viernes, 22 de mayo de 2009

Luz verde (perdón) a los lagartos

Feliz y contento luzco desde ayer tras leer por ahí la noticia que llevaba tiempo esperando. La cadena de televisión estadounidense ABC ha dado luz verde a la puesta al día de la serie V. Bueno, de momento ha dado su visto bueno al episodio piloto, y según vayan las cosas así se plantearán el futuro. Crucemos los dedos por tanto para que los resultados, en todos los sentidos, sean mejores que los obtenidos por la nueva generación de El coche fantástico, que no vale un colín, y así le va.

La adaptación correrá a cargo Scott Peters, uno de los creadores de la serie de ciencia ficción Los 4.400, y en lugar de un Mike Donovan de pelo en pecho como protagonista, la nueva serie tendrá a una tal Erica Evans, que no será reportera, sino agente de seguridad (aunque también habrá un periodista por ahí). Estos dos datos, guionista y cambio de rol principal, me dan mala espina, y me hacen temblar ante la idea de que puedan darle un revolcón tan contundente a la serie como ya hicieran como Galactica, otra producción de la misma época.

Eso se sabrá fácilmente. Si el piloto tiene éxito, y se plantean V como una serie larga, recoge el chiringuito y vámonos a otra playa, porque el invento no va a funcionar. Esa historia está llamada a ser corta, al grano. Y para muestra, lo ocurrido con la original.

Como ya sabréis la mayoría, y para los que no, aquí estoy yo, V se planteó como una miniserie, con cuatro capítulos de 45 minutos de duración cada uno, cuya primera parte se rodó en 1983. Como la cosa funcionó, en 1984 se rodó V. La Batalla Final, con tres capítulos de dos horas de duración cada uno. A la audiencia le siguió gustando, y los de la cadena de televisión dijeron entonces eso tan gracioso de: "Manolo, tira pa'lante". Y Manolo tiró lo que pudo de una historia que había quedado redonda como estaba y que, en los 19 capítulos siguientes, no hizo más que estirarse, expandirse y quedar aplastada como un chicle.

Como ya comentaba en una entrada meses atrás, el estreno en V España, allá por 1984, causó tal sensación que hasta el humorista Pepe DaRosa le dedicó una de sus agudas coplillas: Los lagartos de la tele. Veinticinco años después, convertida en leña de candela ‘frikie’, la serie se sigue disfrutando con la mirada ingenua de la infancia, sin dejar que nos afecte el hecho de que mala, lo es de categoría. Debido al precario presupuesto, se emplearon una y otra vez los mismos planos de las naves espaciales estrellándose, sobrevolando la ciudad o, sobre todo, saliendo de la nave nodriza. Además, resulta gracioso ver cómo, a pesar de lo nutrida de botones que está la consola de dicha nave, el lagarto de turno pulsa siempre los mismos botones sea para lo que sea. Eso sin contar con cómo Mike Donovan entraba y salía de esa nave como Pedro por su casa. Pero, ¿no son esos detalles los que dan un encanto especial a estas series míticas?

Eso sí, el contenido implícito de la serie, el mensaje oculto bajo la piel de lagarto, no hay galgo que se lo salte. Entre discursos de aquel cura que siempre metía la pata, el anciano rebelde con un nieto empeñado en lucir uniforme de los visitantes y la madre del protagonista, más traicionera que Angela Chaning con jaqueca, unos cuantos nos empapamos de un asunto que, ya mayorcitos, nos ayudaría a emocionarnos como Dios manda viendo Casablanca. Y es que al parecer, la idea inicial de Kenneth Johnson (responsable del asunto) era hacer una miniserie contando el sacrificio de un grupo de la Resistencia francesa durante la ocupación nazi. Pero en la cadena de televisión le dijeron que el americano medio no estaba para dramas europeos., y Johnson, muy listo él, se las dio de trilero y cambió los años cuarenta por los ochenta, los nazis por unos extraterrestres, los gabachos por los yanquis, y aquí paz y después gloria. Vale que la cosa degeneró un poco, sobre todo en la tercera temporada, pero la idea era la que era.

Pues nada, esperaremos a ver qué ocurre con esta nueva versión de V, cuyo estreno está previsto para comienzos 2010. A pesar de los comentarios anteriores, las imágenes que he visto no tienen nada de mala pinta. Se ve que la inversión ha sido bastante más generosa que 25 años atrás, y la nueva Diana —una lagartona más que una lagarta-, Morena Baccarin, pues... pues eso, la nueva Diana. Aquí os dejo dos promos distintas que se han hecho públicas hasta ahora.





Señores de la ABC, sean ustedes buenos con los treinteañeros que hemos crecido encariñados con esta serie. Seguir estándolo tras tantos años, a la vista de aquellas gafas a lo Niña de la Puebla, aquellos uniformes con aires de butanero o aquellos cardados de las extraterrestres... digo yo que nos merecemos tener una nueva V a la altura, como mínimo, de su predecesora. Por lo menos, en lo que a encanto y nostalgia frikie se refiere.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Aires veraniegos para el blog

Bueno, aún no ha llegado el verano pero quería refrescar un poco el blog. Sí, un nuevo cambio de imagen. Ya sé que es la tercera vez. ¿Qué le voy a hacer? Me canso de tener siempre el mismo aspecto, ya se trate de mí o de mi blog. ¡Qué sería de los diseñadores de moda y de las tiendas del sector si nos dedicásemos a llevar siempre el mismo tipo de ropa! Aunque, ahora que lo pienso, sí que hay gente que lo hace, y en manada, además. Pues benditos sean.

Pero yo he querido darle aires relajantes al blog, a ver si se me pega algo. Y en esta época, nada más relajante que una terraza a pie de playa. Pero en algún lugar perdido, ¿eh?, sin domingueros, turistas, vecinos de apartamentos, vendedores de puñetitas... Lo que se dice relajarse, vamos. Y ya, de paso, pues he aprovechado para escoger un modelo que diese mayor espacio al texto de las entradas, pues la columna del anterior me resultaba demasiado estrecha. Acababa uno con complejo de máquina de escribir, obligado a pasar de lado a lado casi de inmediato.

También he probado con el fondo negro, y no creáis que me disgusta. Muy elegante. Y además, dicen que para leer en pantalla nada mejor que el blanco sobre negro. Pero se me antojaba pelín lúgubre. ¿Quién sabe? Tal vez, para el otoño.

En fin, espero que el cambio no os desagrade demasiado, y sobre todo, que los nuevos contenidos os interesen, cuanto menos, como hasta ahora. Últimamente anda la cosa floja, ya lo sé. Pero espero remontar pronto, y que os siga apeteciendo venir a echar un rato agradable de vez en cuando a este rincón nuestro, al otro lado del río y entre los árboles...

lunes, 18 de mayo de 2009

Esa bastarda de ojos vacíos llamada Muerte

Dori es una veinteañera risueña, hiperactiva, con ganas de comerse el mundo y de exprimir cada segundo que le dé la vida; como debería ser cualquier veinteañero. El pasado domingo se levantó temprano para ir al centro de la ciudad, a seguir llevando las diversas actividades que coordina en una de las carpas de la Feria del Libro. Se había tomado el asunto tan en serio que incluso no salió la noche anterior para estar al cien por cien de rendimiento. Desayunó, se montó en su Opel Corsa y puso rumbo a su destino.

Al llegar a lo alto de uno de los puentes que cruzan sobre las vías del tren, un semáforo la obligó a frenar. Dos coches, tal vez tres, ya estaban detenidos ante la luz roja. Así lo hizo también Dori. Mientras pasaba el tiempo, los segundos, tal vez cambió el dial de la radio, tal vez repasó mentalmente la agenda del día, o incluso rebuscó en el bolso para comprobar que no olvidaba nada.

Fuese lo que fuese lo que estaba haciendo, no lo vio llegar. Sólo lo sintió. Un golpe terrible a su espalda que la empujó hacia delante con la misma violencia con la que el impacto con el siguiente coche hacía saltar el airbag y le propinaba un asfixiante impacto en el rostro. A setenta, tal vez a ochenta kilómetros por hora, fue la estimación inicial de la policía de la velocidad del coche que provocó el accidente. No intentes imaginarlo. Es sencillamente terrible.

