viernes, 30 de enero de 2009

El último concierto de los Beatles, hace 40 años

Tal día como hoy de hace cuarenta años, los Beatles daban su último concierto juntos. Fue una actuación singular, probablemente la más original de la historia de la música. Nadie avisó de ella, no hubo montaje previo, sencillamente subieron a la azotea del edificio de oficinas de Apple y se pusieron a tocar.

Era el 30 de enero de 1969, y con aquel concierto los de Liverpool daban por finalizadas las sesiones de su nuevo trabajo, Let it be. Unos meses después grabarían otro disco, Abbey Road, que salía a la venta en septiembre de aquel año. Let it be no se publicaría hasta mayo del 70; fue el último disco de los Beatles.

La banda había pasado varias semanas en el estudio intentando crear un conjunto de canciones de la manera más natural y directa posible. Volver a los orígenes, al rhythm & blues de sus comienzos, y hacerlo todo de un tirón, nada de montajes y efectos como en los trabajos anteriores. Incluso ficharon a Billy Preston, que pasaría a la historia, entre otras cosas, como el quinto Beatle, para que se hiciese cargo de los teclados y no tener así que añadir nada a la grabación original.
Aquellas sesiones se rodaron con objeto de hacer un documental que permitiese ver a los Beatles en pleno proceso creativo. Pero también resultó ser una íntima y dolorosa crónica de la inevitable ruptura de los cuatro amigos. En sus imágenes se advierte la necesidad de McCartney de tomar las decisiones, el desdés de Lennon, siempre acurrucado con Yoko Ono, la necesidad de Harrison por hacer oír su voz, y la indiferencia total de Ringo, que como siempre, andaba en la parra.

Pero eran los Beatles, después de todo, así que les salió un álbum sensacional, y el documental, del mismo título, no tiene desperdicio. Como final apoteósico a éste habían pensado dar un gran concierto en el que tocasen las versiones definitivas de las nuevas canciones. Plantearon hacerlo en unas ruinas griegas, a bordo de un trasatlántico y en veinte sitios más. Pero eso fue al principio. Tras varias semanas de tensiones, discusiones y abandonos temporales, tenían el cuerpo para pocas fiestas. "Subamos a la azotea y acabemos de una vez", dijo alguien. Y así lo hicieron.

Y es sorprendente cómo, a pesar del mal clima imperante, la actuación de los cuatro artistas resulta de una vitalidad contagiosa. Ante la música, en medio de una apacible jornada laboral, cabezas curiosas comenzaron a surgir por todas las ventanas. Las azoteas colindantes acogían a los vecinos, y por la calle, los sorprendidos oficinistas del West End que iban y venían, miraban a las cámaras de cine preguntándose si aquello no sería más que una broma.

Sin permisos de ningún tipo para la celebración del acto, y ante la alteración del orden público que aquello suponía, los agentes de la ley no tardaron en personarse en el lugar. Primero pidieron amablemente que todo acabase de una vez, pero los Beatles pensaron que sería un final perfecto para el documental que la policía tuviese que entrar y arrastrarlos con los instumentos aún en las manos. Al final no fue tanto. Todo acabó bien. Unos bobbys londinenses clausuraron la última actuación en directo de los Beatles a los cuarenta y dos minutos de haber comenzado. "Quiero dar las gracias en nombre propio y del grupo, y espero que hayamos pasado la prueba", dijo Lennon antes de retirarse.

Los que queráis escuchar el histórico evento podréis encontrarlo circulando por muchos rincones de internet con el título The Rooftop Concert. Por mi parte prefiero dejaros con los primeros siete minutos de imágenes del espectáculo.

jueves, 29 de enero de 2009

Kind of Blue. "El" disco de jazz

El 2 de marzo de 1959, a eso de las dos y media de la tarde, comenzó a sonar música en el estudio de grabación que Columbia Records tenía en la calle 30 de Nueva York. Era un lugar especial, una antigua iglesia adaptada para la ocasión que confería un sonido particular a las sesiones que se desarrollaban allí. Y la de aquel día, desde luego, iba a ser algo diferente.

La sala estaba reservada a nombre del trompetista Miles Davis. Con tan sólo treinta y tres años, el trompetista afroamericano era toda una leyenda del jazz. Había debutado en la escena discográfica una década atrás con Birth of the Cool, un disco revolucionario que marcó un cambio de rumbo en el género y convirtió a Davis en uno de sus gurús. Pero aquello no era más que el principio. El músico, nacido Alton, Illinois, en mayo de 1926, estaba predestinado a dar otros muchos golpes de timón.

Las revistas hablaban de la elegancia del trompetista, de su distinción, de su capacidad para seducir mujeres y para meterse en problemas. Pero también resaltaban su creatividad y dedicación. Sólo en 1958 salieron al mercado cuatro discos con su nombre, entre los que cabe destacar la magistral aproximación a la ópera de Gershwin Porgy and Bess o L’ascenseur pour l’echafaud, banda sonora de la película del francés Louis Malle Ascensor para el cadalso.

Ya para la grabación de aquel trabajo Miles Davis se adentró en la senda que marcaría un universo musical radicalmente nuevo. Sin tiempo para ensayar con la banda ni preparar material, Davis llegó a París, se encerró en el estudio con los músicos y pidió que les proyectarán la película varias veces. Sin más que eso, alguna indicación y mucho talento, fue tomando cuerpo, poco a poco, una de las más bellas bandas sonoras de la historia del cine.

Con la nueva experiencia en la mente, nacida en buena medida de un tipo de improvisación completamente nuevo, en 1959 Davis se metió con uno de sus proyectos más curiosos, Sketches Of Spain, un álbum que nacía de la audición de un viejo disco español que incluía piezas con tanta idiosincrasia como una saeta. Davis tomó esas bases tradicionales y las pasó a través de su trompeta con sordina, resultando un trabajo tan rompedor como delicioso.

Y entonces llegó aquel 2 de marzo. La idea del músico era recuperar lo sucedido en el estudio de grabación parisino pero con más decisión, más intencionalidad. La idea era alumbrar un nuevo tipo de jazz a partir de nuevas melodías que nada tuvieran que ver con los estándares americanos, escritos habitualmente por blancos. Desde hacía tiempo Davis andaba detrás de conseguir un nuevo estilo de composición de raíces más africanas que occidentales, una nueva forma de expresión musical, que habría de consolidarse en aquellas dos sesiones legendarias. El objetivo: desarrollar improvisaciones sobre escalas en vez de acordes, lo que ofrecía mucha más libertad al músico.

Para afrontar esta empresa Davis convocó en el estudio a un equipo de primeros espadas del jazz, músicos de intachable reputación que en la mayoría de los casos contaban con sus propias formaciones. Jimmy Cobb, que a lo largo de las dos sesiones hizo lo posible por no salir en ninguna fotografía, se sentó a la batería; Paul Chambers se hizo cargo del bajo; Cannonball Adderley y John Coltrane empuñaron los saxos, Bill Evans y Wynton Kelly controlaron sendos pianos y Miles Davis permaneció impasible ante su trompeta.

Medio siglo después, el disco resultante, Kind Of Blue (algo así como ‘Una especie de tristeza’), mantiene su frescura y capacidad de seducción tan intacta como el primer día. Está considerado no sólo el disco más importante de la historia del jazz, sino también todo un hito de la música sin etiquetas. Entre otras hazañas, el álbum ha logrado convertirse en el primer trabajo de jazz en alcanzar el primer puesto de las listas españolas. Lo ha logrado con la nueva edición lanzada por Sony&BMG con motivo del aniversario. Se trata de una edición especial que incluye dos compactos, un dvd y un libreto con notas y abundante material fotográfico. Todo material es poco para celebrar la excelente salud de una de las obras maestras de la historia de la música.

Cuando Miles Davis grabó Kind of Blue ya había pasado por el bebop y el cool. Recién creado el jazz modal, habría de llegar aún la fusión con el rock, el pop y el funk. No cabe duda de que se trataba de un músico sin parangón. Algunos puristas aún recelan de él, pues estiman que dio más giros negativos que positivos, pero con perspectiva histórica y sus discos en la mano, es innegable el papel jugado por este trompetista en el desarrollo del género musical en el que se movió toda su vida.

Sobre la repercusión que tuvo el lanzamiento de Kind Of Blue, basta decir que se convirtió en un símbolo de sofisticación. Lo lucían orgullosos tanto el estudiante universitario de Nueva York como el ‘play boy’ de California. Era un código. En el documental que acompaña a esta reedición, el actor Bill Cosby recuerda cómo en sus días de estudiante no dejaban de escuchar el álbum. Era un sonido que transportaba a otros lugares, que ensanchaba la mente. Alguien llegó a definirlo como un viaje de LSD sin peligro de ser arrestado.

