sábado, 13 de septiembre de 2008

Diez lecciones para un pistolero

Digo yo que no todo van a ser libros, ¿no? Desde luego no lo han sido durante estas vacaciones (cortas, siempre cortas...) mías. También me ha dado por rescatar mi gusto por los spaghetti western y he revisado una docena de los mejores títulos. El gran silencio, Django, Salario para matar, Vamos a matar, compañeros; El halcón y la presa, Cara a Cara, Antes llega la muerte, Adiós, Texas... nadie puede negar que hay títulos que valen ya un potosí. Me encantaría pillar una que es todo un poema: Voy, lo mato y vuelvo. Vamos, no me digas, si eso no es tener arte y cara a martes iguales...

Es indudable que todas las de Leone -con o sin Eastwood- son fantásticas, pero ésas ya me las sé de memoria, así que esta vez les he dado permiso al Hombre sin Nombre, a Harmónica y compañía, y me he quedado con las creaciones de Corbucci, Petroni, Valeri, Sollima y compañía. ¿Que cómo puedo aguantar esas castañas? ¡Mira tú, el fino! ¿Y cómo puedes aguantar tú otras tantas? Soy un convencido que los fundamentalismos en el arte son tan malos como en cualquier otro aspecto de la vida. Personalmente disfruto con un (buen) spaghetti western tanto como un western sin pasta alguna. Igual que me río con la misma intensidad con Chaplin que con Paco Martínez Soria o lloro igual con un drama de Douglas Sirk que con uno de Garci (cuando tiene un buen día).

Bueno, pero a lo que iba. Viendo uno de esos entretenimientos con mucha polvora y mucha mugre rodado en Almería, me he reencontrado una de esas enseñanzas vitales que se te quedan impresas en esa maravillosa memoria de celuloide que por desgracia ejercitamos aún menos que la otra (que ya es decir). La película en cuestión es El día de la ira, y en ella, un pistolero profesional (impagable Lee Van Cleef) imparte a su timorato aprendiz (el siempre apuesto Giuliano Gemma) diez lecciones para convertirse en un pistolero. Ahí les van:

1º Nunca ruegues
2º Nunca te fíes de nadie
3º Nunca te pongas entre un revólver y su blanco
4º Los puñetazos son como las balas: si te da el primero, estás perdido
5º Cuando dispares contra un hombre, mátalo. De lo contrario, antes o después te matará él a ti
6º La bala justa en el justo momento
7º Antes de desatar a un hombre hay que desarmarle
8º Nunca le des a un hombre más balas de las que necesita
9º El que no acepta un desafío, ya lo ha perdido, y de la peor manera
10º Cuando un hombre empieza a matar, ya no puede detenerse

Ruge la platea. Se encienden las luces. Termina la sesión

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