un punto en el que me asustaba madurar tanto.

Pero en los últimos días de retiro y reflexión retomé el texto Releí algunos pasajes y no pude resistirme a continuar escribiendo. Eso es bueno, dirá alguno. Tal vez. Más me vale. En este momento de la trama me encuentro en una hacienda mexicana, al este de la ciudad de Chihuahua, recordando junto a un anciano de ochenta y cinco años un crimen que ocurrió en ese mismo lugar treinta y dos años atrás, durante el rodaje de la película más famosa de Sam Lonergan (alias Sam Peckinpah, ¿o es al revés?). El viento del atardecer sopla y trae consigo el olor del enebro y otros arbustos de la llanura. El viejo quiere que me quede y le escuche, pero tengo sueño, estoy cansado.

Al otro lado de la pantalla, Sempi duerme con la pequeña luz de mi lado de la cama encendida, esperándome. Algunos mosquitos crepitan al acercarse a la bombilla de la lámapa a mi espalda, y el licor Sierra Tequila quedó aguado por el hielo tiempo atrás en el vaso ya casi vacío junto a mi teclado.

Es hora de ir a descansar.

Os dejo con Sam Peckinpah y el trailer de Quiero la cabeza de Alfredo García, una historia que nada tiene que ver con mi novela; una película que supone su fuente espiritual.

martes, 23 de junio de 2009

Soliloquio solipsista para voz sola solista y acompañamiento sutil

Bueno, ya estoy de vuelta. En sentido literal, he vuelto a casa tras una semana fuera, intentando poner en orden aquello que alguien llamó, no sé muy bien por qué, el culo alemán, esto es, la azotea, el coco, la lavadora, el aguantasombreros, la materia gris, la perola o, más vulgarmente, mi cabeza. También, en otro sentido, estoy de vuelta en lo que se refiere al blog, que hace casi dos semanas que no tocaba. Las últimas publicaciones las dejé programadas, para evitar que esto pasase demasiado tiempo inactivo.

Confío que ambos regresos sean satisfactorios y definitivos, aunque en estos momentos no apostaría por ellos ni mi vieja colección de westerns en VHS (caso de lograr encontrarla).

En este tiempo he pensado mucho en proyectos pendientes, nunca terminados o eternamente postergados. He desarrollado ideas para al menos cuatro novelas de muy distinto pelaje, pero aquella ambientada en México, que iba a dejar aparcada por una temporada, me asaltó sin piedad dispuesta a obligarme a que le de fin antes de afrontar nuevas empresas.

Aquí, sobre la mesa, tengo quince libros por leer. Varios de ellos debieron caer durante esos días que estuve fuera, pero al llegar a mi destino otros títulos se cruzaron por delante y acabe seducido por ellos.

Total, que al final uno no hace más que pensar en aquello que dijo John Lennon, que la vida no es más que todo eso que nos pasa mientras nos empeñamos en hacer realidad otros planes.

Y yo estoy lleno de planes, siempre, a manos llenas. Pero me preocupo tanto por saber de qué van, cómo serán, que ninguno se caiga... que al final acabo por no disfrutar "todo eso" que pasa y que, después de todo, es la verdadera vida.

Conclusión: O pienso un tema interesante para el post de mañana o habrá que cerrar el chiringuito, porque para estos "soliloquios solipsistas para voz sola, solista..."

jueves, 18 de junio de 2009

Relato: Ya no me regalas flores

Pecadillos de juventud. Cada cual tiene los suyos. Aquí va otro de los míos: uno de los varios relatos que escribí cuando tenía dieciséis o diecisiete años inspirados por canciones que me resultaban sugerentes. En este caso se trata de un tema de Neil Diamond, You don't bring me flowers. En ella, una pareja se echa en cara todas las cosas que ya no hacen, consumida la pasión por la rutina. En mi relato, una pareja repasa esos recuerdos antes de abandonar para siempre el hogar que crearon juntos. Es una prosa terriblemente recargada, de una exagerada melancolía pero, ¿qué le vamos a hacer? Es lo que tienen los dieciséis, ¿no?

Ya no me regalas flores

Solía ser maravilloso. “Para siempre” eran las palabras más significativas del mundo para ellos. Entonces.

Hoy la casa está a oscuras, apenas unos destellos del sol de febrero se filtran entre las celdas de la persiana del salón. Él avanza entre mesas, sillas, puertas y estanterías, confundidos entre las sombras, con la misma precisión que un ciego en su hogar. Demasiado tiempo conviviendo con ellos, demasiados años para conseguirlos. Pero ya no son suyos, ni de ella, pertenecen a aquella casa, que está en manos del pasado, un pasado evocador y dulce, en el que aprendieron a reír y a llorar. Un pasado que se ha tornado hiel en sus labios. El viento del destino barre sus corazones como hojas caducas caídas sobre el húmedo acerado.

“Ya no me hablabas al volver a casa”, dice él. Ella le escucha y cierra los ojos. “Ya no nos decíamos te quiero”, le responde.

La cama es fría. Grande. Inmensa. Ella se pierde últimamente en aquellas sábanas. Le falta el aire y tiene que incorporarse en mitad de la noche. Y sin embargo es la misma cama de entonces, en la que no había espacio suficiente para dar rienda suelta a la expresión del amor que sentían, del amor que recibían, que era igual al amor que daban.

El cojín sobre la almohada, la almohada bajo el peluche. La fotografía, el pequeño joyero, el reloj francés de aquella feria de antigüedades. Ella seca una gota de nostalgia que le abrasa la mejilla. Y mira el cuadro que pende sobre la cabecera. Aquella pintura les costó tanto... Pero, ¡cuánto la querían! Y sin embargo, fue una experiencia más, sólo una más de las maravillas de aquella aventura que suponía amarse cada día. Como los viajes a París y Nueva York, como los fines de semana fantasmas, como la guitarra firmada por sus artistas más admirados: Neil Diamond, Bob Dylan, Paul Simon... Allí está, apoyada en el galán, bajo el espejo que calla tantos besos, tantas caricias, tantas palabras, tantos silencios. Sus cuerdas, sin duda, no emitirían más que tristes sonidos.

“Ya no me cantabas canciones de amor”, dice ella.

Él entra en el dormitorio, pero no responde. Y entonces ella le mira, pero tampoco dice nada. Baja los ojos y pasa a su lado, camino del vestíbulo. Él no puede resistirse a la atracción de la cama. Se admira del cambio producido en su propia actitud. En los últimos tiempos, cuando se retiraba de ella, no hacía más que besarla en la mejilla, volverse sobre su almohada y apagar la luz. No está seguro de a quién dolía más aquello. Desde luego, actualmente le atormenta ese recuerdo, especialmente al compararlo con aquellas jornadas de pasión y fantasía, entre el silencio de lo prohibido y la expresión de lo inenarrable. Entonces nunca apagaban la luz. De hecho, ni siquiera les hacía falta encenderla.

Cruza toda la casa, desandando toda una vida, resquebrajando lo que parecía indisoluble, y llega hasta la entrada. La claridad que se cuela por entre las baldas de la persiana de la cocina corta en diversas líneas el rostro de ella. Por primera vez en mucho tiempo sus miradas conectan, y se hablan, y se consuelan. Pero después se desvían, porque comprenden que ya sólo pueden hacerse daño.

“¿Pensaste que podría aprender a decirte adiós?”, le pregunta él acercándose.