Por otro lado, en el aspecto musical, la revolución que supuso Kind of blue es más que evidente. Los solos instrumentales, por ejemplo, se abrieron a un nuevo campo de desarrollo a partir de este disco. Los músicos, no sólo de jazz, también de rock, de pop e incluso de clásica, estudiaban con atención cada uno de sus cortes para intentar trasladar a sus respectivos campos de trabajo las sorprendentes innovaciones logradas por Miles y sus músicos.

Y como toda leyenda, también este disco tiene su lado oscuro. Poco después de su lanzamiento comenzó a circular en prensa y ambientes musicales la acusación contra Davis de que debería haber compartido el mérito creativo con sus músicos. Algunos mantenían que el trabajo de creación e inspiración no había sido solo cosa suya. Y si bien todos colaboraron, sí es cierto que uno de los compañeros de estudio tuvo un papel especial en aquella grabación: el pianista Bill Evans. 

Evans tenía un carácter completamente opuesto al de Miles, pero ambos compartían un gran talento para la improvisación y la creación de nuevos sonidos, así que conformaron la pareja perfecta para trabajar en el concepto de Kind of blue. A lo largo de los años, Evans intentó que se reconociera su autoría en el proyecto, y aunque Davis la negó en principio, años después admitiría que las aportaciones de Evans resultaron cruciales. Con todo, no hasta el punto de aceptar compartir la portada con él.

Arisco, soberbio, desafiante, introspectivo... está claro que Miles Davis no era lo que se dice un tipo agradable, pero eso es algo que ha importado a poca gente a lo largo de los años. Porque cuando subía al escenario y empuñaba la trompeta, entonces se convertía en el artista mágico y evocador al que todos querían escuchar.

Aquí os dejo con So What, el tema más emblemático del disco.


miércoles, 28 de enero de 2009

Ciudadanos, sí o sí

Por fin. Ya sé que una decisión del Tribunal Supremo no zanja el debate del todo, y siempre habrá resquicios, pero, grosso modo, la cosa ha quedado clara: no habrá objeción de conciencia que valga para la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

Claro que no, oiga, ¿pero es que estamos locos? De modo que mañana, si a un padre no le parece bien que su hijo aprenda que los franceses nos invadieron en 1808, se declara objetor de conciencia de Historia, y aquí paz y después gloria.

Tal y como van las cosas, no es que deba ser obligatoria Educación para la Ciudadanía, es que casi debía ser una asignatura de sobresaliente obligado. Estamos hablado de una asignatura donde no te enseñan a restar, ni a calcular fórmulas ni a poner correctamente las tildes y las matildes, sino a respetar al que está a tu lado, a tener conciencia de ser "ciudadano", de "animal político", que como ya no hay griego ni latín, y lo de la filosofía anda también en vías de extinción, no tenemos ya ni idea de lo que suponían esos conceptos.

En algunas películas, el tipo duro va y dice: "Jamás me fío de alguien que no bebe". Pues a mí me ocurre igual con este asunto, ¿cómo te vas a fiar de alguien que no quiere que su hijo se eduque para una vida en comunidad? Que no hablamos de gustos ni de opciones. Porque que alguien tire un papel en la calle, me insulte o no trate con respeto a cuantos y cuanto le rodea, no es ninguna opción, sino una condición fundamental de convivencia.

¿Qué pasa? ¿Que a lo mejor se habla de anticonceptivos? ¿Y qué? ¿Que eso va contra su religión? Bueno, insisto, ¿y qué? El conocimiento, que no implica la acción, no va en contra de ninguna creencia religiosa, todo lo contrario. El hecho de que un chico -o su familia, más bien- sea de una religión que prohíbe los anticonceptivos no implica que él no deba conocerlos. Porque nunca se sabe lo que puede pasar, porque el conocimiento es lo que da libertad al individuo, y porque los caminos del Señor son inescrutables, ¿o no? Pues eso.

Pero esto no acaba aquí, claro. Seguro que los iluminados mediáticos de costumbre arengarán a sus fieles para que salgan en manifestación contra la decisión del Supremo. Y cualquiera que venga de fuera y vea el espectáculo dirá: "¡Oh, my God, en esa asignatura deben enseñar cómo excluir a los de otra raza, repudiar a los de otra religión o insultar a la abuela después de robarle la pensión!". Pero no, oiga, no es así para nada. ¿Será que es eso lo que a muchos le gustaría, que se impartieran “principios” más afines a sus creencias particulares? Bueno, menos lo de la pensión, eso ya no.

Ocurra lo que ocurra, celebro la decisión del Supremo.

El espectáculo rockero del hermano Bruce, en Sevilla

Bruce Springsteen actuará por fin en Sevilla. ¡Aleluya! (Todos: ¡Aleluya!). Para hoy tenía previsto precisamente un post sobre su nuevo disco, que ya he escuchado a fondo un par de veces, pero esta mañana me he topado con esta noticia y todos los planes se han venido abajo. Porque, hermano, Bruce Springsteen actuará por fin en Sevilla. ¡Aleluya! (Todos: ¡Aleluya!).

Es muy curiosa la situación. Venía hacia el trabajo comentando la noticia con mi compañero Natalio (Springsteeniano de pro, que me metió el gusanillo en el cuerpo hace ya una década), y ambos estábamos entusiasmados. Pero no por nosotros, y ahí está lo grande. Nosotros ya habíamos hablado de ir a Málaga -ciudad que parece que se ha caído de la lista de cinco las españolas donde actuará- o a cualquier otro sitio; como de costumbre, no hay problema. Lo que ha provocado esta noticia en nosotros ha sido un fulminante repaso mental de todas las personas a las que quisiéramos convencer para que nos acompañasen a este concierto. Amigos y familiares que, por circunstancias varias, no suelen tener por norma esa locura que es agarrar la muda y la entrada y largarse donde haga falta para ver a quien sea preciso.

A ambos nos ha hecho gracia la idea. Viene Bruce, y lo veremos, pero esta vez lo mejor será que podremos descubrirle el gran secreto a nuestros seres más queridos. Esto es como el que va a Lourdes y en el siguiente viaje lo empeña todo para llevar a su familia. Bueno, no es igual pero parecido. Sin duda es más divertido, auténticamente revelador y el espectáculo está garantizado. Pero sobre todo, te insufla vida al espíritu, ¡y de qué manera! El milagro del rock'n'roll.

El concierto será el jueves, 30 de julio, calculo que a eso de las nueve de la noche. No valen excusas de que si trabajo o tengo que venir de Umbrete. Se le dice al "boss" que vamos a ver al auténtico boss, y se acabó. Y si no, un resfriado veraniego lo tiene cualquier. Habrá mordiscos y bofetás para conseguir entradas -porque es Bruce, no Madona, cuidadín; el boss tarda en vender todo el Olímpico lo que la doña echa en pintarse las uñas de los pies-, pero habrá que intentarlo.

Ver a Bruce en directo es una experiencia única, aunque uno ya lo haya visto tres o cuatro veces, como un servidor. Es posible que sea la última gira con la E-Street Band. Sí, ya sé que eso también se decía de la anterior, y no era del todo falso. Uno de los miembros de la banda ha muerto (a él va dedicado el nuevo disco), y el que más y el que menos tiene sus cincuenta y tantos. Pero la despedida de la mejor banda de rock que ha pasado por un escenario no puede ser como la de todas. Poco a poco, nada traumático, como el final de sus conciertos. Tienen que preparar al público para la despedida definitiva.

Así que, ya sabéis, atentos para conseguir esas entradas, cueste lo que cueste -en todos los sentidos-, y no os arrepentiréis. Será fantástico, como de costumbre, pero además, en casa (la mía, al menos, claro). Los conciertos de Bruce, como los de otros grandes, tienen siempre una familiaridad especial. Te codeas con miles de hombres y mujeres, de sesenta años a doce, a los que no conoces de nada, pero les sonríes y hablas con ellos como si fueseis amigos de toda la vida. Sabemos que algo bueno tenemos en común. Decenas de miles de perdonas, y ni un mal rollo. Una conexión especial. Sales con las pilas cargadas para una buena temporada. Hasta el siguiente concierto...

