miércoles, 14 de enero de 2009

La Sempi, el abuelo Clint y yo

Acabo de hacer un alto en el camino. Son las diez de la noche y ando desde las cinco y media enfrascado en la novela. Hace un rato llegó la Sempi del trabajo. No nos habíamos visto en todo el día, así que nos hemos tomado nuestro tiempo para compartir un rato juntos. Nos hemos abrazado y hemos hablado de cómo ha ido la jornada. De fondo teníamos al abuelo Clint.

Estoy escribiendo la nueva novela con una carpeta de música confeccionada a partir de bandas sonoras compuestas por Clint Eastwood. Y no, no me voy por las ramas, sigo en el asunto. La Sempi y yo tenemos algo especial con el abuelo Clint, y con Paul Auster, y con Woody Allen, y con Janis Joplin, y con Paul Newaman, y con Elvis, y con Amy Winehouse, y con Katherine y Audrey Hepburn… con un montón de cosas. Los dos reímos viendo el comienzo de Adivina quién viene esta noche, y compartimos cleenex al final; los dos nos tuteamos con Kris Kristofferson y Willie Nelson, y tratamos en confianza con Frank, Dean y Sammy.

Tal vez haya quien opine que eso de “compartir la vida con alguien” es una frase hecha, igual que lo de la media naranja. Bueno, tal vez esa persona nunca se haya cruzado con otra con la que no necesitase palabras para hablar, con la que no necesitase roces para sentir. Tal vez no haya encontrado a otra persona tan distinta a él, pero tan parecida al mismo tiempo, que lo de uno se convierte en lo del otro del mismo modo que lo del otro acaba siendo lo de uno.

No sé qué me ha llevado a divagar de esta manera. Supongo que el hecho de haber leído que Clint Eastwood ha anunciado que su papel en Gran Torino, la película que estrenará en febrero y por la que tal vez lo nominen como mejor actor, será su último trabajo como intérprete. Entonces he pensado que era una lástima, y estaba seguro de que, cuando la Sempi lo supiera, también le daría pena. Porque ambos disfrutamos mucho juntos viendo las películas del abuelo Clint, como Million dollar baby, El Intercambio, Mystic river o Los puentes de Madison.

Así que, supongo que cuando se estrene esa nueva película iremos a verla con una emoción especial, con un pellizco añadido. Pero lo bueno será que siempre estaremos ahí, juntos, uno al lado del otro, para volver a ver todas las pelis del abuelo Clint y de tantos otros que nos gustan. O escuchar todas esas canciones que antes eran mis favoritas o las suyas, y ahora disfrutamos por igual. Y sonreiremos, y nos guiñaremos un ojo. Y la Sempi se abrazará a mí en el sofá y yo la cobijaré bajo la manta.

Tal vez alguien hablará entonces en alguna cadena de televisión de que eso del amor es una chorrada. Pero nosotros no lo escucharemos, porque estaremos viendo alguna película de Woody, de Paul, o del abuelo Clint.


Vídeo con el tema central de la banda sonora de Million Dollar Baby, compuesto por Clint Eastwood.

5 comentarios:

sempiterna dijo...

Es bonito ser tu divagación. TQ

Mr. X dijo...

¡Joe Javi! Realmente hermoso lo que has escrito tio ... me siento orgulloso de conocerte ^^

Por cierto. No os entristezcáis porque sea la última vez que el "abuelo" Eastwood sale en pantalla como actor. A decir verdad, no me lo creo del todo. No sería la primera vez que uno de los grandes se echa atrás. Ya sabes esa célebre frase de: "Donde dije digo digo Diego" o algo así

¡Un abrazo amigo!

Capitán Nadie dijo...

Sí, algunos "artistas" se retiran dos o tres veces en la vida.
Bueno,mientras tengamos sus discos, películas y libros, algo de ello seguirá con nosotros.
Yo tengo una teoría trascendental sobre esto: Ninguna obra de arte se pierde. Dios ha de tener (es evidente, ¿no?) un museo, biblioteca, pinacoteca... etc, absolútamnete completos para que podamos revisitar todo lo que mereció o vaya a merecer la pena.
Hablábais de divagar...

BERTONI dijo...

ESTE POR LO MENOS,ANUNCIA Q SERA SU ULTIMA INTERVENCION,CURRO ROMERO NO DIJO NA,SERA PEASO.

Anónimo dijo...

Tenía eso mismo hasta hace muy poco tiempo, esa complicidad, esos "amigos comunes", esas frases a dúo, esos "te juro que ahora mismo estaba pensando exactamente eso", esos silencios cómodos y esas charlas interminables codo con codo hasta las tantas en la barra de cualquier bar que encontráramos abierto.
Los mismos planes, los mismos sueños, las mismas fantasías y las mismas locuras.
El tercer hombre con ella tumbada y su cabeza en mi regazo, la misma canción de Dean (Love Letters) bailada en la cocina. Teníamos tantas cosas. Y lo que es peor, las que teníamos por hacer, esas son las que más echaré de menos.