Ella cierra los ojos y trata de detener la rotación de la Tierra, la expansión del Universo, y volver a cuando él no podía esperar para amarla, cuando odiaba tener que dejarla. Él se acerca y levanta suavemente su barbilla hasta que ella vuelve a mirarle a los ojos. Y los ojos se quiebran, se interrogan, se suplican. Pero los dos conocen ya todas las respuestas, todas las alternativas.

“Ya no me decías que me necesitabas”, explica ella.

Se vuelve entonces hacia la puerta de la calle y la abre. Está a punto de cruzarla, pero se detiene en el umbral. Y se gira. Y acorta los dos pasos que le separan de él para darle un último beso, que él siente como la suave brisa de cualquiera de aquellos paseos por la playa al atardecer.

Y Ella se va. Y los dos piensan. Porque aquÉl es ya el punto de no retorno, el final del cuento. Y ninguno quiere que suceda. Pero ambos son conscientes de la realidad.

“Ya no me regalabas flores”, dice ella, sin poder contener las lágrimas, antes de cerrar la puerta a su espalda.

martes, 16 de junio de 2009

Relato: Un dedo, nada más

Era un dedo, nada más. ¿De cara o de perfil? ¿Qué más daba? Era un dedo, nada más. ¿Realmente podía ser tan malo? Sabía que sí, era consciente de que podía ser terrible de verdad. Y aun así, aquel dedo parecía tenerle hipnotizado. Le seducía como pocas mujeres habían logrado hacerlo a lo largo de su vida. Claro que pocas mujeres tenían ese color, ese olor, esa textura. Pocas mujeres le habían hecho sentir tan bien como podía conseguirlo aquel dedo.

Tan sólo un dedo de bourbon.

¿Realmente podía ser tan malo?

Tomó el pequeño vaso, de grueso fondo y cristal labrado, y lo levantó muy despacio hasta colocarlo a la altura de sus ojos. Aquel movimiento tan cuidadoso escondía algo de temor, como si tan sólo una gota de aquel elixir pudiese hacer saltar por los aires la sala, pero también dejaba entrever un impulso de contenido deseo, de enfermiza curiosidad ante las propiedades que pudiese deparar.

Sabía bien de lo que era capaz el bourbon. Demasiado bien. Por eso logró imponerse y se obligó a salir de aquel amago de hechizo. La imagen de sus hijas asustadas mientras presenciaban las broncas con su esposa, o cuando ésta le llevó a trompicones por toda la casa para echarlo a la calle, tras presentarse al alba, casi inconsciente, alardeando de haberse bebido lo que les quedaba para vivir aquel mes… Aquéllas estampas patéticas de su vida pasada atravesaron de lado a lado su mente como una afilada cuchilla, librándolo de inmediato de la atracción de aquel vaso de bourbon.

Pero, sólo un dedo…

Los que le rodeaban nada sabían de sus días pasados. Ciudad nueva, trabajo nuevo, la misma familia. No fue fácil, pero logró recuperarla al completo. Prometió mucho y lo cumplió casi todo. No fue cosa de unos días, más bien de varios años. De mucho tiempo luchando como nunca había imaginado que tendría que hacerlo, de sentir asco de todo y de todos, y verdadera repulsión de sí mismo; tiempo para aprender de nuevo a vivir sin la necesidad de empezar cada día con un trago tan revitalizante como letal, a partir del cual iba engarzando uno tras otro hasta que apuraba el que le hacía caer redondo.

Se asombró al pensar cuánto habían cambiado las cosas, cómo se respetaba ahora a sí mismo y cómo veía reflejada esa situación en el cariño y comprensión que recibía de los que le rodeaban. Ahora sólo necesitaba eso para vivir, el amor de su familia, la presencia de sus amigos, un cigarrillo de vez en cuando, algo de sexo inofensivo y agradable algún fin de semana, tal vez un viaje interesante… Era bonito vivir así.

Y allí tenía delante ese dedo de bourbon, que tal vez estaba llamándole con su seducción infalible. No podía saberlo, no quería más bien, porque había aprendido a no escuchar su voz. No tenía mucho misterio, sólo había que desarmarlo del supuesto encanto que tenía. Tampoco le atraían ya su almibarado color cobrizo, ni su lacónico movimiento a girar el vaso suavemente de un lado a otro, ni el olor apacible y evocador que parecía escapar de entre aquellas olas diminutas de agua de Tennessee. ¿Cómo era posible que ninguno de los presentes lo estuviese bebiendo? Aquellos abogados eran gente algo vulgar. El propio bufete era bastante simplón, con casi todos los trabajadores apilados en aquella sala. Al menos él tenía su pequeño despacho.

Apenas eran las nueve de la noche, pero aquello era una fiesta al fin y al cabo, ¿no? Sin embargo todos andaban de acá para allá con botellines de cerveza y copas de vino, tragos tan aburridos y vulgares como un buche de agua. Él, sin embargo, había optado por el zumo, de piña o albaricoque, sabores con algo de personalidad, con prestancia. ¿No se trataba de eso, al fin y al cabo?

Era sólo un dedo de bourbon, tan insignificante aparentemente que nadie parecía reparar en él. Hacía un rato que nadie le hablaba, desde que estrechó la mano del compañero que se jubilaba y se excusó antes de ir al baño. Al salir fue hacia su despacho, desde donde veía todo el movimiento de la velada. Se sentó en su mesa y rebuscó en sus cajones. Quería una carpeta en la que guardaba algunos viejos chistes con los que aquel compañero y él habían bromeado unas semanas atrás. La carpeta no estaba. ¿Guardó de verdad aquellos chistes? Sus dedos se toparon entonces con algo agradable al tacto, parecía cuero. Aferró el objeto y lo extrajo del cajón muy despacio. Conforme fue quedando al descubierto comprobó que se trataba de una petaca –su vieja petaca- coronada por el vaso de chupitos que le habían regalado en el “Lost Weekend”, un local al que fue asiduo durante algún tiempo.

Había mirado la petaca con una extraña sensación de desasosiego, como si fuese un niño pequeño y, aquel objeto, un ruido que salía de su armario en plena noche. ¿Quién la había puesto ahí? ¿Quizás él mismo? ¡Desde luego que había sido él! ¿Quién si no? Pero, ¿cuándo?
Claro, era el regalo. Iba a regalársela al compañero que se marchaba. Debió haberla guardado ahí días atrás, semanas tal vez, cuando se le ocurrió la idea. Había sido una época tan ajetreada en el bufete que sin duda se le fue de la cabeza. Se la daría al instante, claro, pero antes quiso comprobar que estaba bien… Sí… no estaba rota… ni manchada… ¡Estupendo! y estaría vacía, claro; debía comprobarlo.

Tomó el vaso y lo colocó sobre la mesa. Era bonito, muy bonito, y elegante, con una figura labrada en el contorno y una base firme, como deben de ser ese tipo de vasos. Allí, en medio del escritorio cubierto de documentos, parecía ser algo especial. Desenroscó entonces el tapón y, con mucho cuidado, inclinó al petaca. Sintió que su corazón se aceleraba. Comenzaba a sentir calor. Contuvo la respiración.

Y el líquido empezó a caer.

Se el antojó a cámara lenta, o tal vez era cosa suya, que lo vertía con la precisión adecuada para perpetuar el momento. Vio caer la última gota y respiró profundamente.
Pues sí que quedaba algo en la petaca. Poca cosa.

Un dedo, nada más.