Yo empezaré hoy mismo a reclutar adeptos dispuestos a ser convertidos, deseosos de ser purificados en las aguas de rock del hermano Bruce. Empezaré por mi padre, con quien justamente un año atrás, en julio de 2008, disfrutaba de un fabuloso concierto de Neil Diamond. Bien, yo sé que Diamond es algo especial para mi padre, pero estoy seguro de que Bruce no lo decepcionará. En absoluto.

martes, 27 de enero de 2009

Mi entrevista con Dean Martin para Esquire

Hoy ha salido a la venta el número de febrero de la revista Esquire -con nada menos que Homer Simpson en portada-, y en él podréis encontrar la mayor hazaña periodística que creo que alcanzaré nunca: una entrevista que le hice el mes pasado a Dean Martin, fallecido en 1995. ¿Que cómo lo conseguí? Contactos que tiene uno...

El texto se enmarca en la sección En esto creo, entrevistas indirectas en la que el personaje en cuestión comenta curiosidades sobre su vida y milagros. Por darle un toque de originalidad, a veces incluyen entrevistas "falsas" con personajes fallecidos. No se trata de inventar desde cero, sino de tomar frases reales o imaginar qué diría el sujeto en cuestión sobre tal asunto, o cómo recordaría aquel suceso. Y debió ser que no les desagradó demasiado mi pasado artículo sobre Sinatra, que me encargaron esta entrevista con Dino. Me divertí mucho preparándola.

Reconozco que es un placer poder colaborar en una publicación con el historial de Esquire, y si todo va según lo previsto, en marzo podré anunciaros una nueva colaboración con ellos. De momento disfrutaré de este divertido texto que me ha permitido volver a acercarme a Dino , tal vez con mayor intimidad que nunca, para intuir unas respuestas a un cuestionario que llegué a confeccionar como si de una entrevista al uso se tratase.

Para los que no sepan aún muy bien de qué va Esquire, con edición española desde septiembre de 2007, dejo por quí algunas notas. Aunque, para entendernos, es como Play Boy pero sin señoras acaloradas. En su momento la promocionaron como "la revista sofisticada para hombres sofisticados", lo que supone publicidad a raudales, artículos variopintos y entrevistas a hombres "Brummel" (ya sabéis, hombres muy hombres). Total, que sé cómo no había colaborado antes ahí, ¿o no? En fin, vamos a lo que íbamos...

Fundada en 1933 por la editora Hearst Corporation, Esquire se presentó en el mercado como una picante publicación para hombres, aunque pronto se redefinió y se centró en moda y tendencias, dando un importante valor a la información como instrumento de poder.

Desde sus inicios, Esquire apostó por trabajar con los escritores americanos más importantes. F. Scott Fitzgerald, William Faulkner, Tom Morgan, Norman Mailer, Tennessee Williams, John Gunter, Tom Wolfe, Truman Capote o el mismísimo Ernest Hemingway han escrito relatos y artículos en la revista.

Gracias a su apuesta por contenidos informativos en los años 60 Esquire fue una revista pionera en la tendencia del ‘nuevo periodismo’, una corriente periodística que combina literatura e investigación y que se acuñó a raíz de la publicación de A sangre fría, de Truman Capote.

Su arriesgada y valiente apuesta editorial ha hecho que Esquire haya realizado reportajes de gran calado social, con personajes carismáticos e interesantes en sus portadas. De hecho, ha sido la única revista con 4 portadas en la lista de las 40 portadas más importantes de la historia, según la Sociedad Americana de Editores de Revistas.

Cuenta con 12 ediciones en todo el mundo, y cada una mantiene sus propias características y total independencia editorial. En los últimos 10 años, la edición americana de Esquire ha sido propuesta para 41 National Magazine Awards y ha ganado 10 de ellos.

La palabra Esquire es, en inglés, una forma de tratamiento como en español Don. En Estados Unidos se utiliza exclusivamente en documentos oficiales, al final del nombre de una persona que es abogado, y suele aparecer de forma abreviada, Esq. Por ejemplo: “Rodrigo Rodríguez-Cano, Esq.”

lunes, 26 de enero de 2009

'La carretera', de Cormac McCarthy

Título: La carretera
Autor: Cormac McCarthy
Editorial: Mondadori
Año: 2007
Páginas: 256


La carretera
es la última obra de Cormac McCarthy publicada hasta la fecha. Mondadori la trajo al mercado español el pasado 2007, poco después de que se hiciera pública la noticia de que la obra había sido merecedora del premio Pulitzer de aquel año. Entonces McCarthy era ya un nombre que empezaba a ser conocido por un público que hasta ahora no había oído nada sobre él, aunque llevaba décadas publicando. la razón de esa repentina popularidad era que una de sus últimas obras, No es país para viejos, iba a ser llevada a la gran pantalla. Y nada menos que Javier Bardem iba a estar en el cartel.

En fin, dejando atrás las anécdotas de esas popularidades fugaces, La carretera ha vuelto a reafirmar mi gusto por la prosa de este literato, sin duda uno de los más interesantes del panorama estadounidense desde hace bastantes años. Tiene un estilo muy directo, con un ritmo voluble y continuo. Para ello recurre a técnicas como la eliminación de los guiones para los diálogos o la combinación de éstos con la propia narración.

Reconozco que estas técnicas me llevaron a abandonar la lectura de la primera obra de McCarthy que tuve en mis manos, Meridiano de sangre, hace como siete u ocho años. Pero lo que es la vida, a día de hoy no sólo me gustan y les encuentro un sentido inequívoco, sino que además he recurrido a algunas de ellas para mi nueva obra.

La carretera es la crónica del viaje de un padre y un hijo por unos Estados Unidos devastados por un apocalipsis nuclear o algo así. Nada se dice de lo que ha ocurrido y, en realidad, no importa en absoluto. Padre e hijo son los protagonistas absolutos de la obra, y el ansia por sobrevivir, el motor de la misma. El texto está plagado de momentos emotivos, angustiosos e incluso algunos divertidos. Se lee de un tirón, y crea adicción al estilo del autor.

viernes, 23 de enero de 2009

Una película de las buenas

Hoy estoy malito y no ha habido más remedio que quedarse en casa. Y si había algo bueno de estar malo cuando era niño era poder levantarme por la mañana y ver un peli -que como mi padre estaba trabajando, no podía decirme aquello de que ésas no eran horas-, así que hoy he hecho lo mismo. A eso de las nueve y cuarto estaba ya aseadito, vestidito y sentado en mi sillón cubierto por una manta, para ver la nueva verson de El tren de las 3.10 a Yuma. Y como otras veces, a los pocos minutos de empezar, me he sorprendido a mí mismo musitando ilusionado "¡Ésta es de las buenas!"

Y será que uno se hace viejo, o que cada vez afloran con más intensidad los recuerdos del pasado, porque en las últimas semanas me he pillado soltando varias veces de manera inconsciente esa misma frase: "¡Ésta es de las buenas!". La susurré anoche, viendo la cinta de espías El factor humano, y hace dos noches, con Scorpio, del mismo género; igual ocurrió el pasado fin de semana con ese nuevo western maravilloso que es Appaloosa.

¿Que de dónde viene esa frase? Bueno, tampoco es que sea arameo. Quiero decir, que es una expresión simple y bastante común. Pero yo la tengo ligada a dos voces concretas, las de mis dos abuelos. Y la cosa va a más. Que venga el doctor Freud y lo diga. Porque, casualidades de la vida, si el género preferido de mi abuelo Manolo eran las películas de vaqueros (de caballos, decía él), con las que más disfrutaba mi abuelo ángel era con las de factura inglesa, de espías a ser posible.

Yo creo que ver películas con mis abuelos era como aprender kárate con el señor Miyagi, ése que ponía al chaval a limpiar el coche y pintar la valla con el "dar cera, pulir cera", y al final resultaba que era una manera indirecta de aprender las artes de la lucha. Pues igual, pero sentado en el sofá. Con mis abuelos habré visto -y revisto- el ciento y la madre.

Las había más o menos entretenidas, más o menos "rollazo", con más amores, con más tiros, con más aventuras... Pero si mi abuelo, cualquiera de los dos, a poco de haber empezado, decían eso de: "¡Ésta es de las buenas!" Amigo, ahí sabía yo que iba a haber hule. En esa peli habría acción, aventura, camaradería, humor, romance... habría malos malísimos y otros con cierta nobleza; habría buenos buenísimos y alguno que no dejaría de hacer chistes; habría mujeres bonitas y alguna arpía traidora.

En eso, mi abuela Rosario se esmeraba en advertir al personaje en cuestión de que no abriese la puerta porque lo iban a matar -porque ya habíamos visto esa peli varias veces-, mientras mi abuela Nati, si la cosa apuntaba beligerante, nos mandaba a mi abuelo y a mí a ver la película al salón, que a ella no le gustan las de tiros.