Dori salió del Corsa por su propio pie, asustada, desconcertada, frenética. Pero aún tuvo la serenidad de pensar que prefería llamar a su hermana antes que a sus padres. Ella, suponía, reaccionaría con más sosiego.

Y su hermana, María José, estaba con Sempiterna y conmigo.

María José ha sido ese gran regalo que nos ha deparado 2009. Al igual que Adri, Ali, Violeta, Pepe o Clara lo fueron en 2008, o Teo y Mari en 2007, este año hemos tenido la suerte de cruzar nuestro camino con el de este ser humano maravilloso que es Meriyou. Y si hay algo peor que ver sufrir a cualquier persona, es asistir a la angustia de alguien a quien quieres.

Estábamos juntos porque ambos andamos trabajando en un proyecto literario. Sempi se marchaba a trabajar en la Feria del Libro, precisamente junto a Dori. Desayunamos los tres y nos despedimos. Fue entonces cuando recibimos la llamada, y María José y yo pusimos rumbo al lugar del siniestro. Por suerte, quedaba muy cerca de donde estábamos.

Cuando llegamos ya había allí una ambulancia atendiendo a todos los implicados, y varios agentes de la Policía Local comenzaban a tomar los datos para el atestado. Los coches lo contaban todo: el de Dori se había llevado la peor parte, había quedado casi como un acordeón (“esto es casi seguro siniestro total”, diría luego el tipo de la grúa). Uno de los sanitarios, hablando después con otro compañero y uno de los policías, fue tan claro como crudo: "si esta chica no llega a tener un coche delante, igual ni lo cuenta, porque el airbag no le salta, y el golpe ha sido terrible". Pero saltó. Saltó incluso el del asiento del acompañante, y lo hizo con tanta virulencia que dejó hecho añicos buena parte de la luna delantera.

No hubo que lamentar víctimas, ni siquiera heridos graves. Solo algunos esguinces y rasguños, que no es poco. Por eso, cuando los padres de Dori llegaron al lugar, sus miradas centelleaban con tanta emoción que llegué a sentir que aquel momento, trágico e incluso caótico, con tanta gente que iba y venía, resultaba para ellos de una intimidad casi dolorosa. Aquellos padres, al tener ante sí a su hija andando por su propio pie, que podía abrazarles y contarles entre lágrimas lo ocurrido, aquellos padres, decía, volvían a ver nacer a su pequeña por segunda vez.

Pasé buena parte de la mañana con esta familia -entrañable, por cierto, hasta lo indefinible-, ayudando en lo que estaba en mi mano, que era bien poco, y sobre todo, intentando no entorpecer en esa intimidad trágica que afloraba de vez en cuando ante la conciencia de lo que pude ser y afortunadamente no fue.

Hoy, Dori está mejor. Un par de semanas con collarín, pomadas y mucha tranquilidad, y estará repuesta por completo, con más ganas que nunca de comerse ese mundo que no podría seguir sin ella. También sus padres andan ya más tranquilos, aunque supongo que el corazón aún se les acelerará en ocasiones al caer la noche y planear sobre ellos el recuerdo de lo ocurrido.

Por mi parte, no puedo dejar de pensar en cómo la vida cambia con un simple chasquear de dedos. En cualquier momento, por cualquier razón, por cualquiera de esos "totales" que comentaba con Gabriel, el padre de Dori y María José: "total, por una cerveza...", "total, por diez kilómetros más...", "total, por no llevar el cinturón de aquí hasta allí...", “total, por…”

Y es que a la Muerte nunca la ves venir. Es muy lista, la hija de perra. No luce túnica negra con capucha ni alza su guadaña al aire. Va vestida de destino ansiado al final de la carretera, de reloj que marca tarde la hora de llegada al trabajo, de sorbo de alcohol inocente antes de volver a casa, de discusión absurda que se enardece por momentos...

El domingo, cuando celebré con la familia de Dori que la chica volvía a nacer, volví a ser consciente de todas esas cosas por las que vale la pena vivir. Y vivir de verdad, a fondo, cada instante, disfrutando de las mil y una maravillas que tenemos ante nosotros, desde la belleza de una puesta de sol a la compañía del mejor de los amigos. Hay que vivir la vida con tanta intensidad como podamos, pero sin caer jamás en el error de darle cualquier excusa a esa pequeña bastarda de ojos vacíos que anda siempre acechando, esperando para entrar en acción.

Te pasaste de lista esta vez, Muerte. Johnny, ¿haces los honores?

viernes, 15 de mayo de 2009

Scorsese y el Rat Pack, música para mis oídos

No puedo evitarlo. Son las ocho y media de la mañana y hoy estoy en casa de vacaciones, pero tenía que escribir esta entrada o reventaba. Desde ayer estoy eufórico con la noticia. Por fin, ¡Por fin! Por fin suceden dos cosas que hacía tiempo venía deseando, y además, lo mejor es que suceden combinadas: un director de prestigio ha logrado convencer a la familia Sinatra para llevar a la gran pantalla la vida del Viejo ojos azules. Pero es que además resulta que ese director es, ni más ni menos, Martin Scorsese. Después de ver -una y cien veces más- Uno de los nuestros y Casino, es imposible que se pueda señalar a un realizador más adecuado para retratar la singular figura de este personaje.

Scorsese llevaba casi una década intentando tener en las manos un guión sobre Dean Martin, el eterno compañero de correría de Frankie. Trabajaba como base con el libro de Nick Tosches, Dino: Livin' High in the Dirty Business of Dreams, una verdadera maravilla. Pero la cosa no terminaba de cuajar. Ninguna versión del libreto le convencía. Y eso que el proyecto llegó a estar tan asentado que hasta se barajó un reparto: Tom Hanks como Dino, John Travolta como Sinatra, Hugh Grant Joey Bishop y Jim Carrey como Jerry Lewis (del pobre de Sammy Davis Jr. nunca se supo de actor alguno).

El proyecto Dino, que así se conocía, nunca cuajó, pero ahora, la nueva película permitirá a Scorsese no sólo abordar la figura de Sinatra, sino acercarse también a la aún más compleja y fascinante de Dean Martin. ¡Qué le voy a hacer! Es mi favorito confeso del Rat Pack.

Relamiéndome de placer estoy. Con que la película le salga la mitad de bien que Uno de los nuestros, ya será toda una delicia. Ahora viene lo difícil, escoger el reparto: ¿Actores buenos y conocidos sin parecido físico con los personajes, o intérpretes desconocidos de fisonomía similar?

Martin, en tus manos encomiendo mi esperanza.


martes, 12 de mayo de 2009

Cuidado, Bud ha vuelto y está cabreado

Tal y como señala mi buen amigo Mr. X en su blog, si decimos Carlo Pedersoli, la gente sigue a lo suyo, demasiado preocupada por hacer como que trabaja mientras piensa en cuánto más debería estar cobrando por estar ahí sentado trabajando. Ah, pero si decimos Bud Spencer, la cosa cambia, ¿verdad? ¡Y tanto! cambia a guantazo limpio...

Pues resulta que los creativos de Bancaja -chapó, señores- han decidido fichar a este actor para su nuevo spot publicitario. El hombre va a sacar dinero y no funciona el cajero. Y claro, se cabrea. Y cuando Bud se cabrea, ya se sabe, reparte a diestro y siniestro. A sus 79 años, el artista italiano ha disfrutado de lo lindo volviendo a repartir guantazos aquí y allá, y al parecer, los especialistas se han mostrado igual de felices de poder incluir en su currículum que han sido abofeteados por el legendario Bud Spencer.



¿Habré visto yo películas de Bud Spencer y Terence Hill? Pues todas, y algunas más de dos y tres veces. Par impar, Quien tiene un amigo tiene un tesoro, Dos misioneros, Dos superpolicías, Estoy con los hipopótamos... Hoy día vemos esas películas y sonreímos con suficiencia pensando: "tiene gracia, pero qué cutre". Pues no nos demos tantos aires, porque aquí los amigos fueron renovadores absolutos de la comedia en una época, los años setenta, en que el género parecía estancado.