Una compañera se le acercó para preguntarle si quería bailar. ¿Bailar él? No, muchas gracias, era un patoso. La secretaria del jefe le ofreció poco después un sándwich. Era guapa aquella chica. Rehusó su ofrecimiento y la vio alejarse. Sí, desde luego tenía buen tipo.
Bajó la mirada y observó el bourbon en el vaso, y después volvió a buscar a la secretaria entre la gente. Tenía bonitas piernas, altas y bien torneadas. ¿Era obligatorio que todas las secretarias llevasen falda? Su busto resultaba de lo más erótico, aunque lo mejor, sin duda, su sonrisa.

¡Era una chica tan agradable! Le daban ganas a uno de… Sacudió la cabeza y pensó en su esposa. Por unos breves segundos recordó la última vez que hicieron el amor y se dijo a sí mismo que era un hombre afortunado. ¿Para qué pensar tonterías? Había muchos peligros en el mundo, muchas formas de arruinase la existencia. Si había algo ruin en la vida era serle infiel a la esposa. Cualquier cosa antes que eso. Conocía muchas familias destrozadas por un rato de torpe lujuria. Él, nunca. Era un buen hombre.

Suspiró y se sintió orgulloso de ello.

Se volvió entonces con decisión y volvió a coger el vaso, esta vez sin tanta ceremonia. Miró el líquido y sonrió. Un dedo de bourbon. ¡Dios, tan sólo un dedo! Y hay tantas cosas horribles en este mundo… Abrió la boca tanto como pudo y vació el contenido del cristal en ella.

En cuanto el brebaje tocó su garganta, cerró los ojos y se dejó caer con las dos manos sobre la mesa. El licor recorrió todo el camino hasta el estómago como una serpiente arrastrándose rauda al acecho de su presa, y al llegar, sintió cómo se enroscaba en su interior.

Tuvo el repentino impulso de llorar, se le antojo una lucha interna. Pensó en su mujer y en sus hijas, en el compañero que se jubilaba, y no pudo reprimir unas lágrimas iracundas.
Hay tantas cosas horribles en este mundo…

Golpeó la mesa con el puño cerrado tan fuerte como pudo y se despidió de los presentes antes de marcharse. Necesitaba echar un trago. El chupito le había calentado la lengua. Buscaría un bar, pediría otro bourbon y estaría de vuelta enseguida para tapar su sabor con un zumo de piña.

Sólo un trago y se acabó.

Un dedo, nada más.

viernes, 12 de junio de 2009

Relato: La ducha

Voy a estar unos días "fuera de circulación", y para que esto no se quede muy parado, he decidido desempolvar algunos viejos relatos y programar su sucesiva publicación. Espero no tardar demasiado en volver a la rutina, siempre tan desdeñada como precisa y añorada. Mientras tanto, espero que estos cuentos no os aburran demasiado.

¿Alguna vez habéis estado acostados y ha comenzado a gotear algún grifo, a hacer ruido una persiana u os habéis percatado de una luz que olvidasteis encendida? El impulso inmediato es levantarse para solucionar el problema pero, ¿es ésa siempre una decisión sensata?



La ducha

Una gota. Otra gota. Otra más. Ana estiró la sábana cuanto pudo para que le cubriese más allá de la oreja. ¿Qué hora sería? Se quedó dormida nada más acostarse, pero algo la había despertado. Germán aún no había llegado. Otra gota. Aquella ducha la volvería loca cualquier día. ¿Por qué insistía en gotear precisamente las noches que su marido tardaba en volver de su turno? Cada gota de agua estampándose contra el fondo de la bañera resonaba en su cabeza como si alguien estuviese tirando la pared con un gran martillo. Podría levantarse a cerrar el grifo. Sería lo lógico. Pero tenía tanto miedo.

Siempre le había pasado, desde niña, y ya entonces su padre le decía que aquellas películas de terror le iban a comer la cabeza. Germán también se reía de ella por esa razón. “¿Para qué las ves si después no te aguantas del miedo?” Pero no podía evitarlo, le encantaban. Y cada vez que la maldita ducha empezaba a gotear, ella veía la escena con claridad: la joven medio desnuda que acude a apretar el grifo, ignorando que un psicópata desfigurado con un mohoso cuchillo de carnicero aguarda cerca... Bien, pues que se metiesen con ella todo lo que quisieran, porque no pensaba levantarse.

Otra gota.

Otra más.

Llegaba un momento en el que su ansiedad le hacía imaginar que el psicópata salía de su escondrijo, y se encaminaba por el pasillo, despacio, muy despacio, hacia el dormitorio. ¿Qué había sido eso? ¿Había escuchado un ruido, una puerta tal vez? Otra gota más, y veía en su mente una figura grande, algo encorvada, que arrastraba una de sus piernas mientras avanzaba. Pasaba junto a la puerta del baño y... ¿Ya no goteaba la ducha? De pronto había parado. Estaba tan inmersa en sus temores que no había sido consciente de... No, otra vez. Fue sólo una ilusión. Dejó de gotear por un rato, el tiempo justo de... de que aquel ser deforme de su imaginación pasase junto al baño.

De espaldas a la puerta, Ana tiró aún más de la sábana, como si de ese modo estableciese una barrera infranqueable para esa creación de su mente. Y sin embargo, ¿no escuchaba algo? ¿Algo más allá de las gotas en la ducha y del tictac del reloj del salón, algo más allá del silencio imperturbable de la noche? Un escalofrío recorrió su espalda. Odiaba aquella sensación, tan habitual sin embargo en ella. Era igual que bañarse en una playa donde no tocara el fondo. Era el miedo a lo que se escondía en las sombras, más allá del vacío. ¿Habría entrado ya en el dormitorio? Tal vez la estaba observando... ¡Bueno, basta ya! Ana dio un manotazo en la cama para reforzar su repentino brote de valor. O se ponía seria o no sería capaz de dormir en toda la noche. “¡Vamos a por esa ducha!” Exclamó finalmente al tiempo que se incorporaba en la cama.

Primero fue el olor a putrefacción, e instantes después el cálido aliento recaló en su nuca. Se giró instintivamente para buscar su origen y se topó con un amasijo de carne, pellejo y grapas metálicas, que quizá alguna vez fue un rostro. Apenas tuvo tiempo de horrorizarse antes de que un machete mugriento y oxidado le atravesase el estómago. Con un rugido casi animal, la figura entre sombras extrajo el arma del cuerpo de Ana con la facilidad con la que hubiese destripado una muñeca de trapo. En su último aliento, la chica llegó a ver unos grandes y risueños ojos amarillos. ¿Estaba sonriendo? El machete surcó la oscuridad antes de separar la cabeza de Ana de su cuerpo con un contundente tajo.

El silencio se apoderó de la noche. Sólo sobrevivía la respiración carcomida del verdugo y los leves roces de la carne agonizante. Poco después, la silueta se desplazaba a contraluz por el pasillo con pasos tan pesados como puñetazos de borracho. Entre sus dedos recios y ásperos sujetaba los cabellos de Ana, un juguete roto; esa muñeca desencajada.

En el suelo, tras él, quedaban los sueños convertidos en oscuros regueros viscosos. Llegó al baño e izó la cabeza hasta unir con torpes nudos los mechones grumosos en torno a la barra de la cortina de ducha.

Allí colgaba ya la cabeza de Germán, un amasijo oscuro y soez.

Del cuello cercenado de Ana cayó una gota.

Otra gota.

Otra más.

jueves, 11 de junio de 2009

30 años sin John Duke Wayne

El 11 de junio de 1979, esto es, tal día como hoy de hace 30 años, fallecía Marion Michael Morrison, más conocido como John Wayne. Desde que caí en la celebración de la fecha tenía en mente rendirle tributo de algún modo en este blog, pero se cruzaron en mi camino los chicos de la revista Esquire, y he terminado escribiendo para ellos un artículo sobre Duke, sobre su vida y las singulares circunstancias de su muerte.