Antes de saber nada de cine, ni de lo que era eso del cine de autor, ya disfrutaba yo con mis abuelos de las películas de John Ford, Howard Hawks, Henry Hathaway, Sergio Leone, Sam Peckipnah, Alfred Hitchcock, Carol Reed y un largo etcétera. Y aprendí que, por encima de florituras artísticas, no hay mejor película como aquella que hace pasar un buen rato de verdad al espectador. Y mis abuelos no sabían de cine, pero sí de buenas películas.

Así que es inevitable que ahora, cada vez que veo algún nuevo título en casa, si son actores con presencia, si el comienzo engancha, si hay escenarios atractivos, si suena música a tono, si sueltan algunas frases contundentes... En ese caso me acomodó en el sillón y siento un pequeño cosquilleo en el estómago, como si volviese a tener doce años. Porque sé que durante las próximas dos horas lo voy a pasar bien.

Entonces pienso en mis abuelos y les digo: "¡Ésta es de las buenas!"

jueves, 22 de enero de 2009

Pues no. Nada vale más que las palabras


Si he perdido la vida, el tiempo,
Todo lo tiré como un anillo al agua.
Si he perdido la voz en la maleza,
Me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre,
Todo lo que era mio y resultó ser nada.
Si he segado las sombras en silencio,
Me queda la palabra.

Si abrí los ojos para ver el rostro
Puro y terrible de mi patria.
Si abrí los labios hasta desgarrármelos,
Me queda la palabra.

Blas de Otero. Me queda la palabra

¿Será verdad?

¿Será verdad que una imagen vale más que mil palabras?

Ni lo afirmo ni lo desmiento. Sencillamente me ha resultado curioso que después de un año y dos meses en activo, el post que más comentarios ha suscitado en este blog sea uno consistente en una imagen, acompañada tan sólo de seis palabras a modo de título del tema.

Mmm... Interesante, Watson. ¡Tome nota!

martes, 20 de enero de 2009

Good luck, Mr. Obama. Good luck, little World

Atención: estreno de lujo para esta noche

Hoy tenemos un día televisivo por delante marcado por la actualidad política de Estados Unidos. A las taurinas cinco de la tarde, con el café postsiesta -el que pueda-, La 2 retransmitirá en directo la toma de posesión del 44º Presidente de los Estados Unidos. Barack Obama recibirá el mando del país de manos del anterior responsable, George W. Bush.

Unas horas después, a las 21.55, en esa misma cadena, será Bush quien cobre protagonismo. Y lo hará de manos nada menos que de Oliver Stone. Nadie se explica aún cómo es posible que La 2 de TVE estrene la película que Stone ha rodado sobre el polémico presidente estadounidense, apenas unos meses después de su estreno en Estados Unidos. Al parecer, la película no llegará a los nuestros cines -ahorraremos comentarios sobre el interés que denota la población cinematográfica española-, por lo que pasa directamente al mercado de vídeo y televisión. Sea como sea, habrán tenido que pagar un buen pico.

W., así se titula la cinta, que cuenta con un reparto de altura ( James Cromwell, Ellen Burstyn, Elizabeth Banks, Toby Jones, Jeffrey Wright, Scott Glenn, Ioan Gruffudd, Richard Dreyfuss...) encabezado por un Josh Brolin que daría el pego ante la mismísima señora Bush.

No sé si será buena o mala, mañana veremos, lo que está claro es que Oliver Stone es único a la hora de profundizar en la vida política de su país, en sus heridas aún abiertas, y poner el dedo en la llaga. Unas veces le sale más fino (JFK, Nacido el cuatro de julio) y otras más facilona (Nixon, Asesinos natos), pero desde luego siempre es muy interesante. En este caso, el realizador a buceado en la biografía de Bush para intentar trazar un retrato humano más que político del presidente más torpe y paleto que ha tenido que sufrir Estados Unidos (a su lado, Nixon resulta un brillante estadista).

Dejo por aquí el trailer para que le echéis un vistazo.Mi consejo, claro, es que no os perdáis la peli.


Concierto de bienvenida a Obama

Impresionante el despliegue de artistas concentrados el pasado domingo para celebrar la llegada oficial de Barack Obama a Washington. Desde aquella fiesta legendaria que Sinatra organizó para Kennedy en 1961 no se veía en la capital estadounidense un apoyo tan contundente del mundo del arte a un nuevo magnatario. “La vuestra será la voz que escucharé cada día cuando entre en el Despacho Oval”, prometió el presidente electo al más del millón de personas llegadas desde todos los rincones del país para el espectáculo.

Fue un concierto tan diverso y participativo, con la presencia no sólo de cantantes sino también de actores y otros artistas, que la hora de inicio tuvo que adelantarse a las 14.30 para que diese tiempo a todo el programa.

Esto me recuerda -malo que es uno- lo que comentaba yo el otro día sobre esa curiosa manía de algunos, aquí en nuestra querida España, que diría Cecilia, sobre la no participación de los artistas en materia política. Habría que ver las caras de ese personal si el día que salió elegido Rodríguez Zapatero se hubiese celebrado en Madrid un concierto con la participación de Serrat, Sabina, Víctor y Ana, Luz Casal, Aute, Ismael Serrano, Miguel Bosé... Y como maestros de ceremonia, los Bardem, Sacristán, Echanove... Jejeje, ¡les daba un pataús, seguro!

Pues algo así es lo que ocurrió en Washington el domingo. Entre los cantantes más conocidos, de los muchos que subieron al escenario ante el monumento a Lincoln, pudo verse a Bruce Springsteen, Pete Seeger, Stevie Wonder, James Taylor, Garth Brooks, Sheryl Crow, John Mellencamp, Bono, Herbie Hanckok o Beyoncé. Del mundo del cine había de todo, desde Tom Hanks o Samuel L. Jackson a un George Lucas que no dejaba de cantar.

Todos celebraron la llegada de Obama a la Casa Blanca, o casi más, la salida de Bush tras ocho años de infamia. Y aprovecharon para decirle al nuevo presidente que, de momento, contaba con su apoyo, pero que la confianza del pueblo en él debería ratificarla haciendo realidad todas las promesas planteadas. Pero eso, como siempre, será otra historia. Será cuestión de que quiera hacerlo. Será cuestión de que le permitan hacerlo.

Pero en fin, políticas aparte, aquí os dejo tres actuaciones de la legendaria jornada.


Bruce Springsteen abrió el acto entonando su canción The Rising, del disco que grabó tras la caída de las Torres Gemelas. La interpreta guitarra en mano, sin respaldo de la banda, y con un impresionante coro gospel de fondo. Es una hermosa composición que habla sobre la necesidad de dejar atrás una tragedia -está claro: el gobierno Bush- y encarar con fuerzas y esperanza un nuevo y prometedor futuro.

The Rising / Levantarse

No puedo ver nada enfrente de mi
No puedo ver nada viniendo detrás
Me abro camino cruzando esta oscuridad
No siento nada salvo esta cadena que me tiene atrapado
Camino perdido de lo lejos que he ido
Lo lejos que he ido, lo alto que he subido
En mi espalda una piedra de 30 kilos
En mi hombro media milla de zona restringida.