Jerry Lewis había establecido las nuevas reglas de la carcajada cinematográfica a comienzos de la década anterior y Blake Edwards las redefinió cuando los sesenta tocaban a su fin. Pero eran otros tiempos, y esas comedias sofisticadas e inteligentes no terminaban de funcionar con la nueva generación que crecía al calor de las manifestaciones contra Vietnam, la lucha contra las dictaduras y las consecuencias de la crisis económica. Y en eso llegaron Bud Spencer y Terence Hill y recuperaron el slapstick (comedia que implica exageración de la violencia física) de Buster Keaton, Charles Chaplin y Lauren & Hardy. ¿Que exagero? Pues la cosa funcionó a las mil maravillas. En su día se hicieron de oro y hoy, si te pilla una de esas pelis después de la siesta mientras apuras el café, ¿a que prefieres reírte con sus mamporros que aguantar la "historia basada en hechos reales" de otras cadenas? Pues calla y sigue leyendo.

Carlo Pedersoli y Mario Girotti, que así se llamaban Bud y Terence en realidad, coincidieron por primera vez en el western italiano Tu perdonas... yo no. Era una cinta seria, donde repartían leña pero muy al uso. Los mamporros, guantazos y demás cachiporrazos no llegarían hasta que en 1970 protagonizaron Le llamaban Trinidad. Y con ella se lió el taco. La pareja se sumaba a la todavía vigente moda del spaghetti western pero recurriendo a una innovadora perspectiva cómica. Y la fórmula triunfó.

Oye, que es que los chavales no eran tan brutos como representaban en pantalla. Carlo, Bud para nosotros, tiene estudios de Química, habla seis idiomas y es licenciado en Derecho. Además, en su juventud fue durante diez años campeón de natación de Italia en los cien metros libres y representó a su país en los Juegos Olímpicos de Helsinki (1952) y Melbourne (1956) en natación y waterpolo. Quién lo diría viéndolo luego con esa barba y esa tripa, ¿verdad?

Pero volviendo a las películas, de todas ellas, me quedo con Y si no... nos enfadamos, otro de esos títulos que me devuelve sin remedio a mi infancia y a las tardes de cine en la salita de casa de mis abuelos. Al dedillo me sé yo los diálogos de esta película, de 1973, amén de su memorable banda sonora, la apuesta de las cervezas y salchichas, cada golpe propinado en la legendaria pelea en el gimnasio... Seguro que la mayoría la habéis visto. Es ésa en la que la pareja gana un coche de carreras rojo de capota amarilla y unos mafiosos se lo destrozan. "¡Queremos que nos devolváis nuestro cochecito!"...

Total, que con el anuncio de Bancaja me he reído y me he puesto nostálgico. Y digo yo que para eso es esto del blog, ¿no?

Aquí os dejo la famosa cancioncilla de Y si no... nos enfadamos, con el mítico balbuceo de Bud...


...y la desternillante pelea en el gimnasio con el no menos popular tema Dune buggy.

lunes, 11 de mayo de 2009

(Micro) Relato: 'Deidad'

El sacerdote abrió la caja y tomó el preciado objeto. Extendió los brazos para presentarlo a todos. Se arrodillaron e inclinaron la cabeza. Se hizo el silencio. Poco a poco fueron surgiendo las voces, tímidas al principio, más ansiosas después. Unos pedían, otros preguntaban. El amor, la enfermedad, la pobreza, la virtud, el futuro, el pasado… Ante ellos, el sacerdote exponía el objeto abierto contra su pecho, dejando a la vista todos aquellos signos y marcas que ya nadie sabía interpretar. Hacía muchos años de la muerte del último hombre que era capaz de obtener conocimiento del objeto sagrado. Cientos de años atrás, contaba la leyenda, hubo millones como aquél, y en ellos se guardaban todas las respuestas. Por eso, cuando lo encontraron por casualidad oculto entre las rocas, decidieron adoptarlo como deidad.

Mientras escuchaba las súplicas de su pueblo, de reojo, el sacerdote miraba los rasgos en el lado frontal del ídolo. No significaban nada para él, pero intuía que debían decir algo importante, más aún, apasionante. Unos siglos atrás alguien le hubiera revelado el mensaje: Veinte mil leguas de viaje submarino.

viernes, 8 de mayo de 2009

Cincuenta años de 'Al vent'

Era 1959. El joven Raimon no andaba pensando en la dictadura, la represión ni tan siquiera en la lucha por las libertades. Sólo iba en moto.

Ramón Pelegero, Pele lo llamaban los amigos, era un chaval de dieciocho años inquieto, avispado, devorador de poesía, que había tomado conciencia de que la suya era una lengua castigada por el franquismo, que seguía con detalle el existencialismo contracultural que emergía en Europa, y había asumido que componer y cantar en catalán era una manera tan digna como otras de expresar su profundo disgusto con el tiempo que le tocó vivir.

No le gustaba viajar en moto, pero aquel día no le quedaba más remedio. Iba “de paquete” con un amigo y el viento le golpeaba la cara. Así que cerró los ojos y se dejó invadir por aquella maravillosa semsación de libertad.

De esa experiencia surgiría Al vent, canción que, medio siglo después, mantiene intacta toda su fuerza evocadora y su impulso reflexivo.

A Raimon lo homenajean estos días con ese motivo en la Universidad Politécnica de Valencia, su propia tierra. A la espera estoy de que me llegue el catálogo que se ha editado catálogo, con textos sobre el artista de Fuster, Salvador Espriu, Néstor Luján, Manuel Vázquez Montalbán, Joan F. Mira y Manuel Vicent, entre otros.


Es una gran noticia la de esta exposición en honor de Raimon en Valencia, donde habitualmente ha sido siempre ignorado. La última vez que actuó allí fue hace casi diez años, y sólo en una ocasión ha aparecido en la cadena televisión autonómica, Canal 9. Y es que Raimon nunca fue un artista agradable para la derecha sociológica y política valenciana; y en especial para la virulenta derecha regionalista y secesionista que durante años alimentó el anticatalanismo.

Siempre fue mucho mejor tratado en Cataluña. Allí abrió infinidad de caminos para los integrantes de la llamada Nova Canço, y fue, por ejemplo, el primer artista que cantó en catalán en el prestigioso Teatro Olympia de París.

Aunque la cosa no queda en Valencia. Durante muchos años, Raimon era reclamado para cantar en Francia, Italia, Inglaterra, Estados Unidos y hasta Japón; en todos sitios menos en España, dopnde sólo en determiandos escenarios era consentida su presencia. Al principio, porque estaba prohibido, y más adelante porque resultaba incómodo. Y es que a pesar del uso político que se le ha querido dar a su obra, el de Xàtiva siempre se ha resistido a verse ligado a ningún partido político, y eso ha fastidiado mucho; bastante. Es más, apenas un pequeño porcentaje de su obra podría catalogarse de política o “protesta”, siendo por el contrario la mayoría de un trasfondo íntimo y personal y enorme belleza musical. Pero eso no importa cuando te han colgado una etiqueta.

Los habituales de este blog ya sabéis que tengo la suerte de conocer a Raimon. Le he entrevistado varias veces, y en nuestro último encuentro, con motivo del homenaje que se le rindió el año pasado en Madrid, la confraternización resultó aún más cercana. Llegamos a pasar largos ratos juntos en los que me relató infinidad de anécdotas y debatimos sobre las cuestiones más diversas. Es curioso cómo un artista de pose a priori tan severa, que se hizo famoso por su estilo de “gritar” una canción, más que entonarla, resulta en el trato directo un ser humano tan entrañable.

Vaya desde aquí mi enhorabuena a Raimon por ese homenaje en su tierra y por ese medio siglo de una canción legendaria, imprescindible. Aquí podéis escucharla en un concierto multitudinario con motivo del treinta aniversario de la canción, en el que participan artistas de diversas disciplinas.
Al viento,
la cara al viento,

el corazón al viento,

las manos al viento,

los ojos al viento,

al viento del mundo.