Así que, ¿para qué repetirme? Aquí os dejo el artículo sobre el fue, es y será siempre mi actor favorito. Y no porque sea mejor que otros., sino sencillamente porque mis recuerdos y mi nostalgia juegan a su favor, y eso es algo tan poderoso que no hay Al Pacino que se lo salte.

El titular del reportaje, publicado en el número de junio de la revista con Christian Bale en portada, lleva por título John Wayne, un héroe americano (pincha sobre la imagen para poder leerlo... si es que quieres).

Quede aquí también mi sentido tributo al Duke, uno de esos actores mágicos que nos siguen haciendo disfrutar con decenas de historias, que hicieron grande el cine cuando éste era, ante todo, el mayor espectáculo del mundo. Wayne murió pero le seguimos recordando. Hagámoslo hoy más que nunca con la despedida más hermosa de cuantas se han rodado en la historia del cine, filmada, por supuesto, por John Ford.


martes, 9 de junio de 2009

Mis canciones: Congratulations

Está visto que últimamente no estoy ni tan activo escribiendo ni mis entradas gozan del mismo interés que anteriormente, así que habrá que cambiar de tercio. Hoy se me ocurren cosas sobre las que escribir, pero ni tengo ganas -para qué engañar a nadie- ni me encuentro inspirado. Así que, ante la duda, un poco de música.

No sé si os hablé sobre el equipo de grabación que me compré hace poco, con objeto de poder dejar constancia de mis nuevas composiciones con algo más de calidad -sin exagerar tampoco- técnica y sonora. Pues bien, ésta ha sido una de las primeras pruebas. No es una composición mía, sino de Paul Simon. Se titula Congratulations, y pertenece a su primer disco en solitario. Aunque casi nadie la conoce -hablo del gran público, no de los fieles-, el tema es una maravilla, muy emocionante. Siempre me ha encantado. Habla sobre la dificultad de comunicación que se da muchas veces en la pareja, y la necesidad de tomarse realmente en serio una relación. En fin, que ya que la instrumentación la tenía previamente grabada por un amigo, decidí probar a a meter la voz.

Si os desagrada mucho detened la reproducción y marchaos con premura a otro blog. De ese modo, igual se os olvida la mala experiencia y volvéis pronto por aquí... ¡Saludos a todos!



Enhorabuena

Enhorabuena,
según parece has vuelto a hacerlo
y yo no me he sentido así de desdichado
en toda mi vida.
Oh, y no sé cuándo pasó, no sé cuándo pasó.

Me doy cuenta de que muchas personas
consiguen superarlo ,
pero son muchas más las que acaban haciendo cola
en los juzgados hoy en día.

El amor no es un juego.
El amor no es un juguete.
El amor no es un romance.
El amor lo sentirás muy dentro.
Y el amor te dejará exhausto
y sin palabras.
No te dará respiro, no te dará respiro.

Estoy deseando aprender.
¿Puedes responderme, por favor?
¿Puede
un hombre y una mujer
vivir juntos y en paz?
Oh, vivir juntos y en paz.

viernes, 5 de junio de 2009

Una pavorosa capacidad de humillación

44 balas le metieron en el cuerpo.

¿Cuántos disparos son necesarios para robarle la vida a un hombre? ¿Cuántas descargas precisan el odio y la sinrazón para quedar saciadas? En el caso del cantautor chileno Víctor Jara, fueron 44 los proyectiles recibidos. Una humillación sin fin del ser humano, hablo de los propios verdugos, en su búsqueda del dolor más allá de la muerte de aquel enemigo al que querían hacer sufrir de la peor manera y por encima de cualquier consideración. El horror. El terror.

Ocurría el 15 de septiembre de 1973 en el Estadio Chile, centro deportivo transmutado en sala de matarifes. El cantante y director teatral, autor de letras como El derecho de vivir en paz o Te recuerdo Amanda, se había convertido en un enemigo encarnizado de la derecha más reaccionaria -¿acaso no lo es siempre?-, y había hecho gala mejor que nadie de aquella leyenda que Woody Guthrie pegó en su guitarra: Esta máquina mata fascistas. El presidente electo, Salvador Allende, encontró en Jara a uno de sus principales colaboradores (porque cuando la sociedad necesita un cambio, los artistas también deben implicarse), y por eso, cuando Pinochet y los suyos se hicieron con el poder, pusieron sus nombres en lo alto de la lista.

A Allende lo suicidaron. A Víctor lo hicieron pasar por horas de inenarrable tortura, arrancándole la lengua, triturándole los dedos con las culatas de los fusiles; en definitiva, las armas que empleaba para luchar contra el fascismo. Pero ya dijo alguien años antes que por la imposición de la violencia se vence, pero no se convence. Y así, treinta y seis años después, Víctor Jara es continuamente recordado y homenajeado, mientras el nombre de los verdugos es ocultado con temor y vergüenza.

Pero el caso ha dado un giro radical en los últimos días. La Justicia chilena está procesando a varios militares implicados en el salvaje asesinato. Al mismo tiempo, con objeto de arrojar mayor luz sobre el caso y poder llevar a cabo una investigación detallada, ayer se llevó a cabo la exhumación del cadáver del artista.

Sí, no cabe duda, estoy seguro, que los mismos que aplaudieron su muerte, hoy menearán la cabeza al leer la noticia en la prensa; suspirarán, y dirán: "¿Por qué no dejarán descansar al pobre en paz? ¿Qué se gana con remover el pasado? ¿Por qué no dejarán ya tranquilos a los muertos?" Uy, creo que no me ha salido el acento chileno. Tal vez sea porque pensaba que eran españolitos los que hablaban. Porque, después de todo, allí en Chile, como en España, creo que también debe haber mucho cínico y mucho hijo de... sus padres, que descansan tranquilos cada noche, con sus muertos bien en terrados y en paz, importándoles muy poco qué fue de aquellos miles de muertos y desaparecidos y de sus familias.

El olvido nunca es bueno, jamás. Es fundamental recordar, saber, conocer. Y entonces, con la verdad en la mano, se juzga, se perdona, se asimila... Pero no se puede enterrar el pasado. Porque el día menos pensado se nos sientan a la mesa los fantasmas del terror exigiendo su plato de venganza.

Estepona, corazón de Tennessee

Grandes noticias para los aficionados a la buena música, especialmente aquélla con acento suñero, y no precisamente del Guadalquivir, sino más bien del Mississippi. Acaba de anunciarse la celebración del I Encuentro Americana Costa del Sol. ¿Qué es eso del Americana? Pues es un género musical horneado en los años noventa que vendría a ser el country de la nueva generación más innovadora. Una combinación de rock, country y folk que poco tiene que ver con los artistas country tradicionales de traje con chorreras y lentejuelas

Según los propios organizadores, "el encuentro nace con el objeto de convertirse en uno de los referentes internacionales dentro de este amplio y versátil estilo musical. Este festival se celebrará en Estepona entre los días 10 y 15 de agosto, durante los que se combinaran los mejores grupos, bandas y artistas internacionales, y por supuesto locales, performances, y actividades de ámbito cultural, en definitiva un espectáculo integral que supondrá una fiesta de música y convivencia".

