jueves, 16 de abril de 2009

Benditos malditos (II): Manuel Pareja Obregón

En 1992, Carlos Saura dirigió Sevillanas, una excelente producción en la que se repasan los distintos tipos y estilos de este mal llamado arte menor del flamenco, en sus modalidades de cante, baile y toque. Como siempre, Saura logra una obra de emocionante belleza visual, demostrando que eso de que las sevillanas son solo para la feria y el Rocío es una afirmación tan inteligente como decir que los helados son sólo para comer en la playa.

Traigo hoy a colación esta película porque el cuerpo ya me va pidiendo guerra. Queda semana y poco para la Feria de Abril, y ya se me van los pies al son que palmean los recuerdos y las esperanzas.

Sí, qué le vamos a hacer, seré muy escritor, muy bohemio y todo lo que quieran ponerme de etiqueta, pero también me gusta la feria a rabiar. Y como lo cortés no quita lo valiente, pues ahí andamos, buscando como loco unos botos camperos nuevos, como está mandao. Es una cosa curiosa y que no soy capaz de explicar. Los que seguís el blog sabéis que por alguna razón no acaba de cuajarme este 2009; un día ando tontón por esto, hoy si ganas por aquello... Pero fue el enchufarme ayer en el lector de mp3 una compilación de mis sevillanas favoritas, y oye, que se me ha centrifugado el alma. No es que de pronto no tenga hipoteca, pero como me importa menos...

Pero volviendo a lo de la película, decía que la había recordado porque entre los muchos artistas que por ella pasan, todos grandes, creo que me quedo con la escena de Manuel Pareja Obregón. Éste hombre es otro de esos sevillanos ilustres que algunos conocen y demasiados ignoran. Es el José Alfredo Jiménez de las sevillanas: todos han escuchado alguna suya aunque lo ignoren. Compuso muchísimo y grabó muy poco, apenas a modo testimonial. Y eso que, como en el caso del mexicano, es precisamente el hecho de que su voz no sea perfecta, ideal para el género, lo que engrandece sus interpretaciones al hacerlas más puras y naturales.

Lo genial de Pareja Obregón —Manuel, porque el resto de la patulea...— es cómo intentó siempre reivindicar las sevillanas como algo más que un fondo musical para bailar. Las suyas son sevillanas para escuchar, y para bailar, sí, pero hasta bailando, se te va el oído hacia lo que está contando. En pocas de sus composiciones hay versos que se repitan una y otra vez, porque aprovechaba cada línea para decir algo, para emocionar. Y de igual modo que buscaba la máxima expresión con los textos, así hacía también con las estructuras musicales. En fin, lo que se dice un maestro.

Nacido en Gines, provincia de Sevilla, en 1933, nieto del torero Espartero, Pareja Obregón introdujo la orquesta donde antes sólo sonaban guitarras y castañuelas, además de ser un notable escultor que se prodigó frecuentemente. Colaborador de Rafael de León y Manuel Quiroga, compuso más de tres mil sevillanas, fandangos y canciones —además de la famosa Salve rociera— que interpretaron decenas de artistas de distintos géneros.

Pero una vez más nos topamos con un creador que tuvo la mala suerte de nacer en una ciudad de la que acabó perdidamente enamorado y que le acabó dando la espalda. El compositor provenía de una familia muy conservadora, y ni ésta ni la Sevilla de las formas, la Sevilla oficial, aceptaban de buen grado el estilo de vida elegido por Pareja Obregón.

La más triste y dura expresión de ese rechazo llegó cuando el artista falleció en 1995, a los 62 años, a causa de una leucemia. Todos los medios de comunicación coincidieron en resaltar la frialdad del funeral, que reunió a unas doscientas personas con clamorosas ausencias de la vida social, política y cultural sevillana. Sólo José Rodríguez de la Borbolla, concejal socialista y ex presidente de la Junta de Andalucía hasta 1990, acudió al sepelio. Una ceremonia fría y austera a la que siguió el cumplimiento de su última voluntad: que sus cenizas se esparcieran en la aldea del Rocío, un lugar íntimamente ligado a su biografía.

En el vídeo que dejo, extraído de la mencionada película, Saura presenta a Pareja Obregón sentado al piano, cantando con esa elegancia como de quien toca algo de Debussy aliñado con un seseo bien domado. Alrededor del piano le acompañan la maestra de bailaoras, Matilde Coral, su marido, Rafael el Negro, y su hija Rocío García Corrales. Se marcan varios bailes, pero ninguno como el de la gran Coral con el mantón sobre los hombros mientras Pareja Obregón canta Dios quiso crear el vuelo. El piano limpio, la voz imperfecta, los movimientos casi mágicos, y esa realización de Saura que casi hace que nos sintamos allí; hasta los sonidos son impecables, desde el roce de las telas hasta el golpe de cada paso.

No me seas malaje, échale un vistazo.


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2 comentarios:

Gabriel dijo...

Primero, como buen agnóstico de la Feria, celebro con el alma a los creyentes de la fiesta de baile más sensual.
Segundo, cdc por recordar a Pareja Obregón, que dio esa finura al cante por sevillanas, esa magia de ponerle un precioso contar al cantar.
Y tercero, desde ya brindo con una copa por los que lleváis la feria al recinto. De eso vive.

Javier Márquez Sánchez dijo...

Muchas gracias, Gabriel. Choco mi copa con la tuya...