Y todos,
llenos de vida,
buscan la luz
,
buscan la paz
,
buscan a Dios
,
al viento del mundo.


Pero nosotros al viento
,
la cara al viento,
el corazón al viento,

las manos al viento,
los ojos al viento,

al viento del mundo.




Os dejo también la entrevista que se le hizo en La 2 Noticias en mayo del pasado año, cuando aquel homenaje madrileño, la misma noche que ofreció un recital para conmemorar su legendario concierto de mayo de 1968.


jueves, 7 de mayo de 2009

El encanto de una tarde de primavera

Algo tienen de especial las tardes de primavera, de esta primavera que avanza sin remedio hacia el verano. Año tras año me provocan una sensación deliciosa, que me remite a momentos mágicos de tiempos pasados. Me refiero a esas tardes en las que el día roba horas a la noche y el Sol aún no calienta tanto como para hacer demasiado sofocante un paseo por el barrio (porque a mí, todo hay que decirlo, me pirran los barrios; pero de eso hablaremos en otro momento).

Estos días estoy trabajando en la corrección de la novela y a eso de las ocho u ocho y media lo dejo y me voy a pasear. Hay un parque estupendo al lado de casa y le tengo cogida la hora al Sol cuando se va a dormir, más allá de un apacible estanque donde viven a sus anchas una docena de patos. Después, doy un largo rodeo de regreso a casa y me siento a tomar un par de cervezas en el Calderon —o eso querría hacer, a ver si al amigo Jose le da por abrir de una vez por las tardes—, cuyo bar ocupa el lugar más fresco y agradable de toda la larga avenida.

Si hay suerte, Marta se une a mí en ese momento para disfrutar de un par de tapas de caracoles. Porque también para ella guardan un encanto especial estas tardes de primavera. Me refiero a eso, a los caracoles, pequeñas y al parecer deliciosas babosas que ella degusta con ansiedad casi infantil ante mi indiferente mirada. ¡Se está tan bien en ese momento, apenas un par de horas del día, al final de éste, cuando ya todo ha quedado atras...!

Y es esa sensación de placidez la que me hace volver a mi niñez, cuando le ganabas horas de juego a las de sueño, cuando podía pasar más tiempo con Ana, Noe, Miguel, Antoñito o Javi Chico, meneando el bigote con los bocadillos de salchicha que me zampaba a eso de las ocho u ocho y media en lo que las madres daban en llamar “merienda-cena”.

Con más nostalgia aún recuerdo esas tardes de mayo-junio a mis quince o dieciséis años, esa edad iniciática para todo en que me tendía en mi cama, la cabeza a los pies, mirando hora tras hora cómo se oscurecía el cielo a través de mi ventana. En un walkman blanco, Aiwa si mi memoría no me falla, pasaba sin cesar el primer álbum en solitario de Paul Simon, que a pesar de aparecer con parka y gorro en la portada, siempre me ha resultado tan refrescante y veraniego como cualquiera de los Beach Boys. Con ese mismo walkman me daban las tantas de la noche, sin dejar de mirar las estrellas por esa ventana, escuchando a Carlos Pumares y su Polvo de Estrellas de Antena 3, o el programa Historias, de Radio Nacional de España, con Juan José Plans, “para pasarlo de miedo con miedo”.

También era a esa última hora de la tarde cuando mejor se estaba en la terraza de casa de mis abuelos, a pesar del murete que tanto molestaba a mi abuela porque no le dejaba ver la calle. Cuántos Hemingways, LeCarres, Conan Doyles o Terenci Moix no habré leído allí, con el tentempié de unas patatas fritas y un refresco, y los breves interludios para debatir con mi abuelo sobre cualquier cosa que estuviéramos leyendo.

Si ya lo decían mis niños, S&G: “Preserva tus recuerdos, es todo lo que te quedará”. Por mi parte atesoro bien todas esas tardes pre-estivales, y espero seguir sacándole jugo a muchas más. De momento, y hasta que llegue el calor, ya sabéis dónde encontrarme al morir el día.

martes, 5 de mayo de 2009

Qué bueno sentirse libre

Venga, hoy haremos doblete, por aquello de llevar tanto tiempo sin postear.

Os dejo otro de esos momentos maravillosos, otra de esas escenas que nada tienen que ver con la mítica del cine sino con mi propio universo personal. La he visto decenas de veces, sólo ese trozo, porque me hace sentir algo muy especial.

Extraída de El caso de Thomas Crown, en ella vemos al gran Steve McQueen, tan cool como de costumbre, a bordo de un planeador, haciendo piruetas, dejándose llevar, al tiempo que Noel Harrison (el malogrado hijo de Rex Harrison, que murió al poco de grabar este tema), interpreta The windmills of your minds, "Los molinos de viento de tu mente". Es asombrosa la sensación de libertad, de relajación, de placidez que desprende la escena. Un hombre libre, más allá de donde puedan alcanzarlo los problemas o las personas. Un paréntesis, una pausa, a solas él y la vida. Es fantástico tener un lugar así —físico o mental— al que poder acudir cada vez se necesitamos un respiro.

Yo no vuelo, ni con motor ni sin él, pero seguiré disfrutando mientras pueda sentado junto a Steve en esa pequeña cabina.

Tu y tú, pánico. El resto, calma

Vaya por Dios, con el buen ritmo que llevaba en el blog, con una media de tres o cuatro entradas semanales, y de pronto este parón. Es lo que tiene la primavera en Sevilla, fiesta por aquí, fiesta por allá, y te saca de tus casillas. Pero bueno, la "temporada" pasó y ahora intentaremos recobrar algo de calma, disciplina y compostura.

Con permiso de Sir Michael (Caine, of course): "Tú y tú, pánico. El resto, calma". O lo que viene a ser lo mismo, que tengo una lista de temas pendiente más larga de lo que me gustaría. A saber: aún no he terminado la corrección de la novela que quería que el editor tuviese ya en sus manos; tenía la esperanza de haber liquidado el primer borrador del nuevo libro antes de las fiestas y éstas han pasado y lo dejé aparcado poco después de lo que vendrá a ser la mitad de la historia; tengo pendientes un par de nuevos artículos para Esquire, los sempiternos aparcados para La Aventura de la Historia, relatos para un par de antologías que se están fraguando... Amén de quehaceres más mundanos pero igualmente necesarios. Y seguir con el blog, claro.

Con calma y buena letra, habrá que "trabajar con alegría", como ya nos enseñó el coronel Saito en El puente sobre el Río Kwai. De momento, la prioridad es terminar la corrección de la novela. El otoño está a la vuelta de la esquina, demasiado próximo teniendo en cuenta todo lo que queda aún por hacer (desde la corrección y edición definitiva a la elección de portada, etc). Ya empiezo a experimentar cierta ansiedad por el gran momento...

Y bueno, digo yo que para ser una primera entrada tras casi dos semanas de mutis por el foro -sin contar las viñetas-, la puesta al día no está del todo mal. Sólo una reflexión más. ¿Tendré que replantearme mi oficio? Hasta ahora tenía la escritura como principal ocupación y la música como algo secundario. Irónicamente, cuando colgué en el blog aquella canción, alcancé el mayor número de visitas y comentarios registrados en más de un año de andadura. Por el contrario, los dos relatos que he colgado apenas han despertado el mismo interés -a tenor de los comentarios- que cualquiera de las entradas más insulsas. Mmm... ¿Debería reflexionar al respecto?

jueves, 30 de abril de 2009

En la Feria, sin palabras

Estamos en plena Feria, y yo ando más muerto que vivo, pero sobreviviendo. Ahora toca trabajar... perdón, quise decir que ahora toca estar en el trabajo, y a mediodía seguiremos al ataque.

Como pocas son las ideas, menos las ganas y ninguna la genialidad, he optado por salir de pesca y me he topado con unos simpáticos dibujos en el blog Factor Kippel. ¿Que qué es eso del Kippel? Si lo preguntas es porque no eres tan friki como para conocer a fondo Blade Runner y todo su universo.