Venga vamos a levantarnos
Vamos, descansa tus manos en las mías
Venga vamos a levantarnos
Vamos a levantarnos esta noche

Salí de casa esta mañana
Sonaban campanas que llenaban el aire
Llevando la cruz de mi llamada
Rodando sobre ruedas de fuego llego hasta aquí

Venga vamos a levantarnos
Vamos, descansa tus manos en las mías
Venga vamos a levantarnos
Vamos a levantarnos esta noche

La,la, la,la,la,la, la,la,la

Hay espíritus encima y detrás de mi
Caras ennegrecidas, ojos ardientes
Que su bendecida sangre me atrape
Señor, mientras quedo de pie ante tu luz

La,la, la,la,la,la, la,la,la

Te veo Mary en el jardín
En el jardín de los mil suspiros
Hay fotografías sagradas de nuestros hijos
Bailando en un cielo repleto de luz
¿Podría sentir tus brazos a mi alrededor?
¿Podría sentir tu sangre mezclada con la mía?
Un sueño de vida se acerca a mi
Como un siluro bailando en el extremo de mi sedal

Un cielo de oscuridad y pena (un sueño de vida)
Un cielo de amor, un cielo de lágrimas (un sueño de vida)
Un cielo de gloria y tristeza (un sueño de vida)
Un cielo de piedad, un cielo de miedo (un sueño de vida)
Un cielo de recuerdos y sombra (un sueño de vida)
Tu viento ardiente cubre mis brazos esta noche
Un cielo de deseo y vacío (un sueño de vida)
Un cielo de plenitud, un cielo de vida bendecido

Venga vamos a levantarnos
Vamos, descansa tus manos en las mías
Venga vamos a levantarnos
Vamos a levantarnos esta noche



La siguiente canción es toda una joya. Se suma a Springsteen nada menos que Pete Seeger, un hombre que cuenta ya más de ochenta años y que es una institución viviente; el padre de la música folk y un modelo a seguir de compromiso artístico y social. Juntos entonan la canción folk más famosa de todos los tiempos: This land is your land, que escribiera allá por 1940 Woody Guthrie, aquel cantautor que llevaba escrito en su guitarra “Esta máquina mata fascistas”. El público no tarda en unirse a sus voces para subrayar el lema del evento, “We are one” (Somos uno), y elevar a Barack Obama una advertencia: no te pases, Valentín, que te tiro el calcetín, o dicho de otro modo, no te creas que el cortijo es tuyo, que es de todos, y tu sólo estás de arrendado.

This land is your land / Esta tierra es tu tierra

Esta tierra es tu tierra, esta tierra es mi tierra
Desde California a la isla de Nueva York
Desde el bosque de Redwood, de la Corriente del Golfo Aguas
Esta tierra fue hecha para ti y para mí

Buena vez conduje por esta suave carretera
vi sobre mi el cielo sin fin,
miré a mis pies el valle dorado.
Esta tierra fue hecha para ti y para mi.

Vagué y deambulé, solamente siguiendo mis pasos
por las brillantes arenas de sus desiertos de diamantes
y a mi alrededor una voz sonaba
llorando: "Esta tierra fue hecha para ti y para mi"

El cielo brillaba y yo seguía deambulando
a través de campos de trigo balanceándose
y nubes de polvo girando en el cielo.
Las niebla se levantaba y una voz repicaba
Esta tierra fue hecha para ti y para mi.

Y mientra paseaba, vi un señal allí
y esa señal decía: “No Pasar”
pero por el otro lado, ¡no decía nada!
Así que ese es el lado hecho para ti y para mi

En las plazas de la ciudad, en la sombras de los callejones
junto a la oficina de beneficencia, veo a mi gente
y algunos están mascullando y otros se preguntan
si esta tierra fue hecha para ti y para mi.

Esta tierra es tu tierra, esta tierra es mi tierra
desde California a la isla de New York
desde el río Redwood a las aguas del Golfo
esta tierra fue hecha para ti y para mí



Terminamos con la canción que cerró el espectáculo. Una muy comedida Beyoncé entonó una ajustada versión del clásico patriótica America, the beautiful (Hermosa América), momento en el que todos los participantes subieron a escena para despedirse de la multitud, uniendo todas las voces en una.

'El encargado'

Vamos hoy con un poco de cine. Cine en dosis pequeña, y como los relatos, tal vez así más efectiva. La obra en cuestión es El encargado, escrita por Nacho Vigalondo y Sergio Barrejón, y dirigida por este último.

Se trata de una historia bastante corriente, que acontece en el aula de una escuela. Seguro que todos hemos vivido una situación similar en alguno de los tres bandos: como uno de los dos chicos o como parte del resto de la clase. Lo bueno en este caso es la manera en la que está narrado el suceso, con un aire de western crepuscular cargado de nostalgia y melancolía. El blanco y negro ayuda a reforzar esa idea de evocación de un pasado tal y como fue, o como nos hubiera gustado que hubiese sido.

La producción ha sido nominada a los XXIII Premios Goya en la categoría de Mejor Cortometraje de Ficción.

lunes, 19 de enero de 2009

El amargo don de lo macabro (Bicentenario de Edgar Allan Poe)

Tal día como hoy, 19 de enero, hace doscientos años, nacía en Boston uno de los genios universales del relato corto: Edgar Allan Poe. A pesar de su amplia producción, este escritor, poeta, crítico y periodista ha pasado a la posteridad como autor de las historias de terror más escalofriantes e influyentes. Doscientos años después, su obra es recordada con multitud de actos, reediciones e incluso ediciones de discos de homenaje.

Para cualquier persona, haya leído sus relatos, sus poemas o visto alguna de las películas inspiradas en su mundo, el nombre de Edgar Allan Poe es sinónimo de estremecimiento, de misterio y horror, de maestría narrativa, de poética emocionante. Sus relatos son indistintamente presentados en volúmenes destinados a un público joven así como en cuidadas ediciones comentadas para lectores que buscan profundizar en el legado de este creador imprescindible. No en vano su producción de cuentos es referencia obligada para nuevos autores que buscan aprender las claves de este género literario en el que Poe es considerado nombre clave.

Hoy se cumplen dos siglos del nacimiento de este literato estadounidense, autor de relatos como El gato negro, El pozo y el péndulo, La caída de la casa Usher, Ligeia o La verdad del caso Valdemar, pero también de poemas inmortales, como Annabel Lee, Ulalume o, sobre todo, El cuervo. 

No cabe duda que, de toda la obra de Poe, son los de terror sus relatos más conocidos, así como los más efectivos y perfectos de su creación. La vida tras la muerte, el entierro en vida, la necrofilia, la descomposición de los cadáveres o la reanimación de éstos son algunos de los temas reincidentes en la obra terrorífica de Poe, temas que le han llevado a ser conocido como el gran maestro de lo macabro, y que en su día le llevaron a ganarse duras críticas por su “malsana” y sádica imaginación.

Junto con el terror, son los relatos policíacos el otro gran brazo de su producción, un género que también ayudó a definir y asentar. Sus historias analíticas, de innovador planteamiento racional, son claros antecesores de futuras creaciones capitales, como el propio Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle, quien no puede negar su deuda con el Auguste Dupin creado por Poe. Son, en este sentido, Los crímenes de la calle Morgue, El escarabajo de oro o La carta robada creaciones maestras del género. Del mismo modo, es imposible no ver en relatos como El camelo del globo o Un cuento de las montañas escabrosas un precedente de las futuras obras de ficción científica de Julio Verne, con un inteligente uso de los más modernos avances científicos, como el globo aerostático.

En cuanto a sus influencias, algunos críticos y autores contemporáneos advirtieron en esa fascinación por el terror un claro reflejo de los relatos fantásticos alemanes, con evidente referencia a los cuentos de E. T. A. Hoffmann. Poe les rebatió, sin embargo, apuntando en el prólogo de Cuentos de lo grotesco y arabesco que “si muchas de mis producciones han tenido como tesis el terror, sostengo que ese terror no viene de Alemania, sino del alma; que he deducido este terror tan sólo de sus fuentes legítimas, y que lo he llevado tan sólo a sus resultados legítimos”.

Sería sin embargo tal vez el alcohol la influencia más clara, persistente y reincidente en la creación narrativa y poética de Edgar Allan Poe. La mayoría de sus textos nacían de sueños o impresiones que iban cobrando forma en su mente, fantasías que trazaban una experiencia vital paralela a la que Poe consumía en las tabernas de Boston o Baltimore. De ahí que casi siempre los personajes de Poe no sean sino el propio Poe: hombres irremisiblemente empujados a terribles vivencias en un mundo oscuro lleno de rincones traicioneros, y que sin embargo siguen defendiendo las grandes pasiones, dispuestos a morir por un amor, o a matar por él.

Como solo ocurre con los grandes, resulta sorprendente advertir la originalidad y eficacia que siguen desprendiendo las creaciones de Poe, doscientos años después. El autor siempre tuvo muy presente la necesidad de atrapar al lector, seducirlo con cada palabra, con cada frase, crear un mundo con unas pocas pinceladas, y que tras cada uno de los recursos literarios empleados, latiese una historia viva y seductora que sirviese de catalizador y causa de todo el montaje.

El mismo Julio Cortázar, autor de las mejores traduciones de Poe así como de unas notas introductorias imprescindibles, apuntaba en éstas que el escritor de Boston entendía que, en un relato, cada palabra “debe confluir, concurrir al acaecimiento, a la cosa que ocurre, y esta cosa que ocurre debe ser sólo acaecimiento y no alegoría o pretexto para generalizaciones psicológicas, éticas o didácticas”. Y así, el suceso debe ser algo lo suficientemente intenso como para convertirse en corazón del relato.