El cartel no está nada mal para tratarse de un primer año y del modesto punto de partido. Hay mucho nombre nacional, entre ellos algunos grandes del country y el rock patrio: los históricos Cañones y Mantequilla, Los rebeldes, Los Silverstones, Martin & García... Y entre los internacionales más conocidos Pete Anderson y Danni Leigh.

Podéis estar al día sobre las novedades de este encuentro en el blog habilitado para la ocasión.

jueves, 4 de junio de 2009

Soy feliz, porque he vuelto a llorar

¡Por fin lo he encontrado! Llevo años bicheando por webs de cine, de vídeos sueltos, en emule... Y nada, no había manera. En cualquier caso, tampoco sabía muy bien cómo definir el objeto de mi búsqueda, por lo que no era cosa fácil. Fue un montaje especial, en una ceremonia de los Oscars a finales de los años noventa. Lo grabé en vhs a partir de la señal pirateada de Canal Plus que teníamos en casa. La señal era mala, en blanco y negro además. Pero nada de eso impidió que viera una y otra vez este vídeo durante años. El resto de la ceremonia -la de 1998, cuando los premios celebraban sus 70 años- me trajo sin cuidado.

¿De qué trataba el vídeo? Pues eran alrededor de cuatro minutos sobre los grandes momentos de la historia de los Oscars, momentos en los que, como no podía ser menos, había sonrisas y lágrimas. La carrera de Sinatra para recoger su premio, la chica india rechazando el de Marlon Brando, las pletóricas sonrisas de Burt Lancaster y Kirk Douglas, el ¡Merci beaucoup! de François Truffaut, el nudista corriendo por detrás de David Niven, el discurso de Richard Pryor, el tartamudeo de Jonathan Demme... Un repaso a los trajes de las estrellas, a los rostros a la espera de llevarse o no el premio, a las primeras ceremonias... El vídeo tiene cuatro segmentos, dos con fondo musical animado y dos con temas más melancólicos -incluido, of course, ese infalible Canon de Pachelbel-, y con cada segmento, la emoción va aumentando.

Os recomiendo que lo veáis entero, pero si vuestra vida es demasiado atareada, y a pesar de todo guardáis algo de amor cinéfilo en vuestro corazón, no dejéis de ver la última parte (comienza hacia el punto 3:40). Canta Elton John -no todo iba a ser perfecto-, y la primera imagen es un anciano Kirk Douglas recogiendo el Oscar honorífico (como todos los que vendrán luego) y anunciando orgulloso: "Puedo ver a mis cuatro hijos. Ellos han nacido de este viejo". Suma y sigue: Henry Fonda, con ese andar majestuoso y honrado como si llevase la nación sobre sus hombros, y Laurence Olivier, y un John Wayne a pocos meses de la muerte, aguantando el calor del traje de neopreno bajo el esmoquin, porque el cáncer lo había devorado hasta los huesos; y Cary Grant llorando, y Christopher Reeve en su silla, y Charles Chaplin ¡por fin! reconocido... Cierra James Stewart, con su voz inconfundible: "Me habéis dado una vida maravillosa. Dios os vendiga".

Puede que el montaje os resulte una chorrada, puede que os robe una sonrisa, tal vez una lágrima. Yo, ahora que por fin lo he localizado, lo guardaré como oro en paño. Lo he vuelto a ver esta mañana y me ha emocionado de nuevo, como suponía; como esperaba. ¡Cómo hubiese llorado si el vídeo no me hubiese hecho llorar como entonces! Porque he cambiado mucho en los últimos diez años, lo sé, pero esperaba no haber llegado a tanto.

Por suerte, sí que me he emocionado tanto como entonces, tanto como, estoy seguro, las siguientes veces que lo vea. Porque toda esa gente, esos actores, actrices, directores, no son mi familia, no son mis amigos, no los conozco en persona ni probablemente me caerían bien muchos de ellos. Pero todos, o la mayoría, forman parte ineludible de mi memoria sentimental, de mi nostalgia más íntima, y por eso a todos ellos les guardo un cariño muy especial.

Todos ellos, a través de sus películas, me han hecho pasar infinidad de buenos ratos, y estoy seguro de que me deparan muchos más. He aprendido con ellos, he reído con ellos, he llorado con ellos, he viajado con ellos. Con ellos, con la gente del cine, sea como sea su lado oscuro, la vida es siempre un poco más agradable. Y eso es algo grande.

God bless you

PD: Mr. X, no sé si llegaste a ver este vídeo en su día. En cualquier caso, va dedicado especialmente a ti.

martes, 2 de junio de 2009

Presentación de 'Crónicas del Ángel Perdido'

Vaya por Dios, con la seriedad con la que me había planteado retomar un buen ritmo de publicación en el blog, y con el susto de la pasada semana se fastidió la cosa.

Hoy escribo para anunciar la presentación este jueves, a las ocho de la tarde, del libro Crónicas del Ángel Perdido. Las ruinas del Liencarel. No es habitual ver en este blog títulos de estas características, pero lo que más me interesa del caso no es tanto la obra como su autora, una joven sevillana de nombre Laura Grau.

El jueves estaré en La Casa del Libro de Sevilla para acompañar a Laura en la presentación de su primera novela, y será un placer echar luego un rato juntos con los que os animéis a pasar por allí.

Sin ser el tipo de lecturas que sabéis que me gusta, me ha sorprendido la madurez del texto, amén de su corrección, a tenor además de la juventud de la autora. por eso será un placer respaldarla en su primera "puesta de largo" literaria. Sé de gente -Ali, Violeta...- a la que creo que la novela les encantará, aunque es sólo una suposición... Aquí os dejo la sinopsis y os invito también a pasaros por su blog.

Cuando Althea descubrió el gran secreto, no se imaginaba que su mundo cambiaría por completo. Si antes sólo era la pupila de un mago, ahora es la heredera de los ángeles. Destinada a ser la reina de un clan del que apenas conocía su existencia, deberá enfrentarse a sus nuevos poderes mientras intenta sobrevivir en una guerra de la que no formaba parte. Una tierra habitada por ángeles. Unos ángeles sin alas... Ni bondad.

viernes, 29 de mayo de 2009

(Micro) Relato: 'Supervivencia'

Pasó la página y siguió leyendo. Leía sobre los viejos tiempos, los buenos tiempos, los últimos tiempos; cuando el hombre alcanzó su máximo grado de desarrollo tecnológico, cuando los libros en papel desaparecieron contra todo pronóstico y cada aspecto de la vida cotidiana quedó digitalizado e informatizado. Leyó entonces sobre la Tercera Guerra Mundial, y sobre cómo se cumplió la profecía de uno de los grandes sabios del viejo siglo XX. Ahora, los hombres luchaban con piedras. Todo volvía a empezar. Por eso se alegraba tanto de haber conservado, a pesar de las burlas, aquel tosco y sencillo libro de papel.

jueves, 28 de mayo de 2009

Una novela terminada y un duende gordinflón

Llegó el gran día. Se acabó. Me desentendí. El pasado lunes, a eso de las ocho y media o nueve menos cuarto de la tarde, le envié un correo electrónico a mi editor con la edición definitiva de la novela. La he leído, releído, analizado por partes, reescrito situaciones y personajes, cambiado algunos nombres...

El colmo fue una semana atrás, cuando el lunes 28 di por terminado el trabajo, me metí a darme una ducha y salí medio histérico tras darme cuenta que era necesario incluir un nuevo capítulo que me permitiese dar algo más de entidad a un personaje crucial que había quedado demasiado suelto en la trama. Y en eso ocupé los siguientes siete días.