En la novela de Philip K. Dick que dio pie a la película de Scott, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, el autor explica: "Kippel son los objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después que se haya gastado el último, el envoltorio de un chicle o el diario del día anterior. Cuando no hay gente, el kippel se reproduce (...) el kippel expulsa el no-kippel (...) nadie puede ganar al kippel, a no ser, quizás, de forma temporal y en un punto determinado, como mi apartamento, donde he conseguido un equilibrio entre kippel t no-kippel, al menos por ahora (...)".

Pues eso, que a falta de mil palabras, aquí dejo unas imágenes.

jueves, 23 de abril de 2009

Relato: 'Los demonios de la noche'

De la limpieza de archivos de la que ya hablé cuando publiqué el relato anterior, he rescatado este otro texto, escrito bajo influencias similares y que debe datar también de hace unos doce o trece años. Sigue haciéndome sonreír esa cierta ingenuidad que destila el dramatismo de muchas de sus líneas. Un relato de desamor urbano, como son las mejores historias románticas. Y no os dejéis engañar por el título, no hay ni una pizca de terror en estas líneas. En fin, espero que no os desagrade demasiado a los que os animéis a leerlo.


Los demonios de la noche

Era martes. Octubre o noviembre, pero martes. Desde la ventana de aquel tercer piso pude ver pasar el autobús. Apenas distinguí ocho o nueve pasajeros. No veía sus rostros, pero intuía sus expresiones. Podría describir cada una de aquellas miradas al vacío, de aquellos suspiros, porque yo también he tomado muchas veces el autobús de los demonios. Es ese último coche que sale cuando el reloj del Ayuntamiento está próximo a dar las doce. Cuando el conductor cierra las puertas para partir, un aliento casi tangible se incrusta en el pecho de todos los viajeros, incautos solitarios que se convierten en las primeras víctimas. Vengan de donde vengan, vayan adonde vayan, todos comparten una cierta tristeza en sus ojos. ¿Cansancio? Tal vez parezca eso, pero no, es más, mucho más.

El día muere, y la mente toma control de los pensamientos, ajena por completo a la voluntad del sujeto. Y hace balance del día presente, evoca sin remedio los días pasados, y hace estimaciones de lo que depararán los futuros. Las esperanzas ofrecen dura resistencia ante los miedos, y el deseo se niega a doblegarse ante la inseguridad. La conclusión de ese estado es la que conduce al suspiro, a la aceptación de una vida propia condicionada por tantas ajenas.

También se advierte algo de salvación en los rostros de esos viajeros, al menos, de tregua. El día termina, y con él, los problemas cotidianos se encierran entre paréntesis. El extra de ese mes que sigue sin permitir pagar la hipoteca pendiente, la agencia de trabajo temporal que no llama nunca, la amante que no deja volver a la añorada rutina marital… Pero ya es de noche, nada se puede hacer, y no queda más remedio que aprovechar para tomarse un descanso. Es entonces cuando se piensa, cuando se recuerda, cuando se lamenta, cuando se sueña.

Conforme se van apeando del autobús, los demonios también bajan con ellos, y se van distribuyendo así por toda la ciudad. Recorren cada esquina, cada escalera, cada entreplanta, cada puerta, cada habitación, cada almohada... Como la víspera de la Epifanía, como la plaga de Egipto. No se conforman con las habituales, van buscando víctimas nuevas cada día. Están al acecho de cualquiera que sucumba a la soledad, de espíritu, por supuesto. Yo he presenciado cómo algunas personas rodeadas de otras muchas eran arrastradas por estas sombras de la penumbra hacia los insondables abismos de la noche; sin posibilidad de salvación, sin redención.

Yo conocía bien aquella experiencia, y por eso vigilaba. El autobús no se detuvo en la parada, junto al quiosco decorado con carteles y graffitis. Aun así, desconfié. No los ves, no los oyes, pero llegado el momento, los sientes. Yo los sentiría, seguro, pero no allí, no en ese momento; no con ella. Estaba sentada en la cama, tapada hasta la cintura por la sábana celeste y una manta cubriéndole los hombros, con sus pechos medianos y firmes señalándome con una sensualidad irresponsable en aquellos momentos. Bebía los restos de una infusión de manzanilla que le había preparado. Tenía la mirada triste.

Es curioso, no me había fijado hasta entonces. No era sólo tristeza por nuestra situación, lo sé. Había sido así desde años atrás, poco a poco. Tenía sendas bolsas bajo cada uno de aquellos ojos castaños: una por Teresita y otra por Alfonsín. La buena figura que mantenía a sus cuarenta y siete se la debía a Antonio, su marido, y al miedo que tenía de llegar a perderlo ante la competencia de mujeres más jóvenes y bonitas; luchaba por no estropearse. Pero en lo que se refiere a su interior, la guerra era encarnizada. Yo fui el último cartucho, la última y desesperada esperanza, algo así como aquellos niños de las academias militares sureñas en la guerra de Secesión norteamericana. La batalla estaba perdida antes de comenzar, pero tenía que librarla.

Cuando abrí la puerta y vi su rostro -hacía ya tres horas de aquello-, cuando sus ojos se encontraron con los míos, ambos supimos que era el momento. ¿Por qué prorrogarlo? Una vez más, Antonio estaba en Valencia, y los niños continuaban cada uno a lo suyo. Pasó y nos sentamos. Yo en la cama, ella en una silla; ella tomó una cerveza, yo continué con el Smirnoff. Estuvimos un rato sin hablarnos, sólo nos mirábamos. La cita anterior terminó en el aire, como cuando mi amigo Juan Miguel y yo pasábamos las noches de sábado puntuando los Gimlets y Martinis de los bares del centro. La cita anterior, decía, dio la impresión de que realmente sería la última.

Cuando nos conocimos en el supermercado de El Corte Inglés, ella haciendo la compra de la semana, yo buscando a mi amigo “Juanito el Caminante”, algo nos lanzó el uno hacia el otro, como si estuviésemos destinados a encajar en el caos insufrible de este condenado universo. A mí se me escapó una lata de frutos secos de entre los dedos, ella la recogió en el aire y nuestras miradas conectaron. Sonreímos y permanecimos así, sin articular palabra o movimiento alguno, durante un largo rato, como dos adolescentes tontorrones. Ella necesitaba que alguien la escuchara, le hablara, la amara; yo buscaba alguien con quien compartir mis noches. Así que decidimos quedar el fin de semana. Su marido fuera, mi Olivetti en el armario. Reímos juntos, aprendimos, olvidamos y recordamos. Con toda sinceridad, creo haber pasado con ella algunos de los mejores momentos de mi vida. Tal vez se debía a su sencillez o a su sinceridad. Tal vez, simplemente, a que era ella.

Y así, los días cayeron del calendario, cumpliendo semanas y deshojando algo más de media docena de meses. En ese tiempo pasamos de evocar la pasión de Kirk Douglas y Kim Novak en Un extraño en mi vida, a parecernos a José Sacristán y Fiorella Faltoyano al final de Asignatura pendiente. Ella iba exigiendo cada vez más atención, al tiempo que yo iba necesitando más independencia. ¿Es verdad todo esto, o sólo excusas que me esfuerzo por creer reales no sentirme tan mal?

Dejó de funcionar. No, no sería justo. Una radio deja de funcionar, igual que una lavadora. Nosotros, desde luego, fuimos mucho más. No, no sería justo describirlo así. Digamos mejor que el hechizo se rompió, que las miradas dejaron de hipnotizar, que las caricias dejaron de enardecer. El caso es que ninguno cumplimos el pacto que, entre susurros y arpegios de John Scofield, acordamos la primera noche y sellamos haciendo el amor.