Como todo aniversario, este bicentenario hará que el nombre de Edgar Allan Poe salté una vez más a los medios de comunicación, que las editoriales rescaten su obra y que en los círculos literarios se analicen las claves de la misma. Lo mejor, en cualquier caso, es animarse a leer o releer sus mejores creaciones con la mente alerta y el alma abierta, para no perderse sus muchas genialidades estilísticas ni ninguno de sus macabros recovecos.


Aquí, Al otro lado del río y entre los árboles, queremos rendir tributo a este autor inolvidable, que tan buenos ratos deparó a este humilde admirador en las noches estivales leyendo algunos de sus cuentos en un grueso volumen de relatos de misterio, con sus inolvidables tapas rojas, que mi madre tenía en casa. Y lo haremos con una lectura de verdadero lujo. Vincent Price, el actor que más y mejor interpretó en la pantalla a los personajes de Poe -en aquellas legendarias producciones de Roger Corman-, se enfrenta aquí, en un programa de televisión en directo, y ya en sus últimos años de vida, a una magistral ejecución del poema El Cuervo. No os lo perdáis.

viernes, 16 de enero de 2009

Estrenando blog

Hoy estamos con cambios. Anoche pasé una velada de lo más interesante entre buenos amigos, además de resultar muy estimulante. Será eso, o será el café, el caso es que me he liado la manta a la cabeza y he puesto en marcha un nuevo blog. Eso, además de añadir la pestaña de "Seguidores" a éste, que falta le hacía...

¿Que de qué va el nuevo blog? Os diré que estará dedicado en exclusiva al cantantante y compositor Kris Kristofferson, y no con objeto de escudriñar y glorificar su vida y obra, sino más bien de dar a conocer ésta última, ofreciendo la traducción de cuantas canciones sea capaz de encarar. Creo que la calidad de los textos de este hombre, mucho más conocido en España por sus malas películas que por sus creaciones legendarias, merece esa justa reivindicación.

He tomado el título de una de composiciones para bautizar el sitio: El diablo de la lengua plateada. Songs of Kristofferson.

Si os apetece, pinchad en la imagen y pasaros a echar un vistazo.

jueves, 15 de enero de 2009

La luna de miel política de John y Yoko

Acabo de enterarme de que ayer, 14 de enero, hizo cuarenta años del encamamiento de John Lennon y Yoko Ono para pedir una oportunidad para la paz. El beatle y la artista japonesa acababan de casarse poco antes en Gibraltar, y decidieron hacer de su luna de miel algo más que un viaje al uso.

Reservaron la suite presidencial del Hotel Hilton de Amsterdam, y allí decidieron pasar una semana entera en la cama. Y aunque eso pueda parecer normal en una pareja de recién casados, lo singular de la acción fue que no estuvieron ni un instante solos. Amigos, músicos, activistas y prensa de todo el mundo pasaron por aquella habitación en la que la palabra que más se repetía era Peace (paz).

La iniciativa, en protesta contra la guerra de Vietnam y otros conflictos del momento, pasó a la historia con el nombre de bed in for peace ("en la cama por la paz"), y cuarenta años después será recordada con debates, exposiciones fotográficas y, por supuesto, mucha música.

Ni que decir tiene que el aniversario encaja a la perfección con los post de mis últimos días, así que he querido dejar por aquí constancia de ello. La triste constancia de que, medio siglo después, en materia de violencia contra nuestros semejantes, la cosa sigue igual.


Desde este apacible rincón, al otro lado del río y entre los árboles, recordaremos aquel bed in for peace con una canción compuesta y grabado in situ. Una canción sencilla e ingenua en su forma y cuyo mensaje, de tan simple que resulta, se antoja tristemente inalcanzable.

Give peace a chance
(Demos una oportunidad a la paz)

Todos hablamos de
Arrestismo, Sexismo, Obstruccionismo, Colerismo, Harapismo, Rotulismo
Este ismo, el otro ismo
No es lo máximo
Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz
Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz

Todos hablamos de
Ministros, Siniestros, Pelotas y Pesados
Obispos y Pescadores, y Rabinos y Gurúes
Y adioses, hasta la vista, hasta luegos, hasta prontos
Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz
Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz

Déjenme decirles ahora

Todos hablamos de
Revolución, Evolución, Devoración, Flagelación, Regulaciones
Integraciones, Meditaciones, Unidas Naciones, Felicitaciones
Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz
Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz

Oh vayamos al grano

Todos hablamos de
John and Yoko, Timmy Leary, Rosemary, Tommy Smothers, Bob Dylan, Tommy Cooper, Derek Tayor, Norman Mailer, Alan Ginsberg, Hare Krishna,
Hare Krishna
Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz
Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz


miércoles, 14 de enero de 2009

La Sempi, el abuelo Clint y yo

Acabo de hacer un alto en el camino. Son las diez de la noche y ando desde las cinco y media enfrascado en la novela. Hace un rato llegó la Sempi del trabajo. No nos habíamos visto en todo el día, así que nos hemos tomado nuestro tiempo para compartir un rato juntos. Nos hemos abrazado y hemos hablado de cómo ha ido la jornada. De fondo teníamos al abuelo Clint.

Estoy escribiendo la nueva novela con una carpeta de música confeccionada a partir de bandas sonoras compuestas por Clint Eastwood. Y no, no me voy por las ramas, sigo en el asunto. La Sempi y yo tenemos algo especial con el abuelo Clint, y con Paul Auster, y con Woody Allen, y con Janis Joplin, y con Paul Newaman, y con Elvis, y con Amy Winehouse, y con Katherine y Audrey Hepburn… con un montón de cosas. Los dos reímos viendo el comienzo de Adivina quién viene esta noche, y compartimos cleenex al final; los dos nos tuteamos con Kris Kristofferson y Willie Nelson, y tratamos en confianza con Frank, Dean y Sammy.

Tal vez haya quien opine que eso de “compartir la vida con alguien” es una frase hecha, igual que lo de la media naranja. Bueno, tal vez esa persona nunca se haya cruzado con otra con la que no necesitase palabras para hablar, con la que no necesitase roces para sentir. Tal vez no haya encontrado a otra persona tan distinta a él, pero tan parecida al mismo tiempo, que lo de uno se convierte en lo del otro del mismo modo que lo del otro acaba siendo lo de uno.

No sé qué me ha llevado a divagar de esta manera. Supongo que el hecho de haber leído que Clint Eastwood ha anunciado que su papel en Gran Torino, la película que estrenará en febrero y por la que tal vez lo nominen como mejor actor, será su último trabajo como intérprete. Entonces he pensado que era una lástima, y estaba seguro de que, cuando la Sempi lo supiera, también le daría pena. Porque ambos disfrutamos mucho juntos viendo las películas del abuelo Clint, como Million dollar baby, El Intercambio, Mystic river o Los puentes de Madison.

Así que, supongo que cuando se estrene esa nueva película iremos a verla con una emoción especial, con un pellizco añadido. Pero lo bueno será que siempre estaremos ahí, juntos, uno al lado del otro, para volver a ver todas las pelis del abuelo Clint y de tantos otros que nos gustan. O escuchar todas esas canciones que antes eran mis favoritas o las suyas, y ahora disfrutamos por igual. Y sonreiremos, y nos guiñaremos un ojo. Y la Sempi se abrazará a mí en el sofá y yo la cobijaré bajo la manta.

Tal vez alguien hablará entonces en alguna cadena de televisión de que eso del amor es una chorrada. Pero nosotros no lo escucharemos, porque estaremos viendo alguna película de Woody, de Paul, o del abuelo Clint.


Vídeo con el tema central de la banda sonora de Million Dollar Baby, compuesto por Clint Eastwood.

"No en mi nombre, no en mi tierra..."

Hoy tengo un día ajetreado, pero las últimas noticias que acabo de leer me cabrean. Le echas un vistazo a cualquier medio de comunicación y el tema principal es el de un nuevo ataque con cohetes contra el norte de Israel. Alrededor de cincuenta muertos, lo que suma ya casi un millar, sin contar heridos, gente sin hogar y familias destrozadas.

La Asamblea General de la ONU ha convocado una reunión para mañana. Querrán discutir la nueva decoración de su sede central en Manhattan.

Se me ocurren muchas cosas que decir al respecto, pero nada brillante ni coherente, sólo reiterativo y tosco. Así que he decidido echar mano al archivo histórico de este blog. Hace algo más de un año, en una de sus primeras entradas, colgué una canción de Kris Kristofferson que quiero rescatar. Es una inquietante lectura de un informativo de televisión cualquiera, que invita a reflexionar sobre los horrores a los que asistimos cada día, a los que nos hemos acostumbrado tanto que ya vemos una indiferencia pasmosa.