Pero hoy ya puedo respirar tranquilo. O casi. Porque ahora viene la larga espera. La elección de la portada, del tono general con el que se presentará la obra... Son muchos detalles, apasionantes todos ellos, de cara a ese lanzamiento final que, me dicen, será en octubre. Cuatro mesecillos de nada que pasan en un suspiro... eterno.

Estoy terriblemente ilusionado con el hecho de haber terminado la novela. Ilusionado y aterrado, como el niño al que se le acaba el tiempo para hacer un examen y, a punto de entregárselo a la profesora, se arrepiente de todo lo escrito y desearía poder empezar de nuevo. Por suerte, los comentarios entusiastas de tantos y tan buenos amigos que han leído la obra, me hacen tener algo más de fe en que, al menos, será un libro entretenido y de factura decente. Con cumplir esas dos claves me doy por más que satisfecho.

Y que nadie se lleve una impresión equivocada: estaba deseando compartir este gran momento con vosotros. Empecé atrabajar en la novela en enero de 2008, la di por terminada en junio de ese año, y a partir de entonces, al tiempo que comenzaba con un nuevo proyecto, inicié las sucesivas lecturas y correcciones. Después de tan largo proceso, es evidente que quería compartir con los habituales de este blog la conclusión del trabajo. Es más, incluso andaba preparando un ingenuo juego literario-cinematográfico: ofrecer las imágenes de aquellos actores que me han servido a modo de bloque de arcilla para modelar a partir de éstos a los distintos personajes de la historia.

Pero el martes, se me jorobó el invento. Andaba almorzando con Sempi y MJ y de pronto comencé a sentirme mal. Algún duende juguetón, terriblemente gordo, me presionaba el pecho y no me dejaba respirar. Al principio no sabíamos a qué achacarlo. Una comilona le juega una mala pasada a cualquiera. Pero ya de regreso a casa, la presión no cesaba, y la dificultad para respirar con normalidad permanecía. Irónicamente, en el televisor, Tony Soprano se desmayaba en medio de una fiesta como consecuencia de un ataque de ansiedad.

Por suerte, yo no me desmayé. Escribo esta entrada desde casa, porque trabajaré desde aquí durante un par de días, por aquello de relajarme cuanto pueda y asegurarme así que alejo de una vez por todas de mi alrededor a ese duende regordete que ayer volvía otra vez a usar mi pecho como cama elástica.

Dicen que madre no hay más que una, y yo tengo la suerte de que fue a tocarme a mí. La pobre, al igual que mi padre, se llevaron un buen sustillo. Pero como siempre, sus indicaciones de urgencia fueron a las mil maravillas. Y claro, también estaba ahí mi "otra" madre, esto es, la de Sempi; gracias a ambas, la cosa no ha pasado de un susto. De mi madre ya os he hablado en alguna ocasión, pero de la de Sempi creo que no. Es una mujer tan polifacética que, en su papel de brillante doctora, igual me sirve de asesora para los libros que me salva la vida, así como en su papel de suegra, me prepara unas croquetas que están para relamerse...

Si vuelvo a encontrarle algún sentido a esa idea ridícula, ya colgaré ese montaje fotográfico en el que andaba trabajando sobre los personajes de la novela. También quisiera retomar el trailer-book que empecé a preparar semanas atrás y... En fin, quisiera hacer muchas cosas, pero el martes me asusté un pelín. No fue nada, una tontería, pero volvió a hacerme reflexionar sobre el poco control real que acabamos teniendo sobre nuestras vidas. A veces hay cosas que queremos hacer, y otras que no queremos hacer, pero terminamos actuando contra nuestra voluntad porque nos vemos obligados a ello, porque no hay más remedio. Porque hay una hipoteca, un contrato, un compromiso... Y eso es una mierda. Es más, ¡Es una gran mierda!

Que les revienten la cerradura de la puerta trasera (eufemismo) a todos aquellos que acaban agobiándonos, subyugándonos y que han obligado a acuñar frases como "hay que tomarse la vida con más calma". Porque la vida, en realidad, debería ser siempre de ese modo: tranquila, apacible, bucólica, con alguna fiestecilla de vez en cuando. Así, al menos intentaré tomármela yo durante unos días por aquí, al otro lado del río y entre los árboles; leyendo mucho, pensando poco y con el sable jedi a mano por si escucho acercarse al duende gordinflón.

lunes, 25 de mayo de 2009

Día del orgullo friki (Porque yo lo valgo)

Conste que el vídeo del sábado lo colgué sencillamente por nostalgia y porque me hizo gracia. No caí en qué día era hoy. 25 de mayo, día del orgullo frikie.

Aclaremos una vez más el concepto. Según esa fuente de conocimiento siempre cuestionable que es Wikipedia, el término "Friki, friqui, frik, frikie, freaky o freak procede del inglés freak (una de cuyas varias acepciones es la de extraño, extravagante o estrafalario), es un término usado en el idioma español para referirse a la persona de apariencia o comportamiento fuera de lo habitual, interesada u obsesionada en un tema o hobby concreto en el que se considera fanático (otra acepción para freak en el idioma inglés). Este término suele tener una connotación peyorativa, atribuída por el que no se considera a sí mismo friki".

En resumidas cuentas, el término ha pasado a usarse para definir a aquellas personas que no vamos donde va Vicente, esto es, adonde va la gente. Somos, en términos más sociológicos, los que nos salimos de la manada. Es el huevo y la gallina. ¿Uno es friki porque colecciona algo que no está comido por el polvo y el moho (llámese antigüedades), o se convierte en ello porque quienes lo rodean no lo hacen, y eso hace de él un tipo "raro"?

El término friki ya no sólo se emplea para los pirados de Star Trek o Star Wars que se acuestan mirando por la ventana a la espera de que lleguen los hombrecillos verdes. Si escuchas música africana, para muchos eres un friki. Si vas vestido con ropa que no venden en Zara, El Corte Inglés o Massimo Dutti, eres un friki. Si compras vinilos en lugar de cds, eres un frikie Si no te gusta el fútbol pero recuerdas con nostalgia las series de tu infancial, eres un friki. Si ves cine de terror en versión original, llevas un blog o tienes un montón de amigos repartidos por todo el país gracias a internet, con los que quedas un par de veces al año, ¡compañero, eres un friki del copón!

En términos generales, friki tiene dos acepciones. Por un lado está ese pequeño grupo de extravagantes, obsesionados por un tema concreto que sólo viven por y para él. Pero hay excepciones. Si vas por la vida hablando sólo de Tolkien y el Señor de los anillos, eres un friki. Pero si sólo hablas de fútbol, sólo lees el Marca o el As, sólo ves la sección deportiva del telediario, y en cuanto llegas del curro te pones la camiseta de tu equipo, entonces no eres friki. Eres otra cosa, ¿pero friki? ¡No! Porque, como es fútbol... Por otro lado que la definición de friki —"persona de apariencia o comportamiento fuera de lo habitual, interesada u obsesionada en un tema o hobby concreto en el que se considera fanático"— encaje como anillo al dedo con los "capillitas" de Semana Santa o los fieles de Fernando Alonso, tampoco significa nada, porque también son "cosas" aceptadas socialmente.

Y esto nos lleva a esa otra acepción de friki, la más genérica, en la que entraría el grueso de esos frikis que conozco y en la cual me incluyo: gente que no se deja llevar, que no permite que le impongan las modas, que sabe escoger, que quiere elegir, que no quiere ser igual que nadie por desidia, aunque le importe tan poco que ni siquiera piense en ello. Sencillamente va a su aire. Esta modalidad de friki es el nuevo paria social, el individuo peligroso, porque ya sabemos que todo lo "raro", lo que se sale de lo común, es peligroso. Casualmente, si hay algo común a la inmensa mayoría de frikis que conozco es que son lectores voraces, amén de grandes cinéfilos en muchos casos.