Al parecer, los remordimientos no la dejaban vivir. Se sentía mal con todo aquello. Pero no podía dejarlo, lo necesitaba. Ella amaba a su marido, pero eso no bastaba para llenar su vida. Después de aquellos meses no llegué a tener claro por qué se enamoró de mí -¿realmente fue amor o sólo pasión desesperada?- ni por qué quiso dejarlo. No importa. Fue bueno, muy bueno, mientras estuvimos juntos. Y todo terminó aquella noche. Apuradas las bebidas y las explicaciones piadosas, hicimos el amor por última vez. Porque nos apetecía. Porque lo necesitábamos. Por los buenos tiempos. Después dieron las doce y pasó el autobús. Y ella se fue.

Dos semanas y cuatro días después, estoy sentado en la tapa del inodoro, escribiendo estas notas sobre la caja de la Braun que ella me regaló para mejorar el apurado que me dejaba la vieja cuchilla. Ha sido el único sitio tranquilo que he podido encontrar cuando algo me ha hecho recordarla. Sus cabellos, su sonrisa, sus certeros comentarios, nuestros paseos... La casa está llena de gente disfrutando de una fiesta organizada por mi editor para celebrar el lanzamiento de una recopilación de relatos. Él cree que será un éxito, yo lo dudo. Les falta corazón, ella se lo llevó; ¿acaso importa? Ya han dado las doce, y me duele el alma de que los demonios la arañen al brillar la Luna. Una noche más.

Así que está decidido. Ella ya no está, como tampoco están Irene, ni Carmen. Pero el mundo sigue girando, y habrá que echar los dados de nuevo. Saldré ahí fuera y trataré de confundirme entre esa gente. Tal vez tenga suerte. Me ha parecido ver una mujer interesante husmeando en mi estantería. Me acercaré, diré algo gracioso y la invitaré a tomar algo. Si sonríe y acepta, le contaré la historia de mi vida. Después, le pediré que me ayude a pasar la noche. Al fin y al cabo, los demonios duermen durante el día.


martes, 21 de abril de 2009

'Eso es así'

El Culebra y el Cabeza están de vuelta, aunque esta vez se llaman Rafa y Fali. En realidad son Alfonso Sánchez y Alberto López, dos jóvenes actores sevillanos que, vía Youtube y gracias a la propagación digital, se están haciendo cada vez más apreciados.

Primero fue Esto ya no es lo que era, aquella desternillante conversación entre dos canis treinteañeros. Pocos meses después llega esta segunda estampa en la que son dos jóvenes pijos los que departen sobre lo divino y lo humano. Eso es así es el título elegido para la ocasión.

Una vez más vuelven a recurrir a estereotipos sociales bien conocidos para pegarle un repaso a la situación actual con mucha gracia y un sentido crítico de lo más afinado. Más de un profesional del cine y la televisión debería ver con calma el trabajo de estos artistas para aprender un poco a echar mano a los tópicos de manera inteligente.

Tendré que verlo otra vez, pero creo que de memento, como frase estrella, me quedo con esa castiza: "¡Pon un par de cervecitas y dale una patada al olivo!"

viernes, 17 de abril de 2009

Homenaje a Silvio (crónica tardía)

Al final no comenté nada de las jornadas de homenaje a Silvio la pasada semana. Tenía las fotos preparadas pero debo reconocer que me he entretenido con otros menesteres.

Pues todo un éxito, así fue el homenaje. El fórum de Fnac Sevilla estuvo a reventar los tres días. Aficionados, amigos, viejos rockeros, despistados curiosos... El alto número de asistentes llegó a volverse incluso problemático, especialmente en la segunda jornada, al dificultar la correcta audición de los participantes. Pero mejor eso que escucharlos demasiado bien ante la falta de interés.

Ray Palma, Andrés Herrera 'El Pájaro', Álvaro Bejines, Pive Amador, Luz Casal, Pepe Bejines, Manuel Luzbel; los periodistas Francisco Correal, Quico Pérez-Ventana, Alfredo Valenzuela y un servidor de ustedes fueron los participantes de estos tres días de recuerdos, comentarios y análisis sobre uno de los personajes más curiosos de la vida cultural sevillana y el rock español en general. Ojalá actos de este tipo sirvan de verdad para revitalizar el legado de Silvio y acercar sus canciones a nuevas generaciones.

Por ello, un fuerte tirón de orejas para Ediciones Senador, que si bien llevó a cabo una excelente organización de los actos junto a Fnac Sevilla, es imperdonable que tuviese a la venta el excelente documental sobre Silvio, Vengo buscando pelea, por 32 euracos. Y un doble compacto, el único disponible del rockero, casi por el mismo precio. Como es lógico, conforme la gente se acercaba a la estantería y alcanzaba a leer las cifras, giraba en redondo y se largaba. Y es que lo que no puede ser, no puede ser, y además, es una salvajada.

Por lo demás, todo un honor el haber participado, y un verdadero placer haber podido compartir historias y anécdotas más allá de los micrófonos con los músicos que acompañaron a Silvio durante buena parte de su carrera.


Primer día. Silvio y Sevilla: Ray palma, Pive Amador, Álvaro Begines, Manuel Luzbel y Andrés Herrera 'El Pájaro'.

Segundo día. El swing nuestro: Pive Amador, Pepe Begines, Luz Casal, Manuel Luzbel y Andrés Herrera 'El Pájaro'.

Tercer día. ¡Silvio vive! Lo han visto en Japón: Pive Amador, Javier Márquez Sánchez, Fco. Correal, Quico Pérez Ventana y Alfredo Valenzuela.

jueves, 16 de abril de 2009

Benditos malditos (II): Manuel Pareja Obregón

En 1992, Carlos Saura dirigió Sevillanas, una excelente producción en la que se repasan los distintos tipos y estilos de este mal llamado arte menor del flamenco, en sus modalidades de cante, baile y toque. Como siempre, Saura logra una obra de emocionante belleza visual, demostrando que eso de que las sevillanas son solo para la feria y el Rocío es una afirmación tan inteligente como decir que los helados son sólo para comer en la playa.

Traigo hoy a colación esta película porque el cuerpo ya me va pidiendo guerra. Queda semana y poco para la Feria de Abril, y ya se me van los pies al son que palmean los recuerdos y las esperanzas.

Sí, qué le vamos a hacer, seré muy escritor, muy bohemio y todo lo que quieran ponerme de etiqueta, pero también me gusta la feria a rabiar. Y como lo cortés no quita lo valiente, pues ahí andamos, buscando como loco unos botos camperos nuevos, como está mandao. Es una cosa curiosa y que no soy capaz de explicar. Los que seguís el blog sabéis que por alguna razón no acaba de cuajarme este 2009; un día ando tontón por esto, hoy si ganas por aquello... Pero fue el enchufarme ayer en el lector de mp3 una compilación de mis sevillanas favoritas, y oye, que se me ha centrifugado el alma. No es que de pronto no tenga hipoteca, pero como me importa menos...

Pero volviendo a lo de la película, decía que la había recordado porque entre los muchos artistas que por ella pasan, todos grandes, creo que me quedo con la escena de Manuel Pareja Obregón. Éste hombre es otro de esos sevillanos ilustres que algunos conocen y demasiados ignoran. Es el José Alfredo Jiménez de las sevillanas: todos han escuchado alguna suya aunque lo ignoren. Compuso muchísimo y grabó muy poco, apenas a modo testimonial. Y eso que, como en el caso del mexicano, es precisamente el hecho de que su voz no sea perfecta, ideal para el género, lo que engrandece sus interpretaciones al hacerlas más puras y naturales.

Lo genial de Pareja Obregón —Manuel, porque el resto de la patulea...— es cómo intentó siempre reivindicar las sevillanas como algo más que un fondo musical para bailar. Las suyas son sevillanas para escuchar, y para bailar, sí, pero hasta bailando, se te va el oído hacia lo que está contando. En pocas de sus composiciones hay versos que se repitan una y otra vez, porque aprovechaba cada línea para decir algo, para emocionar. Y de igual modo que buscaba la máxima expresión con los textos, así hacía también con las estructuras musicales. En fin, lo que se dice un maestro.