La canción empieza por un terrible crimen anónimo e individual para pasar luego a hablar de una guerra; cualquiera. Hombre religioso, Kris incluso plantea lo que Dios debe pensar a la vista de la situación: "No en mi nombre, no en mi tierra..."

In the news (En las noticias)

Leí sobre la triste forma en que se deshizo de la hija de alguien / encadenándola a algo pesado y arrojándola al agua. / Y ella se hundió en la oscuridad con su bebé en su interior. / Un pequeño pedazo de verdad y belleza murieron.

Quemando la atmósfera y talando árboles. / El bombardeo del billón de dólares a una nación arrodillada. / A cualquiera que no marche según su melodía lo llaman traición. / Cada cual dice que Dios está de su lado.

Mira el resplandor. / Escucha los llantos / de los heridos en un mundo en guerra santa. / El trueno mortal desde los cielos / matando todo aquello por lo que dicen que están luchando.

Niños destrozados. / Hogares destruidos. / Gente con el corazón roto muriendo cada día. / ¿Cómo ocurrió esto? / ¿Qué fue mal? / No culpemos a Dios / Juro a Dios que Le oí decir:

“No en mi nombre. / No en mi tierra. / No quiero más que el fin de la guerra. / No más muertes / o esto se acaba / y el misterio ya no importará”.

Soñadores destrozados. / Reglas rotas. / Gente con el corazón roto como tú y yo. / Somos hijos de las estrellas. / No culpemos a Dios / Juro a Dios que Le oí decir:

“No en mi nombre. / No en mi tierra. / No quiero más que el fin de la guerra. / No más muertes / o esto se acaba / y el misterio ya no importará”.

martes, 13 de enero de 2009

Los colores del arte ("¡No a la guerra!")

Ahí estamos otra vez. “¡No a la guerra!” por las calles, y batalla abierta en bares y medios de comunicación sobre este movimiento ciudadano. Que si los de izquierda van... que si los de derecha vienen... Y los artistas, claro. ¡Qué sonrisa se le marca a más de uno cuando en algún reportaje o alguna foto de estas manifestaciones ve aparecer el rostro de Pilar Bardem, Ana Belén, Juan Diego, Echanove, Almodóbar y compañía! Como diciendo, “uy, aquí va a haber hule...” Porque ya sabe que será uno de los temas a comentar por los grandes visionarios de la derecha española, vidales, pedrojotas y losantos varios.


“¡Qué hacen ahí esos artistas!”, claman iracundas sus voces desde un lado del micrófono. “¡Cobrar de los de siempre y lucir cara bonita!”, responden del otro lado de la radio sus fieles cual letanía dominical. Entonces es cuando se pone uno en pie, al fondo del bar, al que todos creían en la parra, y puntualiza: “¡Los actores, a lo suyo. Y la política, para quien tiene que hacerla!” Lo más triste es que estas sentencias igual las lanza un señor de ochenta años que un mozalbete recién destetado, que para ensalada de ideas no hay edades.

¡Ya está bien de tanta chuminada, digo yo! A ésos que tanto protestan cada vez que el pueblo sale a la calle a dejar oír su voz, a ésos, les recomendaría que le pegasen una revisión al concepto de democracia, que es el gobierno de la gente, del pueblo, no de los políticos. ¿Lo vamos pillando? Los políticos son representantes del pueblo, y cuando hacen las cosas mal, o no las hacen, pues habrá que dar un zapatazo, un bocinazo y lo que haga falta para que atiendan a razones. Que eso de quedarse en el sofá, mano sobre mano, meneando la cabeza y diciendo: “¡Ay, señor, señor, ¡dónde vamos a llegar!”, no sirve de mucho. Así nos ha lucido el pelo tantas veces, ¿o no?

Y puestos a salir a la calle para exigir lo que haya que exigir, salimos todos -los que quieran, por supuesto-, y en esa batalla toda ayuda es bienvenida. ¿Y los artistas, no son “personas humanas”, como dijo el otro? Pues el mismo derecho que tú tienen a exigir a su gobierno lo que crean justo, digo yo ¿Qué pasa? ¿Que los de la tele se paran ante ellos y los de la prensa les tiran muchas fotos? ¡Y qué le vamos a hacer!

Y eso, me parece a mí, es lo menos que se despacha. Como ciudadanos, en el sentido más griego de este término, tenemos la obligación cívica de participar en la vida social y política, y hacerlo con toda nuestra capacidad. Así, si un señor, debido a su popularidad, puede llevar el grito de “¡No a la guerra!” a miles de personas, o un grupo de ellos pueden montar un concierto para que ese grito llegue a millones, ¡pues ole sus... narices! Es que eso es lo que hay que hacer.

Ya escribió Machado aquello de: “Desdeño las romanzas de los tenores huecos y el coro de los grillos que cantan a la Luna”. O lo que es lo mismo, que un artista, cuando la cosa está morada, debe mojarse el culo.

Esto, claro, es cuestión de opiniones. Yo, personalmente, soy partidario de que el arte, además de crear belleza, debe remover conciencias, aunque igual de respetable es el artista que se dedica a reflexionar sobre el delicado olor de las flores. Ahora bien, una cosa es eso y otra que un artista no tenga derecho a hacer oír su voz porque entonces lo sacan en la tele, e influye, y eso es política... ¡Ja!


¿Y qué son la Santa Trinidad, Losantos, Pedro J. y César Vidal? Son periodistas, o así se venden. Y un periodista informa, como un artista crea. Si ellos tienen carta blanca para, no ya opinar, sino pontificar diariamente, ¿por qué unos pobres cómicos no van a poder sostener una pancarta de vez en cuando? “Los artistas, que no se metan”. Mira tú, el listo. No se meta usted. Demasiada gente sigue habiendo en este país a la que le gustaría que la dirección de éste fuese, como antaño, cosa exclusiva de los dirigentes, y que los ciudadanos se dedicasen a ver, mirar y callar. Y mucho fútbol, juerga y jarana.

Tal vez el problema sea que, cada vez que hay que sacar pecho, para el tema que sea, resulta que todos los artistas que salen a la arena son de izquierdas. ¿Será que no hay artistas de derechas, que no tienen la enjundia suficiente o que no tienen nada de lo que quejarse? No sé qué respuesta preferiría yo…

Bueno, siempre hay una excepción que confirma la regla. El Partido Popular sí organizó una vez un gran concierto contra la violencia; una y no más, Santo Tomás. Y gracias a Dios, porque aquel evento dio pruebas de la tropelía que se puede llegar a cometer cuando no hay... En fin, dejémoslo así. Ocurrió hace una década, cuando asesinaron a Miguel Ángel Blanco. Para mostrar su rechazo a aquel acto salvaje de ETA, José María Aznar y los suyos montaron un cartel que no se le habría ocurrido ni al mismísimo Berlanga: Julio Iglesias, Los Centellas y su toro enamorado de la Luna, Los del Río y la Macarena... Y todos, además, en burdo playback. Con las prisas, a alguien se le debió pasar buscar el significado de lo que es respeto y buen gusto. Para cubrir cuota contrataron también a Jarcha y a Raimon. Que este último entonase una hermosa canción sobre el País Vasco, y además en catalán, fue demasiado para el auditorio, que acabó abucheándolo.


Tuvo que salir uno de los presentadores del evento, Pepe Sacristán, para dejar en ridículo al respetable. “¡Éste es un acto por la paz y la libertad!”, dijo, y todos aplaudieron y dieron vivas. Entonces, Sacristán, a quien también habían abucheado mientras recitaba un poema de Bertolt Brecht, se la envainó a toda aquella “gente de bien”: “¡No sé desde qué extraño sentido de la libertad se silba a alguien que habla en su propio idioma!”

Pues eso, que hay que dar libertad a todo aquél que tenga algo que decir. Y hay que decirlo, hay que patalear, exigir y llamar a las cosas por su nombre. Hay que tomar partido, sea uno artista, bombero o técnico antenista. Y si resulta que se escucha más el grito de “¡No a la guerra!” que el de, por ejemplo, “¡No a la educación por la ciudadanía!” (esa asignatura cuyo único fin es enseñar respeto, educación y demás valores cívicos que a algunos parece molestar tanto), entonces, decía, ¿qué le vamos a hacer? Paciencia, señores. Ya lo advirtió San Mateo: "bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados".

lunes, 12 de enero de 2009

Vergüenza internacional

Es curioso cómo presente y pasado se solapan habitualmente. Es triste ver cómo se cometen una y otra vez errores e injusticia del pasado, por más que en su momento se hablara de no volver a repetirlos. Y todavía hay necios obstinados en hundir en el olvido las raíces de los años venideros. El olvido, no cabe duda al respecto, sólo favorece a los villanos.