Así que, sí, friki y orgulloso de serlo. Soy raro de narices, afortunadamente. Porque, ¡qué triste sería este mundo si todos fuésemos iguales! Y para celebrarlo, ya veré que hago hoy. Tal vez me vea algunos capítulos de V, del Coche fantástico, del Equipo A o de MacGyver. O quizás me deleite reordenando todas las novelas y pastiches holmesianos, o la colección completa de novelas oficiales y oficiosas de 007. Quizá limpie la hebilla de Río Rojo, réplica de la que lucía John Wayne en buena parte de sus películas, o le cambie las baterías al sable láser de Obi Wan que tengo junto a mi teléfono de principios del siglo XX, o saque a pasear la capa oficial de Superman que atesoro con tanto cariño como el sombrero de Indiana Jones. Puede que ponga algún disco de Elvis, en vinilo, por supuesto, mientras le quito el polvo a mis figuras de Drácula (versión Christopher Lee), Johnny Cash, Don Vito Corleone, El Nota o El Especialista Mike.

O puede, sencillamente, que piense en un post para mañana.

Para los que queráis saber vuestro grado de frikismo, aquí os dejo un test.

sábado, 23 de mayo de 2009

Yo crecí en los 80 (y sobreviví)

Esto de internet es fantástico. ¡Descubre uno cada cosa! El amigo Kinezoe me ha hecho pasar un rato fantástico, de esos de sonrisa bobalicona nostálgica, de la mano de un grupo de metal freak (?) que responde al nombre de El Reno Renardo. El temazo que os traigo se titula Crecí en los 80, y para los que hacemos honor a esa denominación, no tiene desperdicio.

La letra es larguísima, así que no la reproduciré. Quien no la entienda bien -los angelitos no se distinguen por su dicción brillante-, puede leerla aquí. Eso sí, os dejo el estribillo para que veáis por dónde van los tiros...

Yo crecí en los 80
Y sobreviví
Haciendo la grulla
De Karate kid
Yo crecí en los 80
Cantando Parchís
Elásticos rojos
Y parches de Kiss...


viernes, 22 de mayo de 2009

Luz verde (perdón) a los lagartos

Feliz y contento luzco desde ayer tras leer por ahí la noticia que llevaba tiempo esperando. La cadena de televisión estadounidense ABC ha dado luz verde a la puesta al día de la serie V. Bueno, de momento ha dado su visto bueno al episodio piloto, y según vayan las cosas así se plantearán el futuro. Crucemos los dedos por tanto para que los resultados, en todos los sentidos, sean mejores que los obtenidos por la nueva generación de El coche fantástico, que no vale un colín, y así le va.

La adaptación correrá a cargo Scott Peters, uno de los creadores de la serie de ciencia ficción Los 4.400, y en lugar de un Mike Donovan de pelo en pecho como protagonista, la nueva serie tendrá a una tal Erica Evans, que no será reportera, sino agente de seguridad (aunque también habrá un periodista por ahí). Estos dos datos, guionista y cambio de rol principal, me dan mala espina, y me hacen temblar ante la idea de que puedan darle un revolcón tan contundente a la serie como ya hicieran como Galactica, otra producción de la misma época.

Eso se sabrá fácilmente. Si el piloto tiene éxito, y se plantean V como una serie larga, recoge el chiringuito y vámonos a otra playa, porque el invento no va a funcionar. Esa historia está llamada a ser corta, al grano. Y para muestra, lo ocurrido con la original.

Como ya sabréis la mayoría, y para los que no, aquí estoy yo, V se planteó como una miniserie, con cuatro capítulos de 45 minutos de duración cada uno, cuya primera parte se rodó en 1983. Como la cosa funcionó, en 1984 se rodó V. La Batalla Final, con tres capítulos de dos horas de duración cada uno. A la audiencia le siguió gustando, y los de la cadena de televisión dijeron entonces eso tan gracioso de: "Manolo, tira pa'lante". Y Manolo tiró lo que pudo de una historia que había quedado redonda como estaba y que, en los 19 capítulos siguientes, no hizo más que estirarse, expandirse y quedar aplastada como un chicle.

Como ya comentaba en una entrada meses atrás, el estreno en V España, allá por 1984, causó tal sensación que hasta el humorista Pepe DaRosa le dedicó una de sus agudas coplillas: Los lagartos de la tele. Veinticinco años después, convertida en leña de candela ‘frikie’, la serie se sigue disfrutando con la mirada ingenua de la infancia, sin dejar que nos afecte el hecho de que mala, lo es de categoría. Debido al precario presupuesto, se emplearon una y otra vez los mismos planos de las naves espaciales estrellándose, sobrevolando la ciudad o, sobre todo, saliendo de la nave nodriza. Además, resulta gracioso ver cómo, a pesar de lo nutrida de botones que está la consola de dicha nave, el lagarto de turno pulsa siempre los mismos botones sea para lo que sea. Eso sin contar con cómo Mike Donovan entraba y salía de esa nave como Pedro por su casa. Pero, ¿no son esos detalles los que dan un encanto especial a estas series míticas?

Eso sí, el contenido implícito de la serie, el mensaje oculto bajo la piel de lagarto, no hay galgo que se lo salte. Entre discursos de aquel cura que siempre metía la pata, el anciano rebelde con un nieto empeñado en lucir uniforme de los visitantes y la madre del protagonista, más traicionera que Angela Chaning con jaqueca, unos cuantos nos empapamos de un asunto que, ya mayorcitos, nos ayudaría a emocionarnos como Dios manda viendo Casablanca. Y es que al parecer, la idea inicial de Kenneth Johnson (responsable del asunto) era hacer una miniserie contando el sacrificio de un grupo de la Resistencia francesa durante la ocupación nazi. Pero en la cadena de televisión le dijeron que el americano medio no estaba para dramas europeos., y Johnson, muy listo él, se las dio de trilero y cambió los años cuarenta por los ochenta, los nazis por unos extraterrestres, los gabachos por los yanquis, y aquí paz y después gloria. Vale que la cosa degeneró un poco, sobre todo en la tercera temporada, pero la idea era la que era.

Pues nada, esperaremos a ver qué ocurre con esta nueva versión de V, cuyo estreno está previsto para comienzos 2010. A pesar de los comentarios anteriores, las imágenes que he visto no tienen nada de mala pinta. Se ve que la inversión ha sido bastante más generosa que 25 años atrás, y la nueva Diana —una lagartona más que una lagarta-, Morena Baccarin, pues... pues eso, la nueva Diana. Aquí os dejo dos promos distintas que se han hecho públicas hasta ahora.





Señores de la ABC, sean ustedes buenos con los treinteañeros que hemos crecido encariñados con esta serie. Seguir estándolo tras tantos años, a la vista de aquellas gafas a lo Niña de la Puebla, aquellos uniformes con aires de butanero o aquellos cardados de las extraterrestres... digo yo que nos merecemos tener una nueva V a la altura, como mínimo, de su predecesora. Por lo menos, en lo que a encanto y nostalgia frikie se refiere.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Aires veraniegos para el blog

Bueno, aún no ha llegado el verano pero quería refrescar un poco el blog. Sí, un nuevo cambio de imagen. Ya sé que es la tercera vez. ¿Qué le voy a hacer? Me canso de tener siempre el mismo aspecto, ya se trate de mí o de mi blog. ¡Qué sería de los diseñadores de moda y de las tiendas del sector si nos dedicásemos a llevar siempre el mismo tipo de ropa! Aunque, ahora que lo pienso, sí que hay gente que lo hace, y en manada, además. Pues benditos sean.