Nacido en Gines, provincia de Sevilla, en 1933, nieto del torero Espartero, Pareja Obregón introdujo la orquesta donde antes sólo sonaban guitarras y castañuelas, además de ser un notable escultor que se prodigó frecuentemente. Colaborador de Rafael de León y Manuel Quiroga, compuso más de tres mil sevillanas, fandangos y canciones —además de la famosa Salve rociera— que interpretaron decenas de artistas de distintos géneros.

Pero una vez más nos topamos con un creador que tuvo la mala suerte de nacer en una ciudad de la que acabó perdidamente enamorado y que le acabó dando la espalda. El compositor provenía de una familia muy conservadora, y ni ésta ni la Sevilla de las formas, la Sevilla oficial, aceptaban de buen grado el estilo de vida elegido por Pareja Obregón.

La más triste y dura expresión de ese rechazo llegó cuando el artista falleció en 1995, a los 62 años, a causa de una leucemia. Todos los medios de comunicación coincidieron en resaltar la frialdad del funeral, que reunió a unas doscientas personas con clamorosas ausencias de la vida social, política y cultural sevillana. Sólo José Rodríguez de la Borbolla, concejal socialista y ex presidente de la Junta de Andalucía hasta 1990, acudió al sepelio. Una ceremonia fría y austera a la que siguió el cumplimiento de su última voluntad: que sus cenizas se esparcieran en la aldea del Rocío, un lugar íntimamente ligado a su biografía.

En el vídeo que dejo, extraído de la mencionada película, Saura presenta a Pareja Obregón sentado al piano, cantando con esa elegancia como de quien toca algo de Debussy aliñado con un seseo bien domado. Alrededor del piano le acompañan la maestra de bailaoras, Matilde Coral, su marido, Rafael el Negro, y su hija Rocío García Corrales. Se marcan varios bailes, pero ninguno como el de la gran Coral con el mantón sobre los hombros mientras Pareja Obregón canta Dios quiso crear el vuelo. El piano limpio, la voz imperfecta, los movimientos casi mágicos, y esa realización de Saura que casi hace que nos sintamos allí; hasta los sonidos son impecables, desde el roce de las telas hasta el golpe de cada paso.

No me seas malaje, échale un vistazo.


Si quieres verlo con mejor calidad de audio y sonido, pincha aquí.

martes, 14 de abril de 2009

'Silvio Nuestro'. Homenaje a Silvio en Sevilla

¿Seré capaz de recuperar la normalidad alguna vez? Pues teniendo en cuenta que la Feria queda a la vuelta de la esquina, no lo creo.

Termina la Semana Santa y por suerte no he tocado en estos días ni una sola línea de la novela que tengo entre manos ni he llegado a leer el primer párrafo de la anterior, que tengo que revisar por última vez antes de entregarla al editor. Y digo por suerte, porque si no lo he hecho ha sido porque he estado bastante entretenido y pasándolo en grande con un fabuloso grupo de buenos amigos.

Así que retomo el pulso de este blog con el anuncio, ya oficial, del homenaje que se rendirá durante estos tres días a Silvio Fernández Melgarejo, figura clave del rock sevillano. Los actos "de debate y reflexión se celebrarán en el Fórum de Fnac Sevilla en los días 14, 15 y 16 de abril de 19:00 a 20:30 horas" (o lo que es igual, de hoy a al jueves, entre el café y la cerveza).

Las jornadas han sido organizadas por Fnac Sevilla y Ediciones Senador con la intención de ofrecer distintas visiones de Silvio: el artista y su relación con la ciudad de Sevilla, su retrato a través de otros artistas y de los profesionales de los medios de comunicación que alguna vez escribieron sobre él. "Una amplia panorámica que se completará con la visión de quienes han participado en el proyecto documental A la diestra del cielo dedicado al cantante".

La entrada es libre hasta completar aforo, y el cartel de participantes no podía ser más destacado: músicos y periodistas todos de reconocida carrera. Entre ellos, como de costumbre, se ha colado de puntillas éste que os lo cuenta:

Silvio Nuestro
Programa

Día 14: Inauguración SILVIO Y SEVILLA -A cargo de Ray Palma, Andrés Herrera “El Pájaro”, Álvaro Bejines y Pive Amador.

Día 15: EL SWING NUESTRO - A cargo de Luz Casal, Pepe Bejines, Andrés Herrera “El pájaro”, Manuel Luzbel y Pedro Peña. Moderadores: Álvaro Bejines y Pive Amador

Día 16: Clausura ¡SILVIO VIVE! Lo han visto en Japón - A cargo de Paco Correal, Javier Márquez, Luis Clemente, Quico Pérez Ventana y Alfredo Valenzuela.


Caeré en la obviedad de reconocer que es un verdadero placer ver mi nombre en ese programa, tanto por lo que supone compartir terturlia con profesioanles de la talla de Valenzuela, Clemente o Correal, como sobre todo por la posibilidad de tomar parte en un homenaje a Silvio, precisamente un par de meses después de haber clamado desde este blog por la necesidad de un reconocimiento similar. Tras haber participado en las jornadas conmemorativas del concierto de Raimon de 1968, para un mitómano nostálgico como sabéis que soy, verme también implicado en algo así hace latir con más alegría mi corazoncito profesional.

Si alguien se anima a pasarse, allí nos veremos.

Para ir calentando el ambiente, aquí van tres vídeos. En el primero, Silvio, sevillista hasta la médula, canta Betis.


Entrevista con Jesús Quintero a comienzos de los años noventa.


Entrevistas con Quintero a mediados y afinales de los noventa.

miércoles, 8 de abril de 2009

La saeta (de Miles, no de Joan)

Pues empieza el puente de Semana Santa. Unas horas quedan, poco más. Y como no sé si estos días podré postear -¿que cuáles son mis planes? ¡A ti te lo voy a contar!-, como no sé si tendré tiempo, ganas ni ocasión de revisar el blog, decía, voy a dejar la Semana Santa bien servida con una nueva pieza musical alternativa. No tan alternativa como el Rezaré de Silvio, pero desde luego sí que es rompedora.

A comienzos de 1960 el trompetista de jazz Miles Davis estaba disfrutando de la brisa que soplaba en la cumbre de su talento artístico y su éxito comercial. Desde allí, decidido siempre a romper barreras, probar nuevos sonidos y plantear giros radicales, el artista decidió sacar todo el jugo posible a una vieja grabación de los años treinta con la que se había topado por casualidad. Era un viejo disco con sonidos directos grabados en España, tales como algunos cantes flamencos o una saeta entonada en Sevilla en plena Semana Santa. Con ése y algún otro material, Miles Davis dio forma a Sketches of Spain ('Apuntes de España'), un disco sublime, sorprendente de principio a fin, y que incluye, entre otras piezas, esta Saeta que corta la respiración.

No lo olvides, este corte está grabado en el Nueva York de 1960... Por más que a uno le den ganas de abrir la puerta, cruzar la calle y pasarse por la plaza del Altozano a comprar un poco pescaíto frito en el Kiosco de las Flores.

lunes, 6 de abril de 2009

Dignidad y libertad (Lo que le faltó de una cosa le sobró de otra)

Estoy fastidiado, pero bien fastidiado... por no decir otra cosa. ¿Que por qué? Pues porque son las diez de la noche y pensaba irme a preparar una suculenta cena para degustarla al calor de una buena peli, y he cometido el terrible error de meterme a echar un vistazo a un periódico digital, y lo que he visto me ha hecho arder la sangre.

Resulta que una profesora de Bioética de la Universidad Católica de Murcia, Gloria María Tomás Garrido, en una conferencia el pasado día 31 de marzo en el Paraninfo de la Universidad de Alicante con motivo del V Curso de Ciencia y Sociedad, rechazaba lo que en su opinión son "perversiones" sexuales, declarando que la homosexualidad se eliminó de la lista de enfermedades mentales "por motivos políticos", y sosteniendo que su origen puede tener causas tan diversas, como un gatillazo en la primera relación sexual o para compensar la soledad al tener a ambos padres trabajando fuera de casa.