Ayer pasé la tarde de domingo disfrutando de una miniserie producida hace algunos años sobre los juicios de Nuremberg. Sin muchos talentos artísticos, lo más interesante de la producción es advertir cómo unos pocos jerarcas nazis tenían conciencia del horror cometido y se arrepentían de ello, frente a la mayoría de sus compañeros, que seguían embaucados por las arengas de un líder político y espiritual que ya se había quitado la vida.

Por primera vez en la historia, varias naciones —los vencedores: Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Rusia— se unían para juzgar a los vencidos por crímenes de guerra. Pero el número dos nazi, Hermann Göring, el más alto líder tras el suicidio de Hitler, no se dejó amilanar por esa coalición. El que fuera ministro de Aviación y fundador de la temible Gestapo, lanzó una sentencia ante aquéllos que lo juzgaban que cobra hoy más peso aún que sesenta años atrás.

Dirigiéndose al fiscal estadounidense encargado de su acusación, Göring le planteó con qué autoridad moral se atrevía Estados Unidos a acusar a alguien de conducta delictiva durante la guerra, cuando su propio gobierno había recluido a miles de ciudadanos de origen asiático en campos de concentración en territorio estadounidense como “medida preventiva” tras el ataque de Pearl Harbor, o había asesinado a cientos de miles de civiles de manera intencionada con sus bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.

Seis décadas después de aquel proceso histórico, la falaz hipocresía de la comunidad internacional persiste aún más vergonzosa que nunca. En esta ocasión, el escenario de la infamia es, una vez más, Palestina. Tres semanas de atroces enfrentamientos –suma y sigue- arrojan cifras escalofriantes de muertos y heridos. Y mientras tanto, silencio oficial en casi todo el mundo.

Desde este blog no se toma partido por un bando ni por otro, pues ambos tienen las manos manchadas de sangre, y ambos permiten por igual que un odio más allá de cualquier lógica, capaz de asfixiar cualquier esperanza de paz, ciegue sus actos. Pero es realmente patético ver cómo los organismos internacionales de costumbre, teóricamente creados para evitar estas tragedias, asisten impasibles a todo lo que sucede.

Mañana pasará algo de mucho menor calado en cualquier otro lugar, con más intereses económicos por medio y menos lobbies judíos de fondo, y entrarán a la carga, bandera en mano, mientras resuena la corneta del Séptimo de Caballería.

Todo el desarrollo del ser humano, todas las innovaciones del nuevo mundo, y sigue siendo una asignatura pendiente el poder evitar que el hombre siga matando a sus semejantes. Se firman tratados, se fijan acuerdos, y todo esto o sirve sino para demostrar que los gobiernos de todo el mundo sólo son capaces de moverse cuando suena la flauta del dinero.

Y eso es una pena. Es una vergüenza. Es un crimen.

A los bloggeros: "Entonces, es un don..."

Mi buen amigo Teo me escribía ayer un correo en el que, entre otras cosas, me animaba a sacudirme la pereza para insuflarle un poco de vida a este blog, que anda estos días con menos actividad que los pajes de los Reyes Magos. Y es verdad, no lo negaré. Soy de esas personas a las que las navidades frenan en seco. Es tal el jaleo y la ruptura de usos y costumbres de esas dos o tres semanas que acabamos de pasar, que necesito un periodo de re-adaptación.

¡Qué le vamos a hacer! Soy un animal de costumbres (en mi caso, tal vez incluso una bestia de costumbres, porque cuando me da por empecinarme con algo...). Hasta la nueva novela la he tenido desatendida, y es que no llevo bien eso de escribir hoy una hora, mañana media, y saber que en los tres días siguientes no podré sentarme porque hay mil compromisos por delante. Cuando me pongo a trabajar necesito enclaustrarme, dedicarle un mínimo de tres o cuatro horas al día ante el teclado y saber que voy a tener al menos tres o cuatro jornadas de trabajo seguras por delante, una o dos para asuntos varios, y otra nueva tanda de "recogimiento". De lo contrario, se me rompe el feelin', que diría Sinatra, el "sentimiento" de la obra, la atmósfera.

Lo que son las cosas. Aquí estoy, aceptando la "reclamación" de Teo, y escribiendo un post en el que, al fin y al cabo, no estoy diciendo nada. Pero alguna utilidad deberían tener estas líneas, digo yo. Busquémosles algo que decir, un sentido...

¿Algo?

¡Sí, ya lo tengo!

Ya que no se me ocurre un tema consistente que desarrollar, haré uso de esta tribuna digital mía para lanzar un aplauso a bloggeros varios de este peculiar mundo paralelo que es el de internet. Porque muchos de ellos no llegan a plantearse el gran reto que supone en realidad eso de escribir un post. Lo hacen como si tal cosas, como si fuese una nimiedad, algo que cualquiera podría hacer. Incluso, en su ingenuidad, algunos escriben brillantes post lamentando que nunca serían capaces de enfrentarse a una página en blanco... ¡Pero si ya lo estáis haciendo, almas cándidas!

Sin ser conscientes de ello, llenáis un espacio vacío con estos símbolos cargados de historias que son las letras, y con ello, dáis cuerpo a textos con los que hacéis reír y llorar, pensar y recordar; texto que enseñan, que descubren, que llevan a reflexionar. ¿Qué dices? ¿Qué no? ¿Que nunca has querido algo así? Ay, amigo mío. Hacemos tantas cosas que no queríamos hacer... ¡O que no creíamos ser capaces de hacer!

Pero ahí está. Muchos de los que se ponen a escribir en un blog piensan que es cosa sencilla, incluso les cuesta arrancar ante el temor de no dar la talla. Pero ya os digo que aprender a escribir en el colegio no significa ser capaz de redactar un texto con alma, que comunique, que emocione... ¡que enganche! Y cuando en un blog, los visitantes vuelven una y otra vez, es porque lo que han leído les ha enganchado.

A todos esos bloggeros, a los que os conozco y a los que tal vez me cruce algún día, vaya mi simbólico aplauso por la persistencia, la tenacidad y la ilusión de la que hacéis gala para llevar adelante vuestras bitácoras, aportando con ellas grandes dosis de humanidad a un universo, el de internet, tan gélido en apariencia.

Al final de Dr. Zhivago, el general General Yevgraf Zhivago (magnífico sir Alec Guinness), se despide de la joven a la que cree hija de su hermano Yuri y de la hermosa Lara. La chica lleva consigo un instrumento musical. "¿Tocas la balalaica?" "Un poco", responde ella. "Toca como los ángeles -subraya el novio de la joven-, y nadie le enseñó". "Ah -musita el viejo militar-. Entonces, es un don..."

viernes, 9 de enero de 2009

Cantinfleando

Pues eso, como la misma palabra indica, según su raíz latina proveniente del México más profundo, ¡Viva México, cabrones!, y entendida vulgarmente por la popularidad más general, entendemos el verbo cantinflear como"hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada, por más que tengamos mucho que decir cuando la leche sube y los garbanzos bajan y el otro anda a la que salta, que a la que te vi me acordé y lo quise devolver, y claro, así puesm no se puede, pues para eso están libros y un duro, dos duros, tres duros, por no decir digo donde dije Diego, porque para eso ya está la autoridad competente, y si no, ¿de qué? vamos a ver, porque al final pasa lo que pasa cuando uno va, y se pasa, y viene la denuncia, la carrera, la policía montada del Canadá, el vergajazo en el ojo y aquí paz y después gloria, y si te he visto no me acuerdo, porque ya se sabe, porque se sabe, que la lengua popular es la más numerosa, que para eso es de todos, y por eso nunca conviene ni una mula muy vieja ni una vieja muy mula, porque al final final, al que madruga, Dios lo mira sorprendido, y tantarantán, que te han visto, Pepe, tantarantán, que te han visto, Juan.

Supongo que la cosa habrá quedado clara. De lo contrario, dejo aquí otro ejemplo de manos del responsable y artífice de ese verbo aceptado por la RAE, cantinflear, el gran Mario Moreno 'Cantinflas'. ¡Qué grande, mi cuate! ¡Qué genio, mi amigo!

Aquí, explicando lo que es la "Medicina legal".


Y aquí, disertando sobre la esencia del átomo.