jueves, 28 de mayo de 2009

Una novela terminada y un duende gordinflón

Llegó el gran día. Se acabó. Me desentendí. El pasado lunes, a eso de las ocho y media o nueve menos cuarto de la tarde, le envié un correo electrónico a mi editor con la edición definitiva de la novela. La he leído, releído, analizado por partes, reescrito situaciones y personajes, cambiado algunos nombres...

El colmo fue una semana atrás, cuando el lunes 28 di por terminado el trabajo, me metí a darme una ducha y salí medio histérico tras darme cuenta que era necesario incluir un nuevo capítulo que me permitiese dar algo más de entidad a un personaje crucial que había quedado demasiado suelto en la trama. Y en eso ocupé los siguientes siete días.

Pero hoy ya puedo respirar tranquilo. O casi. Porque ahora viene la larga espera. La elección de la portada, del tono general con el que se presentará la obra... Son muchos detalles, apasionantes todos ellos, de cara a ese lanzamiento final que, me dicen, será en octubre. Cuatro mesecillos de nada que pasan en un suspiro... eterno.

Estoy terriblemente ilusionado con el hecho de haber terminado la novela. Ilusionado y aterrado, como el niño al que se le acaba el tiempo para hacer un examen y, a punto de entregárselo a la profesora, se arrepiente de todo lo escrito y desearía poder empezar de nuevo. Por suerte, los comentarios entusiastas de tantos y tan buenos amigos que han leído la obra, me hacen tener algo más de fe en que, al menos, será un libro entretenido y de factura decente. Con cumplir esas dos claves me doy por más que satisfecho.

Y que nadie se lleve una impresión equivocada: estaba deseando compartir este gran momento con vosotros. Empecé atrabajar en la novela en enero de 2008, la di por terminada en junio de ese año, y a partir de entonces, al tiempo que comenzaba con un nuevo proyecto, inicié las sucesivas lecturas y correcciones. Después de tan largo proceso, es evidente que quería compartir con los habituales de este blog la conclusión del trabajo. Es más, incluso andaba preparando un ingenuo juego literario-cinematográfico: ofrecer las imágenes de aquellos actores que me han servido a modo de bloque de arcilla para modelar a partir de éstos a los distintos personajes de la historia.

Pero el martes, se me jorobó el invento. Andaba almorzando con Sempi y MJ y de pronto comencé a sentirme mal. Algún duende juguetón, terriblemente gordo, me presionaba el pecho y no me dejaba respirar. Al principio no sabíamos a qué achacarlo. Una comilona le juega una mala pasada a cualquiera. Pero ya de regreso a casa, la presión no cesaba, y la dificultad para respirar con normalidad permanecía. Irónicamente, en el televisor, Tony Soprano se desmayaba en medio de una fiesta como consecuencia de un ataque de ansiedad.

Por suerte, yo no me desmayé. Escribo esta entrada desde casa, porque trabajaré desde aquí durante un par de días, por aquello de relajarme cuanto pueda y asegurarme así que alejo de una vez por todas de mi alrededor a ese duende regordete que ayer volvía otra vez a usar mi pecho como cama elástica.

Dicen que madre no hay más que una, y yo tengo la suerte de que fue a tocarme a mí. La pobre, al igual que mi padre, se llevaron un buen sustillo. Pero como siempre, sus indicaciones de urgencia fueron a las mil maravillas. Y claro, también estaba ahí mi "otra" madre, esto es, la de Sempi; gracias a ambas, la cosa no ha pasado de un susto. De mi madre ya os he hablado en alguna ocasión, pero de la de Sempi creo que no. Es una mujer tan polifacética que, en su papel de brillante doctora, igual me sirve de asesora para los libros que me salva la vida, así como en su papel de suegra, me prepara unas croquetas que están para relamerse...

Si vuelvo a encontrarle algún sentido a esa idea ridícula, ya colgaré ese montaje fotográfico en el que andaba trabajando sobre los personajes de la novela. También quisiera retomar el trailer-book que empecé a preparar semanas atrás y... En fin, quisiera hacer muchas cosas, pero el martes me asusté un pelín. No fue nada, una tontería, pero volvió a hacerme reflexionar sobre el poco control real que acabamos teniendo sobre nuestras vidas. A veces hay cosas que queremos hacer, y otras que no queremos hacer, pero terminamos actuando contra nuestra voluntad porque nos vemos obligados a ello, porque no hay más remedio. Porque hay una hipoteca, un contrato, un compromiso... Y eso es una mierda. Es más, ¡Es una gran mierda!

Que les revienten la cerradura de la puerta trasera (eufemismo) a todos aquellos que acaban agobiándonos, subyugándonos y que han obligado a acuñar frases como "hay que tomarse la vida con más calma". Porque la vida, en realidad, debería ser siempre de ese modo: tranquila, apacible, bucólica, con alguna fiestecilla de vez en cuando. Así, al menos intentaré tomármela yo durante unos días por aquí, al otro lado del río y entre los árboles; leyendo mucho, pensando poco y con el sable jedi a mano por si escucho acercarse al duende gordinflón.

7 comentarios:

sempiterna dijo...

Lo siento por los amantes de la fantasía que hay entre vosotros, que sé que son muchos, pero de nunca me han gustado los duendes. Pumuki, quizás, y sé que ese no os gusta a los que os gustan. Yo soy así. Y por supuesto que quiero que se vaya ya ese duende gordinflón. Y que no vuelva.

Violeta dijo...

Joooo, y yo que apenas puedo entrar en internet y no me entero de estas cosas. Leñeee, que desconectada estoy del mundo y de mis amigos, ainsss!!
Me alegro que solo fuera un susto, Javier.
Conozco a ese duende gordinflón porque me hace visitas de vez en cuando.
Pasamelo con el sable laser, que ahora que tengo la piscina casi preparada para los baños, voy ahogandolo yo a él.

Un beso enorme, y recuerda que estáis rodeados de amigos, que cuando necesiteis algo, solo tienes que silbar.

Laura dijo...

Esperemos que ese duende se haya alejado y se haya buscado otro pasatiempos que no sea instroducirse en cuerpos ajenos.

Un saludo y gracias por tus ánimos.

Kinezoe dijo...

Mucho éxito en tu próximo lanzamiento editorial, y que ese duende gordinflón no vuelva a hacer acto de presencia nunca más.

Mientras tanto tú haz como el Nota, tómatelo con calma ;)

Un saludo!

Javier Márquez Sánchez dijo...

Muchas gracias a todos... Aquí andamos de nuevo.

José Angel Muriel dijo...

Me alegro de que estés mejor y de que empieces otra etapa distinta de estrés con tu novela. Cuidate.

Patti dijo...

¡Javier! Muchísimas felicidades. ¿Y cuál es tu ritual de "novela finalizada"? Yo oscilo entre el whisky y el chocolate.
Pues vamos a presentar libro el mismo mes. A ver si coincidimos. Intentaré hacerte llegar un ejemplar en cuanto esté lista la edición. ¡Muchísima suerte!
Yo aquí sigo de exámenes, pero termino el viernes y comienzo novela nueva. Me voy a tomar unas laaargas vacaciones literarias en México.
Ya te contaré.
Un beso y felicidades de nuevo.