Que no, que no es guasa, que ahí abajo dejo un vídeo con la intervención de la buena mujer.. ¡Mira quién va a hablar de enfermedades o perversiones...! Que hay gente así de bestia, de insensible, de depravada, de radical, de irrespetuosa y de irresponsable por la vida, eso no es una sorpresa, pero lo que no deja de alucinar es que se trate de una profesora universitaria. En primer lugar, porque esto vuelve a demostrar que para alcanzar el grado universitario, como pasaba con los antiguos griegos a otro nivel, debería exigirse algo más que aprobar las materias en cuestión; un simple examen, como el de conducir o la selectividad, pero en este caso de sentido común. Pero es que, además, como digo, es profesora. Que la libertad de cátedra es una cosa, y que le den libertad de cátedra a cualquiera con un título universitario es algo muy diferente.

Pero claro, es que la doña es profesora de Bioética. Ojo al dato. Ni más ni menos. Como suena: Bioética. Ya sabéis, aquello de "esto es bueno, pero va contra Dios, así que a hacer puñetas; y esto es malo pero es voluntad de Dios, así que a joderse toca". Que sí, que sí, como lo de esos cenutrios del Arkansas profundo, empeñados en que Darwin era un colgado y que lo único que tenemos en común con los monos es el gusto por los plátanos. Los vemos en la tele y decimos: "Estos yanquis paletos". Pues aquí doña Gloria suena muy fisna ella, pero vaya piquito, cada vez que habla sube el pan.

Dice la susodicha al final de su intervención que los gays -o los que se acerquen peligrosamente a ello con "prácticas casuales"- deben anteponer la dignidad a la libertad. Eso mismo es lo que debería hacer usted, señá Gloria, tener algo de libertad y no volver a otorgarse la libertad de abrir la boca hasta tener algo decente y coherente que decir. Y de buen cristiano, oiga, que seguro que usted es de las que quemaría también en la pila al que le intentase probar que Jesucristo, y ahí están las Escrituras, fue el primer comunista de este mundo loco, loco, loco.

Jesucristo, ¿le suena, doña Gloria?, aquel hippie melenudo que dijo -según su propia religión de usted-: "amaos los unos a los otros", sin puntualizar luego: "pero cuidado con las mezclas raras: los niños con las niñas, y las gallinas, cascarón de huevo".

Pero retomando el asunto, el rector de su universidad sí que debería hacerle caso, aunque sólo sea por esta vez, y dejar de lado la libertad de cátedra de la profesora en favor de la dignidad de sus alumnos y todo el equipo docente.

sábado, 4 de abril de 2009

Maravilla, Sevilla con "todos" sus sevillanos ('Rezaré')

Casi se me pasa. No quería que llegase esta Semana Santa sin hacer partícipe de ella a este blog. ¿Que por qué? Pues porque no me gustan las alineaciones -eso de "a mí me encanta esto pero no soporto lo otro"-, y porque no hay mayor riqueza que la que aportan unas miras lo más amplias posibles.

Ya he comentado aquí en varias ocasiones que en esta Sevilla mía -que cantara Raya Real- la realidad es precisamente la contraria. O eres un capillita y feriante convencido o militas en el GPAFESS, Grupo Puñetero Anti Feria y Semana Santa, que son ésos que sueltan con media sonrisa "pues a ver si llueve esta semana que falta le hace a los campos". Igual ocurre con los taurinos y los antitaurinos, los pro-Alameda y los anti-Alameda, o los que defienden que Sevilla Este es una zona más de la ciudad frente a los que se empecinan en que es como vivir en Mairena o Alcalá.

Los habituales de este rincón, al otro lado del río y entre los árboles, ya sabéis que yo soy un poco de todo. En este momento estoy escuchando un disco de Dylan, tengo previsto ir a ver esta noche la nueva de Almodóvar -a sabiendas de que me decepcionará- y espero terminarme antes la relectura que estoy haciendo de los Escritos de un viejo indecente de Bukowski. Y en mi opinión, esos planes son perfectamente compatibles con que el próximo Domingo de Resurrección me vaya a los toros con mi suego -a ver qué tal se porta Morante- o que esté deseando que llegue ese sábado de montaje de la caseta de Feria.

Ya lo decía Marsillach en Sesión continua: "Nos han confundido mucho con lo de la españolada". Y a base de que en esta ciudad, haya un amplio sector empeñado en que Sevilla sea solo Semana Santa, Feria y fiestas de guardar, otro amplio sector, en reacción y respuesta, le vuelve la espalda tajante a esas fiestas populares. ¡Pero si la culpa no es suya, sino de los que hacen bandera de ellas! Y así ocurre la triste estampa de que hay gente que pierde el eufemismo -cada cual ponga el que quiera- por viajar miles de kilómetros para disfrutar de las celebraciones en la India, China, Turquía o el Magreb, y sigue empestillado en rechazar las que tiene cerca, cerquita, a la vuelta de la esquina.

Porque sí, aunque fastidie, el rollo de "no me gusta la Semana Santa porque no soy creyente" ya se ve más antiguo que el vermú de aperitivo. Además, seguro que muchos de los que dicen eso no tienen reparos luego en disfrutar con la obra religiosa de Carl Theodor Dreyer o con algunas de las Pasiones compuestas por Bach ¿a que no? Pues eso. Que es una pena, por cabezonería, acabar tirando piedras contra el propio tejado, y empeñarse en seguir manteniendo vigente aquel lamento de Machado: "Oh, maravilla: Sevilla sin sevillanos". Porque, aunque fastidie, el sevillano malaje -definición popular (ojo, no la mía) del que no participa de esas fiestas- se ha convertido en otro personaje imprescindible e inseparable de la idiosincrasia de esta ciudad. Además, si esos sevillanos con, digamos, planteamientos más revolucionarios e innovadores claudican, ¿qué hacemos? ¿Dejamos la ciudad en manos de Antonio Burgos y Carlos Colón? Pues Dios nos pille confesaos.

Sin altivez alguna, y con gran tristeza, debo reconocer que no es fácil encontrar gente que disfrute por igual con la ciudad tradicional y con esa más moderna y cosmopolita -por constreñida que esté-, por lo que no tendré más remedio que volver una y otra vez al gran Silvio, el rockero semanasantero -¡qué gran definición del Perro Verde!-, que cogió el Stand by me de Ben E. King y lo convirtió en un sentido homenaje a las más populares tallas de vírgenes sevillanas.

Ya colgué ese tema por aquí tiempo atrás, pero quiero repescarlo en un montaje que incluye las imágenes de todas las advocaciones que va citando. -un montaje bastante malo, por cierto, pero es lo que hay-. Sirva así este gesto como una maniobra de buena voluntad para acercar posiciones entre ambas Sevillas.

Por cierto, que la semana siguiente a Semana Santa, los días 14, 15 y 16 de abril, se celebrará en la Fnac Sevilla un homenaje de carácter oficial al rockero en el que es probable que este humilde servidor de ustedes esté invitado para aportar su modesto aplauso a ese gran artista sevillano, maravillosamente contradictorio, que Fue Silvio Fernández Melgarejo.


viernes, 3 de abril de 2009

Pasó la semana

Pues sí, y como diría Churchill, don Winston, nos costó sangre, sudor y lágrimas, pero sobrevivimos a ella. La revista Cambio16 ha entregado sus premios anuales en Madrid, y como cada año desde hace ya demasiados, allí ha estado el que suscribe haciendo de Billy Cristal. Además, como de costumbre, la gala llegó precedida de las broncas, tensiones y cataclismos preparatorios de rigor. Pero al final la cosa acabó bien y yo, por fin, retomo la calma.

Dispuesto estaba ya a disfrutar de mi tarde de viernes, con un libro y mi reproductor de MP3 preparados para pasar un par de apacibles horas en el parque, cuando he caído en la cuenta de la cantidad de tiempo que hacía que no actualizaba el blog. Mal, muy mal. Raro es que Teo no me haya llamado al orden. Me preocupo.

Así que aquí estoy, dejando constancia de que sigo vivo y en la brecha. A ver si no tardo demasiado en preparar alguna entrada, y esta vez, que sea algo más que justificaciones innecesarias, inconsistentes e infumables.

Feliz fin de semana a todos.