Pero yo he querido darle aires relajantes al blog, a ver si se me pega algo. Y en esta época, nada más relajante que una terraza a pie de playa. Pero en algún lugar perdido, ¿eh?, sin domingueros, turistas, vecinos de apartamentos, vendedores de puñetitas... Lo que se dice relajarse, vamos. Y ya, de paso, pues he aprovechado para escoger un modelo que diese mayor espacio al texto de las entradas, pues la columna del anterior me resultaba demasiado estrecha. Acababa uno con complejo de máquina de escribir, obligado a pasar de lado a lado casi de inmediato.

También he probado con el fondo negro, y no creáis que me disgusta. Muy elegante. Y además, dicen que para leer en pantalla nada mejor que el blanco sobre negro. Pero se me antojaba pelín lúgubre. ¿Quién sabe? Tal vez, para el otoño.

En fin, espero que el cambio no os desagrade demasiado, y sobre todo, que los nuevos contenidos os interesen, cuanto menos, como hasta ahora. Últimamente anda la cosa floja, ya lo sé. Pero espero remontar pronto, y que os siga apeteciendo venir a echar un rato agradable de vez en cuando a este rincón nuestro, al otro lado del río y entre los árboles...

lunes, 18 de mayo de 2009

Esa bastarda de ojos vacíos llamada Muerte

Dori es una veinteañera risueña, hiperactiva, con ganas de comerse el mundo y de exprimir cada segundo que le dé la vida; como debería ser cualquier veinteañero. El pasado domingo se levantó temprano para ir al centro de la ciudad, a seguir llevando las diversas actividades que coordina en una de las carpas de la Feria del Libro. Se había tomado el asunto tan en serio que incluso no salió la noche anterior para estar al cien por cien de rendimiento. Desayunó, se montó en su Opel Corsa y puso rumbo a su destino.

Al llegar a lo alto de uno de los puentes que cruzan sobre las vías del tren, un semáforo la obligó a frenar. Dos coches, tal vez tres, ya estaban detenidos ante la luz roja. Así lo hizo también Dori. Mientras pasaba el tiempo, los segundos, tal vez cambió el dial de la radio, tal vez repasó mentalmente la agenda del día, o incluso rebuscó en el bolso para comprobar que no olvidaba nada.

Fuese lo que fuese lo que estaba haciendo, no lo vio llegar. Sólo lo sintió. Un golpe terrible a su espalda que la empujó hacia delante con la misma violencia con la que el impacto con el siguiente coche hacía saltar el airbag y le propinaba un asfixiante impacto en el rostro. A setenta, tal vez a ochenta kilómetros por hora, fue la estimación inicial de la policía de la velocidad del coche que provocó el accidente. No intentes imaginarlo. Es sencillamente terrible.

Dori salió del Corsa por su propio pie, asustada, desconcertada, frenética. Pero aún tuvo la serenidad de pensar que prefería llamar a su hermana antes que a sus padres. Ella, suponía, reaccionaría con más sosiego.

Y su hermana, María José, estaba con Sempiterna y conmigo.

María José ha sido ese gran regalo que nos ha deparado 2009. Al igual que Adri, Ali, Violeta, Pepe o Clara lo fueron en 2008, o Teo y Mari en 2007, este año hemos tenido la suerte de cruzar nuestro camino con el de este ser humano maravilloso que es Meriyou. Y si hay algo peor que ver sufrir a cualquier persona, es asistir a la angustia de alguien a quien quieres.

Estábamos juntos porque ambos andamos trabajando en un proyecto literario. Sempi se marchaba a trabajar en la Feria del Libro, precisamente junto a Dori. Desayunamos los tres y nos despedimos. Fue entonces cuando recibimos la llamada, y María José y yo pusimos rumbo al lugar del siniestro. Por suerte, quedaba muy cerca de donde estábamos.

Cuando llegamos ya había allí una ambulancia atendiendo a todos los implicados, y varios agentes de la Policía Local comenzaban a tomar los datos para el atestado. Los coches lo contaban todo: el de Dori se había llevado la peor parte, había quedado casi como un acordeón (“esto es casi seguro siniestro total”, diría luego el tipo de la grúa). Uno de los sanitarios, hablando después con otro compañero y uno de los policías, fue tan claro como crudo: "si esta chica no llega a tener un coche delante, igual ni lo cuenta, porque el airbag no le salta, y el golpe ha sido terrible". Pero saltó. Saltó incluso el del asiento del acompañante, y lo hizo con tanta virulencia que dejó hecho añicos buena parte de la luna delantera.

No hubo que lamentar víctimas, ni siquiera heridos graves. Solo algunos esguinces y rasguños, que no es poco. Por eso, cuando los padres de Dori llegaron al lugar, sus miradas centelleaban con tanta emoción que llegué a sentir que aquel momento, trágico e incluso caótico, con tanta gente que iba y venía, resultaba para ellos de una intimidad casi dolorosa. Aquellos padres, al tener ante sí a su hija andando por su propio pie, que podía abrazarles y contarles entre lágrimas lo ocurrido, aquellos padres, decía, volvían a ver nacer a su pequeña por segunda vez.

Pasé buena parte de la mañana con esta familia -entrañable, por cierto, hasta lo indefinible-, ayudando en lo que estaba en mi mano, que era bien poco, y sobre todo, intentando no entorpecer en esa intimidad trágica que afloraba de vez en cuando ante la conciencia de lo que pude ser y afortunadamente no fue.

Hoy, Dori está mejor. Un par de semanas con collarín, pomadas y mucha tranquilidad, y estará repuesta por completo, con más ganas que nunca de comerse ese mundo que no podría seguir sin ella. También sus padres andan ya más tranquilos, aunque supongo que el corazón aún se les acelerará en ocasiones al caer la noche y planear sobre ellos el recuerdo de lo ocurrido.

Por mi parte, no puedo dejar de pensar en cómo la vida cambia con un simple chasquear de dedos. En cualquier momento, por cualquier razón, por cualquiera de esos "totales" que comentaba con Gabriel, el padre de Dori y María José: "total, por una cerveza...", "total, por diez kilómetros más...", "total, por no llevar el cinturón de aquí hasta allí...", “total, por…”

Y es que a la Muerte nunca la ves venir. Es muy lista, la hija de perra. No luce túnica negra con capucha ni alza su guadaña al aire. Va vestida de destino ansiado al final de la carretera, de reloj que marca tarde la hora de llegada al trabajo, de sorbo de alcohol inocente antes de volver a casa, de discusión absurda que se enardece por momentos...

El domingo, cuando celebré con la familia de Dori que la chica volvía a nacer, volví a ser consciente de todas esas cosas por las que vale la pena vivir. Y vivir de verdad, a fondo, cada instante, disfrutando de las mil y una maravillas que tenemos ante nosotros, desde la belleza de una puesta de sol a la compañía del mejor de los amigos. Hay que vivir la vida con tanta intensidad como podamos, pero sin caer jamás en el error de darle cualquier excusa a esa pequeña bastarda de ojos vacíos que anda siempre acechando, esperando para entrar en acción.

Te pasaste de lista esta vez, Muerte. Johnny, ¿haces los honores?